La Ciudad

La carrera de Medicina, un sueño que empezó hace casi diez años

En 2017, Mar del Plata inauguró la carrera de Medicina en la Universidad pública. Tres egresados de la primera promoción recuerdan las aulas intergeneracionales, el espíritu fundacional de los primeros años y la llegada de otra manera de entender al profesional egresado.

Por Paola Galano

Mamá de tres hijos, Paula Citoler trabajaba en Anses en 2017. Tenía entonces 42 años y había dejado inconclusa la carrera de Psicología, aún cuando le faltaban unas pocas materias para recibirse. “Cuestiones de la vida”, aduce al explicar por qué interrumpió aquel estudio.

Ese año, Florencia Jiménez tenía 27 y era mamá de una niña pequeña. Estudiaba la licenciatura en Enfermería y trabajaba como enfermera. “Tenía una vida completamente distinta”, observa.

Santiago Ledesma terminó el secundario y también probó con enfermería durante un cuatrimestre. Dejó y se puso a trabajar en la cocina de un restaurante. A los 19 coqueteaba con la idea de radicarse en Olavarría para estudiar Medicina. Hoy tiene 28 años.

Con historias y edades diferentes, se encontraron en la inauguración de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata que, en 2017, abría sus puertas por primera vez. Los tres entienden que se trató de un hecho histórico: en la vida de una ciudad como Mar del Plata con una intensa oferta académica, y, claro, en sus propias biografías. Nada fue igual para ellos desde entonces.

 


 

La nueva sede de la facultad de Medicina.


 

Ledesma, quien hoy transita el tercer año de la Residencia en Pediatría en el Hospital Materno Infantil, recuerda el espíritu fundacional de aquellos primeros años de cursada. “Arrancamos en el INE (Instituto Nacional de Epidemiología), en XX de Septiembre y Ayacucho. Año a año se iban abriendo las asignaturas y uno no sabía bien qué era lo que iba a venir, había cierta incertidumbre de qué era lo que nos esperaba en un futuro, los docentes compartían eso. Todos estábamos frente a algo nuevo y eso siempre genera incertidumbre. Había una sensación de construir algo todos juntos”, cuenta a LA CAPITAL.

Citoler coincide en el aspecto histórico y apunta a otra arista. “Nosotros somos la camada sesgada, así nos llamamos, en nuestro grupo hubo muchas personas grandes, que hacía mucho tiempo que querían estudiar Medicina y por equis cuestiones de la vida no pudieron”.

 

“Arrancamos en el INE, en XX de Septiembre y Ayacucho. Año a año se iban abriendo las asignaturas y uno no sabía bien qué era lo que iba a venir”. (Santiago Ledesma)

 

Hasta ese año, estudiar Medicina suponía emigrar a otra ciudad donde pudiera cursarse esa carrera a nivel público o bien ingresar en el camino de la educación superior privada.

“Cuando abrió Medicina todas esas personas automáticamente nos inscribimos. Por eso, las promociones siguientes no tuvieron personas grandes como en la primera”, explica.

“Mar del Plata es una ciudad muy grande -apunta Jiménez-. Hay mucha gente que viene de ciudades o de pueblos cerca de Mar del Plata para quienes estudiar Medicina era una asignatura pendiente. Y no todo el mundo podía acceder al sistema privado. A una Universidad como la de Mar del Plata con una oferta académica tan grande le hacía falta que abrieran Medicina”.

Un récord histórico

La novedad generó en 2017 un récord histórico de inscriptos: se anotaron 2500 ingresantes. Con los años, la cifra se estabilizó en un promedio de 1400, recuerda el ex director de la carrera y actual decano, Adrián Alasino.

Así, las primeras aulas de Medicina se poblaron de chicos y chicas que recién salían de la escuela secundaria y, en simultáneo, de estudiantes mucho más grandes. Florencia y Paula no sintieron la diferencia de edad como una barrera. “La normalidad” eran grupos intergeneracionales, dinámicos y entusiastas.


