Opinión

La derecha, el colegio y el discurso en contra del aborto legal

Los alumnos del Instituto San Alberto abuchearon al abogado Nicolás Márquez, en una charla sobre la legalización del aborto. El hombre había insultado a la comunidad trans y fue violento con los chicos que lo cuestionaron.

por Agustín Marangoni

– Florencia de la V es un tipo disfrazado de mujer.

La sentencia despertó un murmullo que recorrió el salón de actos. Padres y alumnos de tercero a sexto año se habían acercado, el martes pasado, a escuchar la charla La vida como valor supremo, por invitación de los directivos del Instituto San Alberto. Había dos disertantes, la arquitecta Teresa Vázquez Ávila y el abogado Nicolás Márquez, los dos con posturas claramente en contra de la legalización del aborto. Es decir, no se iba a analizar nada, era una charla de adoctrinamiento ideológico, propia de un colegio católico. Pero parece que esas palabras de Márquez, además de que se corrieron del eje central del encuentro, no cayeron nada bien. Ni entre los padres, ni entre los docentes y menos que menos entre los estudiantes.

De hecho, una alumna de quince años levantó la mano y dijo:

– Disculpe, pero existe la Ley de identidad de género. Las personas trans se pueden inscribir en el documento personal con el nombre y el sexo a elección. Eso que usted dice desconoce la ley.

La contraofensiva del abogado sonó como un latigazo:

– Ah sí. Esa ley. Yo voy a aprobar una ley en la que diga que soy un perro. Entonces a partir de ese día voy a ser un perro. Es lo mismo. ¿No te parece?

De ahí en adelante, el discurso de Márquez elevó la temperatura con más improperios y faltas de respeto contra la comunidad trans e intelectuales que defienden el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina. Fue tal el nivel de violencia que los mismos directivos del colegio le pidieron que se retirara. Para ese entonces varios alumnos y alumnas se habían quebrado en llanto. El abogado abandonó el recinto abucheado y a los gritos. Por supuesto, el encuentro se dio por finalizado.

A los cinco minutos, los grupos de whatsapp de los padres titilaban incendiados de quejas y críticas hacia el colegio. La verdad es que el Instituto San Alberto responde a una línea de derecha rígida dentro de la iglesia católica, pero muchas familias igual eligen enviar a sus hijos ahí porque el nivel académico es aceptable, está en el corazón del barrio Playa Grande y la cuota es accesible. Es decir, son familias y chicos que no comparten la inclinación religiosa, pero, en la balanza de lo bueno y lo malo, priorizan los contenidos académicos.

Lo que es inentendible es qué hace el abogado Nicolás Márquez dando charlas sobre temas estructurales. Este hombre protagonizó una situación tan ridícula que lo dejó fuera de circulación durante casi diez años. En 2005 recorría los medios con un discurso donde reivindicaba la última dictadura cívico militar. Ni siquiera pivoteaba sobre la teoría de los dos demonios, directamente militaba a favor de las torturas, las violaciones, los secuestros y las desapariciones que se llevaron adelante en aquellos años oscurísimos. Lo acompañaba Karina Mujica, la entonces presidenta de la organización Argentinos por la Memoria Completa. Ellos soltaban su discurso de dios, patria y trabajo en cada medio donde les daban lugar. Hasta que un programa de investigación de Rolando Graña, por América TV, entró con cámaras ocultas al privado Alto Target, ubicado en la calle Gascón al 2900 y promocionado como uno de los prostíbulos más refinados de Mar del Plata. Ahí encontraron a Mujica trabajando bajo el nombre de Valentina. “Bienvenido a la sala de torturas. ¡Te voy a destrozar!”. Así se promocionaba. Un cortocircuito evidente entre su discurso católico moralista y su desempeño nocturno.

Mujica fue tapa de revistas. Márquez quedó pegado a tal punto que no le quedó otra opción que llamarse a silencio. Pero hace unos años volvió al ruedo. Era de esperar, entremedio, siguió editando libros que defienden la dictadura. Dato de color: en la presentación de La mentira oficial: el setentismo como política de estado, el genocida Reynaldo Bignone fue su invitado de honor. Hoy colabora con artículos para Infobae y La Nueva Provincia, también hace giras para dar charlas y notas por distintos países con su discurso antiabortista y antifeminista. Junto con Agustín Laje lanzó hace dos años El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural, donde trazan una relación entre el neomarxismo, los movimientos sociales, el feminismo y la comunidad LGBT.

Para cerrar el recorrido de información sobre Nicolás Márquez: su ex mujer lo denunció el 8 de septiembre de 2008 por violencia familiar y por abusar sexualmente de la hija de ambos, de cuatro años. Ella asegura, por si faltaba algo, que cuando quedó embarazada, Márquez le exigió que abortara.

He ahí el personaje que intentó dar cátedra sobre un tema tan delicado y actual. Hay que estar con los ojos bien abiertos. La derecha tiene defensores sueltos en distintos territorios, en especial en los medios y en los foros educativos. La estrategia es básica. Se elige un soldado, se le inventan logros intelectuales y se lo expone con el objetivo de legitimarlo.

La semana pasada se aprobó en Irlanda, con el 66% de votos, el proyecto de reforma constitucional para permitir la interrupción voluntaria del embarazo. El 78% de los irlandeses se define como católico. Fue una derrota explícita para las fuerzas ultraconservadoras globales; dilapidaron recursos y activos para defender el último reducto del catolicismo más reaccionario. Y fue una victoria indudable de la Irlanda joven, con un nuevo paradigma social y de pensamiento.

Así las cosas. En Mar del Plata, un defensor de genocidas ultraconservador, ante sus falencias argumentativas, no tuvo mejor idea que maltratar a alumnos del secundario, en una charla que organizó un colegio católico. Las viejas fuerzas ya no tienen con qué sostener lo insostenible, ni siquiera jugando de local. Como siempre, los jóvenes son la luz de los cambios reales. Ni las instituciones, ni los violentos, ni los modelos económicos dañinos han podido frenar el curso de la historia. La fotografía es clara: los cambios que avanzan desde los colectivos feministas son inminentes, profundos y no tienen vuelta atrás.

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