A 51 años de la muerte del Dr. Ernesto Carlos Piantoni.
Por Leonardo Z. L. Tasca *
El poeta Virgilio hizo expresar a Eneas ante el cuadro doloroso que representaba la guerra de Troya, “hay lagrimas para nuestras desdichas” (sunt lacrymae rerum), humildemente agregamos no hay olvido para éstas.
El diario El Atlántico publicó la primera noticia de su deceso en la tapa de su edición vespertina del jueves 20 de marzo de 1975, donde consigna expresamente que la muerte del Dr. Ernesto Piantoni está conectada con el asesinato de la estudiante de arquitectura Silvia Ana Filler (1) ocurrida en la Universidad Provincial de Mar del Plata, el 6 de diciembre de 1971.
El Dr. Ernesto Piantoni, murió en la esquina de Güemes y Formosa, en un enfrentamiento de facciones, a las 13,45 horas de ese día, cuando salía de su domicilio en el barrio de Playa Grande, armado y en un Citroen 3CV, propiedad de su esposa, fue emboscado desde un Peugeot 404 verde claro, cuyos ocupantes lo acribillaron en la primera pasada, como no murió dieron vuelta en la esquina en U y volvieron a pasar para ametrallarlo por segunda vez. El logró apearse del auto, estando herido, en la acera pudo apoyarse en un árbol.
Testigos presenciales declararon que el herido portaba un arma de fuego, con la que presumiblemente repelió la agresión y realizó dos disparos sin dar en el blanco de los atacantes. La policía provincial dispuso un amplio “operativo cerrojo” que tuvo sus frutos a las 16 horas; el auto que los homicidas usaron para consumar al atentado fue hallado en Saavedra y Catamarca. Dada las características de la calle donde se consumó la agresión o balacera, permite suponer que hubo un trabajo de “inteligencia” previo al atentado. La calle Formosa facilitó el accionar de los atacantes y no es casual la ausencia de testigos, al tratarse de una arteria con pocas viviendas, hace que sea un lugar con poca y casi nada tránsito de peatones, situación que favoreció la tarea de los extremistas.
Piantoni con numerosas balas en el cuerpo, fue trasladado a la clínica Modelo, de Mitre entre Castelli y Alvarado, donde ingresó de pie, ayudado por dos policías. El personal médico de guardia dispuso una operación quirúrgica de urgencia, ya que de los cincos tiros que tenía en zonas vitales, un proyectil había ingresado en la región hepática produciéndole el estallido del hígado. Pese a los intensos cuidados de que fue objeto, a las 14, 25 horas, murió. Uno de los primeros en llegar fue su amigo y compañero partidario Gustavo Demarchi en compañía de Rubén Aguilera
El 22 de marzo de ese año los diarios publicaron una serie de declaraciones de repudio por las muertes que se sucedían en el distrito, la mayoría de las entidades declarantes estaban vinculadas a sectores muy combativos de la derecha, del quehacer institucional y político de Mar del Plata, entre ellas la C.G.T. regional hizo conocer un comunicado repudiando enérgicamente el vandálico asesinato de quien fuera su principal asesor legal, a su vez acusando y señalando como principal responsables “a los elementos apátridas que integran la sinarquía internacional y que se sirven de los traidores de adentro para estos hechos”. Se consigna que fue declarado “un día de duelo” para el movimiento obrero de la ciudad, esta declaración fue refrendada por las 62 Organizaciones Peronistas y por el Comando de Organización de la Juventud Sindical Peronista. En el mismo sentido la Asociación de Viajantes suspendió en adhesión al duelo, un acto político en que iba a realizar con la presencia del entonces gobernador de la Rioja, Carlos Saúl Menem, repudiando con la mayor energía el asesinato del dirigente justicialista.
Era un militante importante de la derecha política. Asesor de la C.G.T., integrante destacado del peronismo y miembro fundador de la Asociación de Abogados Peronistas. Su personalidad se enmarca en lo que fue un personaje duro y decidido para pasar de la voz a la acción en la política partidaria. Murió a los 31 años de edad habiéndose recibido de abogado en la Universidad Católica local, estaba casado con Cristina Chacón y del matrimonio nacieron tres hijos, María Dolores, Agustín Ernesto y María Mercedes, esta última tenía diez horas de vida cuando se produjo la trágica muerte de su padre.
