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Opinión 24 de agosto de 2026

La metamorfosis del ladrillo: IA y desregulación redefinen el mercado inmobiliario argentino

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foto ilustrativa

Por Adrián Cangiano

El proyecto oficial para desregular la actividad y la irrupción de startups virtuales desafían el rol de las inmobiliarias tradicionales, impulsando una transición hacia la digitalización total y el uso de inteligencia artificial.

El mercado inmobiliario argentino se encuentra ante un cambio de paradigma estructural que combina una agresiva agenda de desregulación estatal con el desembarco masivo de la Inteligencia Artificial (IA).

En la actualidad, startups como Mob.ar, Bullano y Roomix ya se encuentran operando en una suerte de vacío legal técnico, desafiando de forma directa las estructuras del corretaje inmobiliario convencional a través de plataformas completamente virtuales y algoritmos de última generación.

El nuevo marco legal de Sturzenegger

El proyecto impulsado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, propone una transformación profunda: eliminar los requisitos históricos para el ejercicio del corretaje, exigiendo únicamente la mayoría de edad y el título secundario completo, lo que suprimiría la obligatoriedad de la matrícula profesional y las exigencias de los colegios inmobiliarios.

Lo más disruptivo de la iniciativa es que habilita expresamente el uso de plataformas digitales y entornos virtuales para prestar servicios que antes eran exclusivos de personas físicas matriculadas. Esto incluye facultades clave como realizar tasaciones, solicitar informes registrales y otorgar garantías en las operaciones.

Bajo este esquema, la inmobiliaria deja de definirse por un local físico o un profesional colegiado para convertirse en un proveedor de servicios tecnológicos que compite en igualdad de condiciones en un mercado de libre fijación de honorarios.

La avanzada tecnológica en acción

En este escenario de desregulación, diversas startups ya están redefiniendo por completo la experiencia del usuario:
Mob.ar: Esta plataforma permite concretar alquileres en apenas 72 horas mediante suscripciones de costo fijo que eliminan las comisiones tradicionales. Utiliza IA para validar identidades y calificar crediticiamente a los inquilinos, posibilitando que los dueños directos cierren contratos con firma electrónica y sin intermediarios físicos.
Bullano: Se posiciona como el primer buscador inmobiliario con IA conversacional. A diferencia de los portales con filtros rígidos, permite a los usuarios buscar propiedades usando lenguaje natural (por ejemplo: “un PH luminoso con patio”), interpretando intenciones y contextos mediante procesamiento de lenguaje natural (PLN).
Roomix: Utiliza tecnología para analizar cientos de miles de publicaciones, evaluando factores “blandos” como la luminosidad y el entorno de las propiedades a través de datos y planos.

Esta tendencia convive con gigantes consolidados como Zonaprop, que emplea IA para hiper-personalizar recomendaciones, y modelos como Pulppo, una red colaborativa que asiste y potencia a los agentes con herramientas tecnológicas en lugar de reemplazarlos.

Interrogantes sobre la seguridad y el nuevo rol del agente

Esta profunda apertura genera debates en torno a la seguridad jurídica, especialmente respecto a quién asumirá la responsabilidad ante eventuales irregularidades en tasaciones o fallas en los contratos gestionados por plataformas digitales. El Gobierno apuesta a que la transparencia de los datos y la competencia regulada por la reputación digital de las propias plataformas constituyan el nuevo marco de confianza para el sector.

Lejos de implicar la desaparición del agente de carne y hueso, los analistas proyectan una profesionalización técnica. La IA asumirá las tareas administrativas y repetitivas –como redactar descripciones de inmuebles o agendar visitas–, obligando a las inmobiliarias a transformarse en asesores estratégicos enfocados en el valor humano y la resolución de conflictos complejos.

El verdadero desafío para el sector tradicional no radica en la tecnología en sí, sino en su propia resistencia a adaptarse a modelos hiper-escalables donde la “inmobiliaria” del futuro podría terminar siendo, simplemente, un agente de IA disponible las 24 horas en el bolsillo del cliente.