Interés general

La justicia y la licitación del Mundialista, todos miran al sistema de educación municipal y Santa Clara de fiesta

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata

 

El Estadio Mundialista, el José María Minella, volvió a escena, pero esta vez sin luces ni tribunas llenas. Volvió por la vía menos épica: una citación judicial que alcanzó a funcionarios municipales y a responsables políticos que tuvieron participación en las decisiones tomadas alrededor del uso, la concesión y la administración del predio. Como lo adelantó este medio, el Juzgado Federal Criminal y Correccional N°2 de Lomas de Zamora llamó a declaración testimonial a Mauro Martinelli, secretario de Legal, Técnica y Hacienda, y a Sebastián D’andrea, el presidente del Emder (Ente Municipal de Deportes y Recreación) en el marco de la investigación por lavado de activos de Sur Finanzas y su vinculación con el contrato de concesión de Minella Stadium, la concesionaria del estadio José María Minella. Los funcionarios del Ejecutivo deberán presentarse ante la Justicia Federal el próximo 24 de febrero, debiendose consignar que el dictamen de la Justicia se da luego de una serie de allanamientos en Mar del Plata en diciembre pasado. Hay quienes recuerdan que estas historias nunca arrancan donde terminan. Que una citación suele ser apenas el primer movimiento. Y que en Mar del Plata, cuando el fútbol, la política y los negocios se cruzan, el verdadero partido no se juega en la cancha sino en los tribunales. Por ahora, el mensaje oficial es de calma. Pero en los pasillos, nadie descarta que el caso del Estadio todavía tenga varios capítulos por delante.

 

 

Indignado. El concejal se descargaba ante amigo periodista, mientras compartían un espectacular bife de chorizo con cebolla caramelizada, huevo frito y papas fritas, en parrilla en la zona de Berenardo de Irigoyen. Señalaba que en Playa Grande, el caso del balneario Biología ya no es un desliz: es un sistema. “El pliego autoriza un módulo y funcionan ocho. El permiso habilita ocho autos y entran treinta. Todo a la vista, sin disimulo y sin consecuencias”, reveló. Lo cierto es que la arena quedó chica y el negocio decidió expandirse hacia arriba. La parte superior del balneario pasó a ser una extensión comercial más, ocupada como si no existieran normas, límites ni autoridad de control. Lo que antes era excepción hoy es paisaje. “Se está poniendo de moda esto de los permisos que se estiran, controles que no llegan y expedientes que siempre encuentran la forma de acomodarse. Nadie controla nada. O peor: todos saben y miran para otro lado”, añadió, para despacharse finalmente con un incómodo interrogante sin respuesta: “si esto pasa a la vista de todos, ¿qué queda para lo que no se ve?”…

 

 

Casi en coincidencia con la elevación del presupuesto municipal al Concejo, con la novedad de que el servicio de alumbrado sale de la TSU para incorporarse a la boleta de EDEA, con lo que la Municipalidad incrementará hasta casi duplicar la cobrabilidad en épocas de vacas flacas –una idea en la que hace un par de años venían conversando Agustín Neme, Emiliano Giri y Mariano Bowden– en los pasillos del Palacio Municipal empezó a colarse, todavía en voz baja, un debate tan sensible como estructural: el futuro del sistema educativo municipal. No hay proyectos escritos ni definiciones políticas, pero sí conversaciones incipientes sobre un esquema que hoy funciona casi exclusivamente con fondos locales y cada vez pesa más en las cuentas del municipio. Lo blanqueó el presidente del Concejo Deliberante, Emiliano Recalt, quien en una entrevista radial puso sobre la mesa una pregunta que muchos evitan: si Mar del Plata está en condiciones de sostener de manera eficiente el sistema educativo municipal sin acompañamiento de otros niveles del Estado. Traducido al idioma pasillo: el modelo, tal como está, empieza a mostrar límites.

 

 



El sistema municipal es el más grande del país y arrastra una historia conocida. En 2009, durante la intendencia de Gustavo Pulti, se firmó un convenio tripartito con Nación y Provincia para repartir el financiamiento docente. El acuerdo se plasmó en un decreto presidencial, nunca se convirtió en ley y desde hace cuatro años esos fondos dejaron de llegar. “¿Nadie reclamó lo que nos corresponde según quedó plasmado en un decreto presidencial?”, se preguntaban en el bloque de concejales de Acción Marplatense. Según estimaciones oficiales, la deuda acumulada ronda los 30 mil millones de pesos, con Nación concentrando la mayor parte del faltante. En ese contexto, empezó a mencionarse –por ahora sin nombres propios ni borradores– una alternativa que siempre genera ruido: trasladar las escuelas al sistema provincial si no hay reconocimiento vía coparticipación o aportes estables. Nadie lo plantea como decisión inmediata, pero el solo hecho de que se empiece a decir marca un cambio de clima. Por ahora, el debate recién asoma. Pero cuando en la Municipalidad se empieza a hablar de educación, números y responsabilidades, suele ser porque el problema dejó de ser teórico.

