Policiales

La historia de Jonatan Costadura y el crimen del que no debió ser víctima

El homicidio del repartidor se produjo en horas de la madrugada del domingo 8 de agosto. Para el fiscal Leandro Arévalo el caso fue esclarecido y al joven de 26 años lo mataron por error en un ajuste de cuentas. Los dos acusados por el hecho están prófugos.

Dicen los que lo vieron que Jonatan Costadura jugaba al fútbol como los que realmente saben. Tenía 26 años, “era un chico sano” y dividía su tiempo entre la pelota y el trabajo: como muchos otros jóvenes había visto en su motocicleta una salida laboral que lo llevó a convertirse en repartidor de una reconocida app. Nunca pensó que ese vehículo podía llegar convertirse además, y por error, en su sentencia de muerte.

Cuando en horas de la madrugada del domingo 8 de agosto al “crack” amateur lo asesinaron a balazos en el barrio Los Pinares, lo primero que sospecharon los investigadores fue que se había tratado de un nuevo asalto contra un “delivery”. Sin embargo, con el paso de los días se supo que en realidad el crimen se había producido en el marco de un ajuste de cuentas con blanco equivocado.

Para el fiscal Leandro Arévalo, que lleva adelante la pesquisa, el caso está esclarecido y los asesinos de Costadura fueron Nicanor Pereyra y Julián Coppola, quienes permanecen prófugos y con sendas órdenes de captura. Otra postura que exhibe el investigador es que la víctima no debió ser víctima, ya que la persona que buscaban matar los acusados era otra.

Contexto

El pasado sábado 7 de agosto a la noche hubo dos encuentros de jóvenes en distintas casas del mismo sector de Mar del Plata. A los grupos los separaban pocos metros, y un desconocimiento mutuo.

En una de las viviendas, ubicada en las inmediaciones de Falkner al 6000, Pereyra y Coppola participaban de una especie de fiesta, mientras que en otra cercana Costadura se reunía con algunos de sus amigos, entre los que estaban Bruno, el dueño del inmueble, y Jano Cejas (24).

Eran aproximadamente las 5 de la mañana del domingo cuando el repartidor, que había trabajado hasta pasada la medianoche, decidió irse a dormir. Cejas lo siguió y subió a la motocicleta como acompañante.

Casi en simultáneo, en la otra propiedad dos grupos de asistentes a la fiesta se peleaban por motivos que hasta el momento se desconocen. Lo que sí se sabe es que Pereyra, Coppola y sus allegados se enfrentaron a un joven apodado “El Chino”, que se hallaba junto a otro conjunto de personas.

Ahí estuvo la génesis del crimen de Costadura. Según reconstruyeron las fuentes del caso consultadas por LA CAPITAL, Pereyra y Coppola salieron de la vivienda en la que se llevaba a cabo la celebración decididos a atacar a “El Chino” y no precisamente a golpes. Para eso, se dirigieron a la casa del primero en una motocicleta conducida por el segundo. Allí, se presume, tomaron un arma de fuego, para luego regresar a la zona de Falkner al 6000.

Cuando arribaron al sitio observaron que otra motocicleta con dos ocupantes doblaba en la esquina, y fue entonces que se abocaron a perseguirla a lo largo de los pocos que había en medio. El ataque fue casi sin mediar palabra: dieron por sentado que alguno de los dos ocupantes del vehículo era “El Chino” y dispararon.

Nicanor Pereyra y Julián Coppola son intensamente buscados por el hecho.

Cuatro tiros dieron en Costadura, mientras que un quinto hirió a Cejas en una pierna. El repartidor murió en el lugar, mientras que su acompañante fue trasladado luego al Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA). Pereyra y Coppola escaparon del lugar, tal vez con la idea de que se habían vengado de “El Chino”.

Pero no: la víctima fatal era otra. Conforme dictaminaron posteriormente los médicos que realizaron la autopsia, Costadura recibió cuatro disparos. Uno de ellos, el mortal, en el tórax. De acuerdo a los peritajes balísticos posteriores, el arma utilizada para cometer el crimen habría sido una pistola calibre 9 milímetros.

El reclamo de justicia y la búsqueda de los homicidas

El grupo de amigos de Costadura y sus cuatro hermanos -cuyos padres fallecieron- reclamaron justicia por el homicidio en varias oportunidades y realizaron distintas marchas en la zona de Tribunales. De todas formas, con el intenso trabajo del personal policial, el fiscal Leandro Arévalo avanzó en la investigación y tras tomar declaraciones testimoniales y reunir diversas pruebas, consideró acreditado que el homicidio fue cometido por Pereyra y Coppola en un ajuste de cuentas con blanco equivocado.

Si bien en un principio no descartó la hipótesis del asalto, debido a que una pareja denunció haber sido asaltada por motociclistas durante la misma madrugada en una zona cercana al sitio donde se registró el asesinato del repartidor, la misma quedó sin efecto poco después. En parte, echó luz sobre la pesquisa la versión suministrada por Cejas, víctima y a la vez testigo presencial sobreviviente del ataque, quien dijo no entender el accionar de los agresores, ya que -según dijo- en ningún momento les exigieron la entrega del vehículo o de otras pertenencias. Y de hecho no hubo robo alguno.

También existen otros testimonios de personas que están incluidos en la causa y dan cuenta de la pelea ocurrida en la fiesta que se celebraba en una de las viviendas, y la presunta venganza que rápidamente planearon Pereyra y Coppola contra “El Chino”.

Para Arévalo entonces fue el primero el que disparó, mientras que el segundo -que forma parte de una familia cuyos miembros tienen frondosos antecedentes penales- conducía la motocicleta utilizada para consumar la emboscada. En ese marco, a fines de octubre pidió la captura de ambos, que fue autorizada por la Justicia de Garantías.

De inmediato, se llevaron a cabo allanamientos en el barrio Libertad, donde viven los sospechosos, quienes no fueron hallados. Por ese motivo, los dos fueron declarados prófugos y son intensamente buscados por un crimen del que no debió ser víctima Jonatan Costadura.

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