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La Casa Curutchet podría convertirse en Patrimonio de la Humanidad

Ubicada en La Plata, es la única obra de Le Corbusier en América Latina. La decisión la tomará la Unesco entre el 10 y el 20 de julio.

LA PLATA (Corresponsalía).- La Casa Curutchet de La Plata –valorada por artistas pero desconocida todavía por gran parte de la sociedad- podría convertirse próximamente en Patrimonio de la Humanidad.

La casa-consultorio que el arquitecto suizo Charles-Édouard Jeanneret-Gris -más conocido como ‘Le Corbusier’- proyectó a fines de la década del ’40 cerca del bosque platense forma parte del listado de 17 sitios que sintetizan el trabajo del máximo exponente de la arquitectura moderna.

El Comité de Patrimonio de la Unesco decidirá en julio próximo si la obra de Le Corbusier -‘el Cuervo’ en español- merece ser protegida y conservada para disfrute de toda la humanidad.

La obra ya había sido postulada en dos ocasiones, pero Unesco realizó algunas observaciones que fueron corregidas para esta postulación. “Tenemos fuertes esperanzas de que esta vez, la tercera, sea la vencida”, dice a LA CAPITAL Julio Santana, director general en Casa Curutchet.

La postulación es promovida por Francia y acompañada por seis países más: Argentina, Alemania, Bélgica, Suiza, Japón e India.

“Cada una de las 17 obras elegidas representan una particularidad: hay casas, iglesias, conventos, fábricas y conjuntos de casas”, explica Santana, y agrega que “la obra de La Plata, la única de Le Corbusier en América Latina, representa la casa de un médico con su lugar de trabajo incorporado”.

Historia de la Casa

En 1948 el médico bonaerense Pedro Domingo Curutchet le pidió al arquitecto más famoso del mundo que le proyectara una casa-consultorio para vivir con su familia y, al mismo tiempo, trabajar.

Le Corbusier aceptó proyectar la obra desde su estudio en París –a más de 11 mil kilómetros de distancia- y nunca viajó para ver la marcha del trabajo.

Meses después envió a Curutchet los planos de la casa y cuando el médico le pidió que le sugiriera un arquitecto argentino para la dirección de obra, el suizo le recomendó a Amancio Williams, autor de la ‘Casa del Arroyo’ de Mar del Plata.

Williams, que admiraba profundamente a Le Corbusier y había iniciado con él una relación de amistad, no sólo aceptó sino que además renunció a sus honorarios.

“Amancio Williams, en su trabajo de puesta en obra de la casa, se tomó casi un año en redibujar todos los planos ajustando las medidas, estudiando la estructura, incorporando una serie de cambios importantes, en muchos casos consultados y aprobados con Le Corbusier”, cuenta a LA CAPITAL Daniel Merro Johnston, arquitecto y autor del libro “El autor y el intérprete” (Ediciones 1:100, Buenos Aires, 2011).

Y agrega: “quizá el mayor aporte de Williams fue conseguir que la casa se construyera”.

La mirada detallista de Amancio inevitablemente influyó en los tiempos de la obra y en el humor de su propietario: a dos años de haber iniciado la construcción, Curutchet lo despidió y contrató al arquitecto Simón Ungar, al que también echó tiempo después. La obra fue finalizada en 1955 por el ingeniero Alberto Valdés.

La Casa tiene la particularidad de ser la única que el suizo proyectó entre medianeras en la que se verifican los cinco puntos para la Nueva Arquitectura que había formulado en 1926: planta libre (para facilitar la circulación y guardar el vehículo), ‘pilotis’ (columnas circulares que soportan el edificio de manera independiente a los muros), fachada libre independizada de la estructura, ventana longitudinal (de muro a muro) e incorporación de la terraza jardín.

Le Corbusier murió en 1965, a los 77 años, sin haber conocido la Casa.

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