La carrera de Medicina comenzó hace casi 10 años en dependencias del INE. Hoy tiene su propio edificio con moderno equipamiento.


Y eso mismo sienten hoy en sus respectivas Residencias: Citoler transita el tercer año de la Residencia en el Servicio de Psiquiatría en el Hospital Privado de Comunidad y Jiménez lo hace en la especialidad de Tocoginecología en el Hospital Interzonal General de Agudos de esta ciudad. A los tres les falta un año para terminar la Residencia y empezar a trabajar como médicos recibidos en sus respectivas especialidades.

Paula recuerda hoy que sus compañeros de Anses le dijeron que estaba loca cuando decidió renunciar a ese trabajo fijo y dedicar toda la energía a estudiar. “Estaba en segundo año de la Facultad y tenía que elegir. O seguía la facultad, hasta ahora me había ido bien, o la seguía con otros tiempos. Porque la realidad es que las mujeres por estudiar no dejamos de hacer algo. Al estudiar le sumamos más cosas a las cosas que hacemos: la familia, los hijos, las parejas. En segundo año renuncié a Anses”.

Florencia evoca sus pensamientos cuando arrancó: “Me enteré por la tele que abría Medicina. Dije, ‘bueno, quizá’. Y me anoté. Pensé, ‘voy haciendo de una materia o de a dos’. Y una vez que entré no salí más. Acá estoy: la facultad primero, la residencia después”. Y explica que su compromiso fue total.

Medicina comunitaria

Ya como estudiantes, los tres encontraron que la ahora Facultad de Medicina -desde el año pasado dejó de ser Escuela- proponía un modelo de enseñanza que focaliza en lo grupal, en detrimento de las numerosas clases expositivas y unidireccionales.

Además, reconocieron que la currícula apunta a perfilar un profesional que desarrolle “la medicina más comunitaria, más colectiva“, tal como define Ledesma.

 

“En nuestro grupo hubo muchas personas grandes, que hacía mucho tiempo que querían estudiar Medicina y por equis cuestiones de la vida no pudieron”. (Paula Citoler)

 

Para Citoler se trata de “un cambio de paradigma” en el modo de entender a quienes desarrollen la medicina. Para ella se trata de “una mirada integral”. “No es solo un paciente con una enfermedad, es un paciente que tiene un nombre, que tiene una familia, que tiene una red social, que sí, está padeciendo algo pero en un contexto. Esa diferencia justamente es la mirada al paciente”, explica.

Ledesma agrega: “Se entiende a la salud no solamente como la ausencia de la enfermedad” y sobre el perfil de médico reconoce que se busca “un perfil de médico que sepa gestionar, que tenga calidad técnica y calidad humana”. “Un profesional que comprenda también su sistema de salud, dónde se desarrolla y sepa ver las distintas realidades, dependiendo del sitio donde uno esté, porque no es lo mismo enfermarse en Mar del Plata que enfermarse en Santa Cruz”.

Jiménez entiende que se trata de una persona que comprenda “el trabajo en equipo”. “No vas a atender solo. No vas a poder solucionarle todo a una persona, independientemente de cuál sea su afección. Necesitás de otros. Y eso también te lo da aprender a trabajar en grupo, a trabajar con otra persona, a escuchar qué es lo que te dice el otro” que muchas veces es un profesional de una disciplina distinta a la médica.

Ese cambio de paradigma también se aprende en las aulas de la Facultad de Medicina de Mar del Plata, desde primer año.

En los jardines del predio que se comparte con el INE, se ven grupitos de estudiantes en ronda que estudian y debaten. En el edificio nuevo construido para la flamante Facultad, ubicado a una cuadra del INE, las aulas de simulación y los laboratorios profundizan el aprendizaje para formar futuros médicos y médicas que estén a la altura humana de las enormes complejidades sociales de un país en crisis como Argentina y de un mundo cambiante como el actual.

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