"Lo uso como terapia", dice la fondista marplatense de 40 años que trabaja de noche en una clínica y encontró en el atletismo una forma de atravesar pérdidas familiares y concretar sueños. En unos días representará al país en el Maratón de Caracas, Venezuela.
Por Juan Miguel Alvarez
Corre cuando otros duermen. Sale de una clínica cuando la ciudad todavía está en silencio y, en lugar de irse a casa, se calza las zapatillas y se va directo a entrenar. Anahí Castaño tiene 40 años, es enfermera y maratonista, una de las mejores fondistas del país.
Pero antes que todo eso, es una mujer que encontró en el running una forma de sanar.
Nació y creció en el barrio Félix U. Camet, en Mar del Plata. No vive del deporte, no tiene sponsors ni becas, y trabaja todas las noches de 22 a 6 en una clínica privada. Sin embargo, en los últimos dos años empezó a trascender por sus marcas: ganó tres veces seguidas el Maratón “Ciudad de Mar del Plata”, representó a la Argentina en el último Sudamericano y se metió entre las mejores del ranking nacional.
Ella misma lo dice sin vueltas: “Yo corro para sanar”. Porque el atletismo fue la herramienta con la que logró atravesar la muerte de su padre y, más recientemente, la de su hermana, que falleció con apenas 34 años.
También fue el motor que la sostuvo cuando un día, mientras trabajaba, le robaron todo en su casa: incluso las zapatillas y la bicicleta.
Hoy, Anahí está por viajar otra vez a Venezuela para correr el Maratón CAF Caracas, una de las pruebas más exigentes de Latinoamérica. Pero su historia va mucho más allá de una carrera, de tiempos y clasificaciones…
– ¿Quién es Anahí Castaño?
– Es una atleta que corre para sanar. Lo uso como terapia. Soy enfermera, tengo 40 años y no vivo del deporte. Trabajo en una clínica privada de Mar del Plata.
– ¿Cuánto hace que trabajás como enfermera?
– Más de diez años. En la clínica estoy hace seis. Antes trabajé en una residencia geriátrica. Empecé estudiando Educación Física, estaba a punto de recibirme, pero por cuestiones personales no pude. Empecé a trabajar, me interioricé mucho sobre el cuidado, el trato con los pacientes. Me gustó, decidí estudiar eso y me encanta mi trabajo.
– ¿Cuándo empezó tu vínculo con el atletismo?
– A los 21 años, cuando entré al CEF Nº1. Mi primer entrenador, Fernando Rodríguez Facal, me tomó una prueba de 3.000 metros, vio algo y me invitó a entrenar. Después pasé por varios clubes y en los últimos años logré mis mejores marcas.
– Con la enfermería y el running, tu rutina parece muy exigente…
– Entro a trabajar a las 10 de la noche y salgo a las 6 de la mañana. De ahí me voy directo a entrenar a Varese. Entreno lunes, miércoles y viernes con el grupo, y los domingos hacemos el fondo en la laguna o en Sierra de los Padres. Si preparo un maratón tengo doble turno: duermo un rato, entreno de nuevo, descanso otro poco y vuelvo a la clínica.
– ¿Cómo se rinde en el deporte de elite, en la especialidad del maratón (42K), con tan poco descanso?
– Yo siempre digo que por más que duermas 10 horas de día, no es lo mismo que dormir de noche. Pero es lo que me toca y lo que elijo.
– ¿Cuándo sentiste que dejaste de ser una “corredora” para sentirte atleta?
– Cuando empecé a mejorar marcas. Entre 2023 y 2024 logré tiempos que me hicieron decir: “estoy entre las mejores”. Yo siempre fui muy disciplinada, pero no le dedicaba tanto tiempo el running como hoy. Mi vida ahora pasa por el trabajo de enfermera y por el entrenamiento.
– Decís “yo corro para sanar”. ¿Qué significa eso?
– El correr me ayudó a superar la muerte de mi papá. Fue como una terapia. Y hace un año falleció mi hermana de 34 años. Éramos nueve hermanos. Luchamos con una enfermedad desde chiquitas. El salir a correr todos los días me ayuda a superar esas pérdidas.
– ¿Tu papá te transmitió ese vínculo con el deporte?
– Sí. Al principio me apoyaba mucho. Soñaba verme en un podio. Me alentaba, me decía que podía llegar primera, ganar una medalla, un trofeo.
– Cuando estás en la largada y mirás al costado, ¿ves en cada atleta una historia propia?
– Sí. Cada uno corre por algo. Siempre hay un motivo detrás. Con pararte a observar la llegada de cada uno, la gente que lo acompaña, los abrazos, uno puede verlo.
– En 2024 te robaron todo en tu casa mientras trabajabas. ¿Sentís que perdiste en lo material, pero ganaste el apoyo de la gente?
– En ese momento se me cayó el mundo abajo. Era lo único que tenía: esos dos pares de zapatillas. Pero la gente se solidarizó muchísimo. Los mensajes, el apoyo… todavía hoy, antes de cada carrera, me escriben. Parte de mis triunfos se los debo a ellos.
– El 2025 fue tu mejor año…
– Sí. Gané el Maratón de Mar del Plata con 2h48m34s y la CADA (Confederación Argentina de Atletismo) me convocó para el Sudamericano. Con 40 años, sin ser profesional, eso significa mucho. Más allá de la buena actuación, me quedó el gusto amargo de no poder traer la medalla (fue cuarta). Después tuve el sueño de conocer Cachi, Salta. Y, sin decirlo, aposté al Maratón de Buenos Aires, donde logré mi mejor marca: 2h43m16s.
– ¿Qué te dio el atletismo en lo personal?
– Viajar, conocer lugares, culturas. Yo económicamente no podría hacerlo. El deporte me dio eso. Me siento una privilegiada. Mi primer viaje al exterior fue a Venezuela hace dos años para correr el maratón. Mis vacaciones en la clínica son para salir a competir. Y en algún momento se acaban. Pero tengo a mis tres compañeras del tercer piso, quienes me acompañan y me cubren. Siempre están ellas para ayudarme.
– Y ahora volvés a Venezuela… ¿con qué expectativas?
– Voy con más experiencia. Ya conozco el recorrido y el clima. El año pasado fui octava y ahora la idea es estar entre las cinco mejores.
– Qué le dirías a alguien que atraviesa una pérdida y no encuentra su motor?
– Que mire para adelante. Que busque algo a qué aferrarse. Yo lo hice con el deporte.
– Cuando cruzás la meta, ¿en quién pensás?
– En mi papá, en mi hermana. En mi muñeca tengo tatuada dos estrellitas por ellos. Y después en mí, porque solo yo sé el sacrificio que hago para llegar.
Próxima parada: Caracas
Anahí viajará el 4 de febrero a Venezuela para correr el Maratón CAF Caracas, el 8 de febrero. Es una de las pruebas más importantes y exigentes de Latinoamérica: calor, humedad, desniveles y un recorrido que atraviesa los cinco municipios de la capital.
Competirá en los 42 kilómetros, buscando meterse entre las cinco mejores y volver a representar de la mejor manera a Argentina. Pero más allá del puesto, Anahí ya ganó hace rato: cada día que corre, lo hace para sanar.