 

Con empanadas fritas, salamines, bondiolas caseras y queso de chancho como entrada y lechón al asador como plato principal, también hubo “comilona” en La Caleta, en casa alquilada por periodista capitalino. Desacartonados, con bermudas, remeras y ojotas, o en el mejor de los casos zapatillas, los protagonistas arrancaron el sábado al mediodía y la hora de la cena –sobró comida para varias jornadas– los encontró prendidos en un campeonato de truco y picoteando lo que quedó del almuerzo. El reconocido arquitecto contó que en Punta Mogotes empezó a moverse algo más que la arena. En silencio, y lejos de los anuncios grandilocuentes, la Administración del Complejo, la Provincia y el Colegio de Arquitectura bonaerense avanzan en la preparación de un concurso provincial de ideas para la puesta en valor del histórico complejo balneario. Según detalló, la novedad no es solo el concurso en sí, sino el método: planificación, participación profesional y una mirada integral sobre un espacio que siempre fue tan estratégico como conflictivo. La consigna es amplia –urbana, ambiental, paisajística, turística– y busca esquivar soluciones parciales en un lugar donde cada decisión suele generar ruido.

 

 

El espacio de Mogotes es foco de otro conflicto, actualmente judicializado, entre la Provincia y la comuna que pretende la municipalización del complejo, el traspaso lisa y llanamente, algo que en el Ejecutivo bonaerense no está en los planes de nadie. En cuanto al proyecto en el que se está trabajando, pone el foco en el parque urbano y el sistema de lagunas, zonas clave del espacio público que durante años quedaron en segundo plano. Revalorizarlas, integrarlas y hacerlas más accesibles aparece como una señal de época y también como un gesto político. Por ahora no hay fechas ni bases públicas, pero sí una coincidencia: antes de tocar, hay que pensar. En Mogotes, donde las urgencias suelen ganarle a los planes, el simple hecho de abrir un concurso ya marca un cambio de clima. Después, vendrá lo más difícil: qué ideas se eligen y quién decide.

 

 

El estrecho colaborador del intendente de Mar Chiquita aprovechó para invitar a todos a la 24ª Fiesta Nacional de la Cerveza Artesanal, que este año va del lunes 16 al lunes 23 de febrero en Santa Clara del Mar y que promete alcanzar récord de público, dijo, a partir de los recitales gratuitos que allí habrá. “Ocho noches, entrada gratis y un escenario que mezcla nostalgia rockera, reggae, cumbia y murgas para todos los gustos”, dijo, copando la escena. Se estableció, a partir de lo que contó con lujo de detalles, que el arranque, el lunes 16, será bien identitario: Noche de Murgas, color local para abrir el juego. El martes 17 llegan Los Abuelos con el Gato Azul Peralta y Gringui Herrera, sosteniendo el legado de Miguel Abuelo. El miércoles 18, turno de Nonpalidece, que en 2026 festeja nada menos que 30 años de reggae nacional. El jueves 19 sube Javier Calamaro, nombre probado para varias generaciones, y el viernes 20 será rock con historia y aguante: La Mancha de Rolando.



“El fin de semana se pone bien popular: sábado 21, Antho Mattei; domingo 22, Los Totora y cierre bien arriba, el lunes 23 con Antonio Ríos, garantía de pista llena aunque sea al aire libre”, acotó en su encendida promoción de la Fiesta. La sede vuelve a ser la Rotonda del Viejo Contrabandista, con patio cervecero, gastronomía, feria y todo lo que ya convirtió a la fiesta en un clásico del calendario estival. La grilla se terminó de cerrar tras reuniones entre cerveceros locales, la comisión y el delegado Fabián Jacquet, que esta vez apostó fuerte a nombres conocidos para asegurar convocatoria. Traducción política del pasillo: cerveza fría, escenario caliente y una semana entera de Santa Clara llena. Después, que nadie diga que no avisaron.

 



No todos los días El País de España mira hacia la Argentina y, en lugar de detenerse en la política o la economía, se deja llevar por Borges. Mucho menos cuando el epicentro no es Buenos Aires, sino Mar del Plata. Pero pasó. Y no es un detalle menor. A pocos meses de cumplirse 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges, el diario español publicó una extensa nota sobre un libro que rescata sus clases “perdidas” de literatura inglesa y norteamericana, dictadas en 1966 en la Universidad Católica de Mar del Plata. Borges, ya ciego, viajando en tren cada quince días desde Buenos Aires para hablar de Shakespeare, Stevenson, Swift y Chesterton ante un puñado de estudiantes marplatenses. Casi una escena de ficción… borgiana.

 

 

El dato que en la ciudad debería leerse con orgullo es otro: el trabajo que permitió recuperar esas clases fue realizado por una investigadora marplatense, Mariela Blanco, profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata e investigadora del Conicet. Fue ella quien, con paciencia de orfebre y método casi detectivesco, reconstruyó las transcripciones de aquellas lecciones, salvadas del olvido gracias a exalumnas que, medio siglo después, todavía conservaban los textos. El País destaca no solo el valor literario del material, sino el tono íntimo de ese Borges profesor, más cercano, más conversado, menos solemne. Y sin decirlo explícitamente, vuelve a poner a Mar del Plata en el mapa cultural grande: no como postal turística, sino como escenario de una historia intelectual de alto voltaje. En tiempos en que la universidad pública y la investigación científica suelen ser tratadas como gastos incómodos, conviene subrayar el dato: sin una docente marplatense, sin archivos, sin memoria académica y sin años de trabajo silencioso, este Borges no existiría. Ni en España, ni acá. A veces, el prestigio llega por caminos laterales. Esta vez, llegó en tren, con Borges, y volvió en forma de libro. Y lo contó El País.

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