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La Ciudad 29 de septiembre de 2026

La ciudad que se encierra por la inseguridad, la factura de gas que preocupa y los que ya hablan de 2027

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

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Hay veces en que tres noticias distintas terminan contando exactamente la misma historia. Mar del Plata acaba de tener una de esas semanas. La encuesta de percepción de seguridad realizada por investigadores del Inhus, el Conicet y Mar del Plata Entre Todos dejó números que deberían hacer ruido en todos los despachos donde se toman decisiones: el 96,5% de los consultados considera que la inseguridad es un problema grave o muy grave, el 88,8% cree que la delincuencia aumentó y el 44,4% asegura haber sufrido al menos uno de los delitos relevados durante el último año. No parece solamente una sensación de charla de café. Es una preocupación que atraviesa prácticamente a toda la ciudad. Porque la encuesta no habla solamente de robos. Habla de una ciudad que está cambiando sus hábitos por temor. El 64,9% dejó de salir de noche, el 45,8% modificó el uso del transporte público, el 43,6% redujo actividades al aire libre y el 68,8% evita dejar sola su vivienda. La inseguridad empieza a funcionar como un impuesto invisible: no aparece en ninguna boleta, pero se paga con libertad, circulación, encuentros, deporte, ocio y tranquilidad. Una ciudad no se vuelve insegura solamente cuando aumenta el delito. También cuando sus habitantes empiezan a encerrarse.

 

 

Y el reclamo ya no reconoce barrios ni colores políticos. Más de 40 entidades barriales vienen reclamando respuestas. Fomentistas, comerciantes, empresarios y vecinos empiezan a coincidir en el diagnóstico. Quizás haya llegado entonces el momento de que la política deje de discutir quién se lleva el costo electoral y empiece a discutir quién se hace cargo. Porque la pregunta incómoda sigue siendo la misma: ¿de quién es la seguridad? Nación señala a Provincia, Provincia recuerda sus responsabilidades, el Municipio reclama herramientas y el vecino tiene una preocupación bastante más sencilla: cuando sale de su casa, quiere volver tranquilo. La propia encuesta agrega un dato que debería preocupar especialmente a quienes gobiernan: el 79% evalúa negativamente la capacidad de la Policía para controlar el delito en su zona y los niveles de confianza en la Bonaerense, la Patrulla Municipal y el Poder Judicial son particularmente bajos. Una radiografía que quizás obligue a más de uno a dejar por un rato de mirar las encuestas que dicen a quién votaría la gente y prestar atención a las que cuentan cómo está viviendo.

 

 

Como si faltara una preocupación, apareció nuevamente la Zona Fría. El régimen alcanza a Mar del Plata, Batán y todo General Pueyrredon, contempla una reducción del 30% en las tarifas de gas y beneficia a más de 260.000 hogares. Su eventual eliminación abrió otro frente directamente sobre el bolsillo de los marplatenses. Porque no estamos hablando solamente de una tarifa. Estamos hablando de cuánto dinero queda cada mes dentro de la economía de la ciudad. Si una familia destina más plata al gas, tendrá menos para el almacén, el comercio, una salida, gastronomía o cualquier otro consumo. Y eso, en una ciudad cuya economía depende fuertemente de los servicios, el comercio y el turismo, no es precisamente un detalle. Pero hay algo que genera todavía más fastidio en los pasillos: los marplatenses podrían perder el beneficio territorial y, al mismo tiempo, continuar aportando al fondo que financia los subsidios. Traducido al idioma de la calle: te sacan el descuento, pero seguís poniendo plata para financiar el sistema. Si finalmente ocurre, habrá más de uno preguntando por qué Mar del Plata tiene que pagar dos veces. Y ahí las responsabilidades políticas se reparten: intendente, concejales, legisladores nacionales y provinciales deberán explicar qué hicieron. ¿Van a defender el beneficio o van a mirar para otro lado mientras aumenta la factura?

 

 

Hay algo que une inseguridad y Zona Fría. Los dos problemas entran directamente a la casa. Uno cambia la hora a la que se sale, el recorrido para volver, la cerradura, la alarma o las cámaras. El otro cambia cuánto dinero queda después de pagar las cuentas. Uno achica la calle. El otro achica el bolsillo. Y quizás allí haya una explicación bastante sencilla del humor social que muchas veces la política intenta descifrar mediante sofisticados estudios de opinión. En ese contexto, Mar del Plata vuelve a convertirse esta semana en escenario de una de las grandes conversaciones económicas del país: el Coloquio de IDEA. Empresarios, funcionarios, dirigentes y referentes nacionales llegan para discutir inversiones, productividad, empleo, competitividad y el futuro de la Argentina. La postal tiene cierta ironía. Mientras dentro de los salones se hablará del país de los próximos veinte años, afuera la ciudad anfitriona reclama cuestiones bastante más inmediatas: poder caminar tranquila por sus barrios y saber cuánto tendrá que pagar de gas.

