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Arte y Espectáculos 10 de noviembre de 2019

La Orquesta Sinfónica RTV Eslovenia con Mischa Maisky en el Ciclo Nuova Harmonia

El análisis de Eduardo Balestena, sobre el concierto Orquesta Sinfónica RTV Eslovena con la actuación solista de Mischa Maisky en cello, que se concretó el viernes en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.

por Eduardo Balestena

.Orquesta Sinfónica RTV Eslovenia
.Director: Raoul Grüneis
.Solista: Mischa Maisky, violoncello
.Ciclo Nuova Harmonia
.Teatro Coliseo, Buenos Aires, 8 de noviembre, hora 20,30.
El prestigioso ciclo de Nuosa Harmonia presentó a la Orquesta Sinfónica RTV Eslovena con la actuación solista de Mischa Maisky en cello.

La Obertura de la ópera La novia vendida, opus 3, (1866) de Bedrick Smetana (1824-1884) fue la primera obra del programa. Desde este comienzo –la introducción, después de una figura inicial, de un motivo de fuerte potencial, rítmico y extenso en los segundos violines que pasa a la orquesta que, a la manera del Scherzo de la Sinfonía Eroica de Beethoven, también con una figura rítmica que se reitera cuatro veces antes de la aparición del motivo central- tiene como función la de sembrar expectativa hasta el estallido de bello motivo principal en el primer tutti orquestal, la Orquesta Eslovena mostró su impronta: tempos vivos, una cuerda –dividida entre primeros violines a la izquierda y segundos a la derecha del podio- colorida, homogénea, de acentos muy definidos y absoluta precisión y sentido virtuosístico en el abordaje de las obras.

El Concierto para violoncello y orquesta, en la menor, opus 129, (1850) de Robert Schumann (1810-1856) fue la segunda obra. Ejecutado por primera vez en 1860, es decir, después de la muerte del compositor, responde a la idea del romanticismo temprano de plantear el tema inicial sin introducción, la cual se consideraba un gesto clásico, y plantea una concepción muy libre de la forma: más que un concierto es una rapsodia donde la idea central es concebir el material dentro de una transformación motívica donde surge, explora las posibilidades tímbricas del instrumento y fluye libremente en un continuum no dividido en los movimientos tradicionales. Como un anticipo de obras posteriores, como el concierto de Dvorak, la obra explora el cantábile del cello, sus inflexiones y la posibilidad de lograr una amplia gama de matices dentro de un melodismo libre, flexible y hondamente expresivo. Una de sus particularidades es la de notas dobles en la sección central –Adagio Langsdam- que se abre a las posibilidades armónicas del instrumento.

Con un sonido algo más chico y difuso que el logrado por los instrumentos modernos, dueño de un dominio absoluto sobre los aspectos formales y expresivos, el solista brindó una interpretación que permitió apreciar ampliamente la riqueza de la obra, en todos sus aspectos: uno de ellos es el relieve cercano al final, donde, brevemente, el instrumento solista va cruzado con la orquesta.

Las dos últimas variaciones de las Variaciones sobre un tema rococó (1876) de Piotr Illich Tchaicovsky (1840-1893) fueron el primer bis, en la oportunidad por parte del solista junto con la orquesta: un lenguaje y un diálogo muy diferente: en paridad de solista y orquesta que ya no es un soporte sonoro del instrumento cello. Le sucedieron como bises el Prelude de la suite nto. 2 en re menor y el Prelude de la suite nro. 1 en sol mayor para cello solo de Johann Sebastian Bach, en ésta última fue dable apreciar el particular enfoque del solista: un tempo rápido y acentos motivicos detenidos que dan intensidad al primer elemento de la frase para llegar al siguiente de manera muy suave y seguir trabajando el discurso dando relieve a la continuidad.

Formado con Mstislav Rostropovich y Gregor Piatigorsky, con una muy extensa carrera internacional, luego de haber padecido el rigor de ser condenado en Rusia a trabajos forzados, con el consiguiente temor de no volver a tocar, Mischa Maisky, con su singular personalidad y carisma, es uno de los más destacados instrumentistas del mundo y su interpretación deja muy en claro las razones de ello.

La Sinfonía nro. 4, en mi menor, opus 98 (1885), de Johannes Brahms (1833-1897) fue interpretada en la segunda parte del programa.

Las cuestiones interpretativas a destacar fueron varias: un tempo rápido y una acentuación ya posible de advertir en la sección de inicio: un motivo basado en un intervalo ascendente y descendente, sincopado, en forma de pregunta y respuesta –las secciones de pregunta y respuesta en un motivo que va y viene, en sinfonías como las de Brahms y Bruckner, parecen herederas de la Sinfonía La Grande, de Schubert, que plantea esta dialéctica- , donde el acento se enfatizó claramente en el ataque inicial que, en un tempo vivo, hizo resaltar todavía más dicha acentuación.
El concepto de relieve en un tempo vivo hizo a la obra más compacta. Sin embargo, aun en un tempo como el utilizado, la claridad en los timbres no disminuyó por la mayor velocidad y la melodía pasó en distintos momentos, de la cuerda a las maderas, con una diafanidad total. En lugares como el tema con variaciones del segundo movimiento –Andante moderato- lució la belleza de los timbres de maderas y metales.

El tercer movimiento, Allegro giocoso, una forma rondó, cobró particular relevancia el carácter vivo y compacto de la interpretación, donde el requerimiento de ajuste es mayor.

También la claridad, vigor, flexibilidad y dulzura de los timbres fueron las características destacadas de último movimiento, Allegro enérgico y passionato, escrito en forma de passacaglia, donde sobre un motivo de cellos y bajos se desarrollan un total de treinta y cinco variaciones de distinto carácter y colorido.

La orquesta hizo dos bises, uno correspondió a una suite de un compositor esloveno y la segunda fue la Obertura de Poeta y Aldeano, de Franz Von Suppé (1819-1895) que permitió apreciar el manejo orquestal en un material muy melódico, con amplios glissandos y pasajes de cuerdas divididas en intervalos próximos, a la manera de danzas campesinas, material que aparece separado por un extenso y muy bello solo de cello que conduce a la segunda parte del desarrollo.

Solista, director y orquesta de los niveles técnicos y expresivos más elevados son los que presentó Nuova Harmonia. El maestro Raoul Grüneis, de una evidente solvencia y experiencia, con una carrera internacional extensa y de gran reconocimiento, brilló, en el carisma además de su cálida presencia, junto a una orquesta virtuosa.

Destacaron especialmente Igor Mitrovic (cello), Irena Kavcic (flauta), Irmgard Andrei Krajter y Nina Tafi (oboes), Juri Hladnik (clarinete), Bostjan Lipovsek (corno), la línea de metales y Petra Vidmar (percusión).