De contextura gruesa, lo distinguía un peinado bien estructurado con una raya a la izquierda, un fino bigote y ojos vivaces. Vestía el clásico chaleco de lana, saco y corbata, muy propio de los abogados de la época. Era hijo de Ernesto y de María Angélica Gamba. Sus restos fueron velados en la casa de Hipólito Irigoyen 2044 y recibieron sepultura en el cementerio de La Loma el viernes 21, a las 16 horas.
Era además coordinador de los cursos de doctrina peronista y funcionario de la Universidad provincial de Mar del Plata, (hoy Universidad Nacional) activo militante de la falange fascista Concentración Nacional Universitaria, conocida tristemente por violenta como C.N.U. y de la Juventud Peronista con estrechas vinculaciones con la Juventud Sindical Peronista. El extinto pertenecía a una conocida y tradicional familia de la ciudad, cuya actividad comercial giraba y actúa hasta hoy en torno de la razón social “Piantoni hnos s.a.”.
Marzo del 75, Mar del Plata se encontraba envuelta en un estado de violencia, conmovida asistía a una ola de secuestros y crímenes, donde todos los días aparecían cuerpos acribillados con armas de distintos calibres, en hechos sangrientos, de madrugada, la inseguridad había tomado caracteres importantes y trágicos. Entre las víctimas de la época (mismo mes) está la del médico cirujano, Bernardo Alberto Goldemberg, quien secuestrado en su propio domicilio y vestido con ropas de dormir fue hallado acribillado en Jacinto Peralta Ramos y calle 69. En la ciudad corrían rumores de que se habrían registrado otros hechos de violencia que los medios no consignaban. También continuaron las muertes el viernes 21, mataron entre otros a los miembros de la familia del senador provincial Elizagaray, del Frejuli, con un total de cinco víctimas fatales ese día.
La Concentración Nacional Universitaria y la Juventud Peronista, manifestaban que no necesitaban hablar de la trayectoria de Piantoni: “él supo dar con sus actos una norma de vida, y un estilo de vivirla, eso marca el camino que estamos decididos a seguir como él hasta las últimas consecuencias”, se agregan que “las palabras están de más ante la severidad heroica de la muerte y es por eso que asumimos el tránsito hacía la inmortalidad con la fortaleza férrea del que sólo da a entender la vida como una militancia”. Decía que Piantoni “cayó combatiendo por la patria peronista, por esa Argentina potencia que algún día será para sus hijos”. Finaliza que lo despide con “la única que nos hace vibrar, que es la alegría del combate”.
En un comunicado de la época la Alianza Libertadora, habla del “camarada” Piantoni, que hoy de aquí en más será el ejemplo digno de recordar mientras perdure nuestra existencia, luego de afirmar que no daremos tregua a los traidores, pide que por una necesidad de justicia los culpables sean descubiertos por el bien de Mar del Plata y por el bien de todos.
El clima de violencia irracional que se vivía en Mar del Plata puede sintetizarse en analizar este hecho, Piantoni murió el 20 de marzo, el 25 del mismo mes, cinco días después, se realiza la Fiesta de Camaradería del Peronismo local, donde se recibieron numerosas adhesiones para la demostración que el peronismo marplatense ofrecía a Adrián Líbano, conocido dirigente de la ciudad que en esos momentos se desempeñaba a nivel provincial. Líbano había sido jefe de la revolución peronista de 1945 en Mar del Plata.
Se hizo una cena de agasajo, en el restaurante de avenida Libertad 6056, donde también se tributaron homenajes a otros importantes dirigentes nacionales. A los cinco días intentaron realizar una fiesta, muestra la situación torpe a la que habían llegado como resultado de la violencia. Tan inaudito como desconcertante era el tiempo que se vivía que también se conocía la detención por defraudación del conocido locutor de radio y TV, Rodolfo Gilberto Coppari, acusado de no devolver una cámara filmadora, que había alquilado y que luego la vendió.