 

 

Habrá que escuchar los discursos de IDEA, claro. Pero también habrá que prestar atención a los pasillos de IDEA. Porque allí se cruzan empresarios, funcionarios, dirigentes, candidatos y operadores. Y más de una vez una conversación de cinco minutos frente a una máquina de café termina siendo bastante más interesante que cuarenta minutos de exposición ante un auditorio. Habrá fotos, reuniones, encuentros reservados y seguramente alguna ausencia que también será noticia. IDEA habla de la Argentina que viene. En los pasillos de Mar del Plata, en cambio, se habla de la Argentina que ya llegó.

 

 

A propósito de pasillos, dos conocidos empresarios marplatenses que esta semana tendrán bastante trabajo recibiendo a varios de sus pares “grossos” compartieron café el domingo y terminaron, naturalmente, hablando de política. Sobre la mesa apareció la columna dominical de Carlos Fara, “Aplaudan por favor”, que por estas horas circula bastante entre empresarios, dirigentes y operadores. Hubo una imagen que les quedó especialmente dando vueltas: la del Gobierno como “un autito de juguete a cuerda”, capaz de tomar impulso con determinados temas para perderlo poco después. La charla derivó hacia economía, consumo, actividad, empleo y riesgo país. Justamente varios de los asuntos que aparecerán en las conversaciones de IDEA. Después llegaron la reforma electoral, las PASO y las dificultades del oficialismo para conseguir votos. Allí apareció otra frase que quedó flotando entre los pocillos: “Que los votos no están es vox populi”. Y alguien preguntó cuánto de la discusión electoral responde verdaderamente a cuestiones institucionales y cuánto a la necesidad de cada espacio de conservar capacidad de negociación. Nadie contestó. O, mejor dicho, todos contestaron sin contestar.

 

 

En otro encuentro, esta vez un asado en el quincho de un legislador, con periodistas y un par de empresarios entre los comensales, circuló una encuesta de Zuban Córdoba que varios leyeron casi con calculadora en mano. El estudio realizado entre el 16 y el 19 de septiembre sobre 2.000 casos registró una aprobación del Gobierno del 35,3% y una desaprobación del 63,6%. También se comentaron los números sobre intención de voto presidencial para 2027: peronismo 34% y La Libertad Avanza 30,1%, con PRO y Frente de Izquierda bastante más atrás. Faltan demasiados meses para convertir una fotografía en una película, pero evidentemente 2027 ya se sentó a la mesa. El peronismo tampoco tiene demasiados motivos para descorchar champagne. En ese mismo trabajo Axel Kicillof aparece con potencial electoral, pero también con un 49% que afirma que nunca lo votaría. Un habitué de esos pasillos resumió la conversación con una frase bastante gráfica: “La carrera recién empieza y todavía nadie sabe quién llega a la curva”. Lo interesante es que una elección todavía lejana haya dejado de ser conversación exclusiva de consultores para empezar a aparecer en cafés, quinchos y sobremesas empresariales. Cuando la política empieza a hablar demasiado temprano de la próxima elección suele ser porque todos sospechan que el tablero puede moverse.

 

 

Después, como suele ocurrir cuando el asado se prolonga, la conversación se puso mucho más marplatense. Se habló de la causa por juego ilegal y lavado de dinero. Y alguien dejó caer una frase que hizo que varios levantaran la vista del plato: “Parece que el hombre de los autos lujosos prendió el ventilador”. No hubo demasiadas precisiones. O quizás sí las hubo, pero todavía nadie quiere repetirlas fuera de ese quincho. Habrá que prestar atención. También apareció el futuro presupuesto municipal y una pregunta que alguien dejó picando: ¿sueñan en el Ejecutivo con anular la TSU y tercerizar los cobros, como ocurrió con el alumbrado incorporado a la boleta de EDEA? Por ahora, pregunta de pasillo. Pero de esas preguntas que conviene anotar porque algunas, con el tiempo, dejan de ser preguntas. Y, por supuesto, apareció la inevitable danza de nombres de quienes sueñan con sentarse algún día en el despacho principal de Hipólito Yrigoyen. Hubo nombres del oficialismo, de la oposición y hasta alguno que provocó una sonrisa alrededor de la mesa. Pero esos nombres, qué estaría contando “el hombre de los autos lujosos” y qué se cocina realmente alrededor del próximo presupuesto municipal quedarán para otro Radio Pasillo.