La base naval del extremo sur de Argentina, entre el interés de Estados Unidos y la falta de fondos
La obra requiere entre US$300 millones y US$500 millones y podría demandar una década. La Casa Blanca también sigue de cerca el proyecto por su valor estratégico en el Atlántico Sur.
El destructor ARA Almirante Brown en el puerto de Ushuaia. Foto: Ministerio de Defensa de la Nación.
“Esta base nos convertirá en el polo logístico más importante del Atlántico Sur y será fundamental para la proyección geopolítica de la Argentina”, afirmó Milei el jueves durante un discurso a la nación en defensa de la soberanía argentina de las islas Malvinas, bajo ocupación británica desde 1833.
En su discurso también anunció sanciones para aquellas empresas que exploten recursos naturales en el archipiélago.
La construcción de la base militar comenzó a discutirse en 1990 y su diseño formal se inició en 2010. Los avances más significativos fueron durante el Gobierno de Alberto Fernández (2019-2023), cuando se niveló el terreno y se construyó una base de hormigón. A esa primera etapa se destinaron unos 25.000 millones de pesos (16 millones de dólares).
Con la llegada de Milei a la Presidencia, en diciembre de 2023, la obra quedó paralizada a raíz del gran ajuste presupuestario que llevó a cabo.
El proyecto contempla una infraestructura militar y logística que permita reemplazar la actual base naval de Ushuaia, que ni siquiera cuenta con un muelle propio, y convertir la zona en un centro de aprovisionamiento y asistencia para las embarcaciones que transiten entre Tierra del Fuego y la Antártida.
Fuentes especializadas estiman que el costo total de la obra rondaría entre 300 y 500 millones de dólares y la construcción se alargaría hasta una década.
El pasado viernes, Milei ordenó modificar el presupuesto del Ministerio de Defensa y, después, el canciller argentino, Pablo Quirno, confirmó que ese decreto reasigna partidas presupuestarias para la construcción de la base.
Expertos consideraron que existe una contradicción entre lo anunciado y la realidad, pues las partidas destinadas a Defensa se redujeron en casi 60 millones de pesos (unos 39.000 dólares) en mayo. El recorte ha provocado una crisis salarial y una reducción de las prestaciones médicas debido a la crítica situación financiera del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA).
“Si no arreglás eso primero y no le das una obra social que cubra al sector muy difícilmente puedes hablar de incrementar la presencia militar en el Atlántico”, dijo a EFE el vicepresidente de la Liga Naval Argentina, Fernando Morales.
Un área estratégica para Estados Unidos
El proyecto también está marcado por el creciente interés de Estados Unidos en el extremo sur argentino, una zona clave para acceder a la Antártida.
Milei se refirió a la base durante una visita a Ushuaia en abril de 2024 junto a la entonces comandante del Comando Sur estadounidense, Laura Richardson. Allí destacó esta obra como “la puerta de entrada” a la Antártida de ambos países y habló de una “alianza estratégica” con Washington.
En 2025, el nuevo jefe del Comando Sur, Alvin Holsey, también visitó Ushuaia y recorrió el área donde se iniciaron los primeros trabajos de la infraestructura.
En medio de ese interés, el canciller Quirno matizó el viernes que la futura base “será completamente argentina”.
“Una base enteramente argentina igual puede recibir buques, ejercicios combinados y acuerdos de mantenimiento. Ahí hay margen para que Estados Unidos la utilice eventualmente”, aclaró a EFE el director de la carrera de estudios internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, Juan Negri.
Para el especialista, la mirada puesta por Estados Unidos en esa zona responde a su valor estratégico por su proximidad al paso de Drake, su función logística para la Antártida y la importancia creciente del Atlántico Sur.
En opinión de Morales, la ubicación de la base naval en el Estrecho de Magallanes resulta una alternativa de conexión entre el Atlántico y el Pacífico para embarcaciones de gran porte, como los portaaviones de la flota estadounidense, con dificultades para atravesar el Canal de Panamá.
“Hay quienes dicen que esto es una maniobra de Estados Unidos para finalmente darse el gusto de hacer ellos la base y darnos un pedacito de muelle, como tienen los estadounidenses en buena parte del mundo, sobre todo en los estrechos”, concluyó.
EFE.
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