Mientras los diarios consignaban que uno de los acribillados por manos anónimas era un delincuente común, de esa forma descartaban las versiones que lo hacían aparecer como que el crimen formaba parte de la ola guerrillera que sacudía a Mar del Plata. En el mismo sentido se inscribían los rumores de ocupación y/o atentados a la Universidad, la misma, igual que la Universidad Católica, ante esos temores se encontraban literalmente “ocupadas” por las fuerzas de seguridad con armas largas a las que calificaban como simple servicio policial ante los sucesos violentos ocurridos en la ciudad.
Otro de los hechos que demuestra el grado de violencia sin control, además de las muertes diarias, también se quemaban las casas de los contrincantes, los diarios del sábado 29 de marzo de 1975 traen noticias del incendio intencional de tres viviendas y de locales partidarios; uno de avenida Colón al 2500. Al parecer la forma “tranquila” con que actuaban los incendiarios, hacía suponer que contaban con suficiente protección. Los incendios por manos anónimas fueron en una morada de calle Laprida 1375; en Gral. Paz 3655, del contador Roberto Vega, y la de Abraham Baby, padre del contador Guillermo Enrique Baby, de San Luis 3065, en todos los casos no se supo quienes fueron, pero hubo daños de consideración. Una de las fincas, la primera, era la del profesor universitario Dr. Andrés Cabo, exfuncionario que ocupó los cargos de interventor de Zona Sanitaria VIII y otros. La policía decía que contaba con elementos que podían conducir a la identificación de los responsables de los atentados.
Los empresarios también sufrían atentados terroristas, una bomba colocada en San Juan 46, a las cinco de la madrugada. provocó daños en el automóvil que estaba en la cochera y en la morada de Jorge Gregorio Mauggieri, titular de la firma “Ascensores Volta”.
Se decía que distintas comisiones de investigadores estaban abocadas a esclarecer los hechos ocurridos, situación que costaba creer, porque eran muchos los atentados. Los diarios de aquel tiempo le dedicaron las primeras semanas espacios importantes, luego se fueron diluyendo las noticias y terminaban por desaparecer superadas por otros hechos.
En la misma época Jorge Luis Borges expresaba que “la gran mayoría de los asesinatos políticos en Argentina, en particular los últimos, no han sido perpetrados por fanáticos, sino más bien por mercenarios, por profesionales, por gente pagada para matar”. Otro de los que hacía alardes para opinar era José López Rega quien vociferaba que “su renuncia siempre estaba a disposición de la señora presidenta, como lo estuvo desde el primer momento. No estoy apegado al cargo, soy un hombre que quiere volver a escribir si Dios me da fuerzas y salud, esa es mi afición y no tengo ambiciones en la vida de otra naturaleza”.
Piantoni era inspirador de la Juventud Sindical Peronista, una falange de “choque” que en esa época se dedicaba “a combatir el desabastecimiento y la especulación” con productos de la canasta familiar. En tal sentido realizaba maniobras políticas contra los comerciantes para la comprobación de existencia de mercaderías. “Los operativos” se hacían cuando las amas de casa denunciaban a los comerciantes, que eran tildados de “acaparadores” de productos esenciales. La agrupación juvenil dura llamaba “visitas” a esos operativos realizados a los comercios ubicados en distintos puntos de Mar del Plata que se dedicaban a comercialización de productos de primera necesidad. Si los comerciantes tenían a la venta los productos, la situación no llegaba a mayores.
También actuaban en concordancia las “supuestas” delaciones con los dirigentes del gremio de Viajantes, quienes oportunamente le “comunicaron” los elementos para desbaratar una operación de acaparamiento de azúcar, por un total de 37 toneladas a una sola firma. Los procedimientos que utilizaba la Juventud Peronista tenían su origen en su propia filosofía de actuación fascista inspirada en los métodos de la Italia de la primera posguerra del Siglo XX, de donde abrevaron muchos de los instrumentos políticos. Estas actuaciones nacieron como una reacción a diversos movimientos sociales, que sin distinguir nada llamaban de izquierda a todo el que se quejaba; así como en aquella Italia, que trabajaban para romper las huelgas y así mantener las fábricas en funcionamiento, cuando había paros.
