Opinión

La cúpula de la cultura

por Ezequiel Medina

La cultura es la sonrisa, cantaba León Gieco en una de las canciones que materializó el sentido del concepto y de todo lo que representa en la sensibilidad de los pueblos. Ella convive en el cine, en el teatro, y solo hay que invitarla para que venga a tocar un rato continua cantando León; se va la vida pero la cultura se queda aquí.

Este verano que comenzó con mucha expectativa, tanto fortuita como no, resultó una experiencia más en el camino histórico de una ciudad que quiere dejar de ser esa costa turística temporal, a pasar a ser un puerto de acción cultural y de industrias del sector por todo el año completo.

Por nuestra parte, desde el equipo de Cultura Contemporánea hemos generado acciones de producción que incluyeron recitales, obras de teatro y muestras de arte. Todas ellas acompañadas por el empresario Florencio Aldrey, quien continua fervientemente apostando, incansablemente, a la construcción de una Mar del Plata como meca de la cultura.

Existe aun un imaginario social, aquel que detrás de las gestiones de cultura solo hay un mundo donde se debe destinar inversión para sostenerlo, lo que comúnmente podría denominarse gasto. Pero la realidad es que la fuerza del arte es también un motor de comunidad industrial. Hay vastos ejemplos de productoras que se crean y comienzan sus primeros pasos en el sector cultural. También acompañado desde el mundo académico, vemos el caso clave de la carrera universitaria en gestión cultural que crece en su matrícula anualmente y que tiene un vínculo directo con las instituciones representativas de nuestra ciudad.

Estas instituciones, como el Paseo Aldrey, brindan un eje de debate para las nuevas visiones que hacen a nuestros tiempos en materia de gestión y de cultura, pues fue también durante todo el 2016 sede del encuentro de formación en gestión y patrimonio avalado por la Universidad Nacional de Mar del Plata y la Unesco.

Es que el sector cultural entendido como una industria limpia no implica limitar la creatividad, ni generar soportes de limitación del potencial, ni tampoco involucrar términos políticos, simplemente invita a entender a la industria de la cultura como un paso fundacional hacia un potenciamiento de la ciudad.

Detrás de cada escenario hay decenas de personas que trabajan para que el espectáculo sea único e irrepetible. Desde la cadena de industria que comienza con el servicio de catering para artistas, hasta los fletes de las escenografías, la logística general de transfers y traslados, los profesionales en materia de luces, sonido, audiovisual, pasando por los jóvenes que inician sus temporadas de trabajo y son boleteros o acomodadores de sala. Quienes imprimen y diseñan las piezas de marquesinas, los programas de mano. Todo es una cadena de empleo que da vida a la obra.

Un motor de cambio

Mar del Plata tiene que ser ese lugar en el país donde los productores nos sintamos orgullosos y amigos, y donde las políticas de cultura acompañen a la construcción de una confluencia de artistas. Visto desde lo vocacional cada artista cuenta y sin él no seria lo mismo una sociedad. Visto desde la industria, sin ella no podría encontrar la perfección la puesta en marcha de todo un sin fin de noches y días de preparaciones previas.

Encontramos, por nuestra cuenta, en la imagen de Florencio Aldrey, un empresario que no duda, que no retrocede a la hora de pensar en la apuesta magnífica que es el arte en todas sus aristas.

En nuestro punto particular hemos podido desarrollar obras taquilleras en uno de los escenarios más impecables que tiene Mar del Plata y que es el Teatro Provincial. Encierra cada uno de los camarines las historias de los capocómicos de nuestro país y también el sabor de cada una de las temporadas. De los artistas internacionales que desfilaron con sus aires de cineastas en los Festivales de Cine, y que se respira en cada sector del edificio custodiado por los frescos de Bustillo.

Desde nuestra optica gestores culturales, Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu, Pipo Cipolatti, Hernán Casciari, Andy Kustnezoff, Nicolás Cayetano, y lo que vendrá con Adriana Varela, sumado a los shows que el NH Provincial organizó en sus espacios, pusieron al complejo como un descubrir constante de la maravilla que tiene Mar del Plata en comunión con el arte.

Desde nuestra óptica de marplatenses y pensado como industria, la cultura es un motor de cambio y un impulso local que más que demorar hay que fortalecer. En ello está la presencia de todo este grupo en Mar del Plata

conducido por Florencio Aldrey, a quien vale esta columna de reconocimiento y agradecimiento por no prestar al olvido el sueño en color que representa el aplauso para el actor y el músico, con el que se alimenta no solo el sueño del artista sino también la ilusión de toda una comunidad.

(*): Productor local.

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