En Mar del Plata al hacer “visitas” amenazantes y de requisas a los comerciantes éstos se convencían que respondían a las demandas de los vecinos. La pregunta es si estos “grupos de armados choques” al coincidir en una mínima base ideológica con las facciones represoras estatales ¿no terminaron siendo colaboradores de los grupos de tareas que existían tanto en la policía como en los militares?
Llama la atención, visto todo en perspectiva histórica, como las entidades gremiales empresarias que decían defender a los comerciantes, no realizaban acciones de repudio o defensa alguna en contra de las maniobras violentas e intimidatorias de la Juventud Peronista que apretaban a los comercios; la Municipalidad local en mano de Luis Nuncio Fabrizio, que era a través de sus dependencias respectivas la indicada de recibir denuncias y controlar, si existía realmente desabastecimiento como decían las amas de casa que recurrían a los guardianes justicialistas o en señalar quienes eran los agiotistas que se confabulaban para hacer desaparecer los elementos básicos de la canasta familiar, no hacia nada y era impotente o inepta. La policía tuvo en ese tiempo, un comportamiento deplorable, los grupos armados partidarios de uno u otro signo actuaban en muchos casos con la cara descubierta, como si fuera en lo que hoy se conoce como “zona liberada”.
La justicia prácticamente no existía, investigar no investigaba nada, ni brindaba un marco legal de protección a los bienes materiales y a las personas. El hombre común, ese que construye el País en silencio todos los días, estaba con miedo a merced de una situación violenta que le llegaba de todos lados sin poder hacer nada.
La muerte de Piantoni hay que ubicarla en una época de excesiva violencia irracional, pensamientos mediocres; el hondo componente ideológico que guiaban los comportamientos de uno o de otro extremo, hizo y hace hasta hoy, que podamos decir que fue imposible implementar cualquier esquema que supere las diferencias en forma pacífica. Aquí intentamos hacer un análisis político histórico, que no siempre resulta fácil, aunque es posible hacerlo desde una perspectiva neutral y compatibilizar criterios para hacer conocer un hecho y una coyuntura política y social en que Mar del Plata fue conmovida y agitada no sólo por la muerte de Piantoni y tantos otros, sino por la violencia, que era tan sin razón, que algunos de los contendientes la denominaban “la alegría del combate”.
Sobre las guerras civiles, en su novela “Y así cayo don Juan Manuel”, escribió Manuel Gálvez: “Nos matábamos unos a otros porque era necesario que la República Argentina pudiese nacer. Y no se nace sin dolor”, insólito pero real, ¿verdad? Con estos dirigentes, en parte, fue desarrollándose y consolidándose en Mar del Plata lo que algunos que se hacen los distraídos dicen, la ciudad no tiene cultura y política propia, dado que muchos de ellos hoy ocupan importantes posiciones en diversos segmentos que emergen de la comunidad, comunicadores, profesionales, partidarios e institucionales.
La historia siempre repite sus hechos sociales, criminales y también, lamentablemente, las miasmas que surgen de sus impunidades. Los asesinos de José Luis Cabeza están siendo soltados de a uno, y el crimen quedará en la impunidad. Los matadores de Silvia Ana Filler fueron beneficiados y liberados por aplicación de la Ley de Amnistía en marzo de 1973, liberó asesinos de toda laya, tanto de izquierda como de derecha. Sin embargo, la condena comunitaria también sigue ausente, porque no son pocos los cómplices materiales e instigadores ideológicos de aquellas atrocidades que caminan displicentes por la ciudad y algunos han conseguido patentes de ciudadanos y hasta pretenden hoy dar ejemplos.
* El autor es historiador y ensayista, su último libro es “Preceptiva sobre San Martin y libre cambio pirático”, publicado por la editorial Editores de América Latina.