Policiales

La policía que sabía lo que arriesgaba pero cometió dos asaltos y terminó condenada

La Justicia le aplicó una pena de 9 años de prisión a Evelin Santamarina, una oficial de policía que utilizó en al menos dos ocasiones su condición para cometer violentos asaltos junto a cómplices.

 

Por Fernando del Rio

“Yo tengo mucho para perder, pero sinceramente no puedo jugar con esto, la gente está lista y yo también”. La oficial de policía Evelin Santamarina sabía del riesgo que corría y pese a ello no se detuvo. Además de esa frase, a su amiga Lidia Nafad, la mujer policía le prometió mucho dinero si le prestaba el auto porque tenía que ir a Balcarce a robar 50 mil dólares. Pero todo lo que tenía que perder lo perdió y en las últimas horas tanto ella como su amiga fueron condenadas.

En un juicio abreviado que avaló el juez Gustavo Fissore, Santamarina recibió la pena acordada de 9 años de prisión, no solo por ese asalto en Balcarce sino también por otro similar que perpetró solo una semana después en el barrio Los Acantilados. Nafad fue condenada a 3 años de prisión en cumplimiento condicional por haber aportado el automóvil aunque ella el tiempo aseguró que no sabía para qué lo iba a usar su amiga.

El acuerdo fue impulsado por el fiscal Mariano Moyano luego de obtener contundente prueba en los dos casos contra Santamarina, quien aun cuando sabía que arriesgaba su trabajo y su libertad, no dudó en usar su condición de policía para engañar a las víctimas. “Es el día de hoy que no se puede entender cómo esta persona ingresó a la policía. Tiene un hermano preso por robos calificados, tenía vínculos con ladrones conocidos… Un simple informe socio ambiental de familiares y amistades habrían desaconsejado su incorporación a la policía”, reveló una fuente consultada por LA CAPITAL.

El primero de los casos se produjo el 22 de octubre de 2018 en la localidad de Balcarce, hasta donde Santamarina y otro hombre, también con el uniforme policial colocado, llegaron hasta una casa de calle 27 entre 16 y 14. Golpearon la puerta y del interior asomó una mujer, que no sospechó nada mal por tratarse de policías quienes llamaban. Sin embargo de forma repentina la pareja la empujó, la ingresó al interior y luego, ya con un tercer delincuente, la despojaron de una suma menor a 5 mil pesos. Mucho menos que lo que Santamarina le había dicho a su amiga Nafad el día anterior.

“Quédate tranquila mañana vamos a ver a esta gente así te quedas tranquila es un trámite sino no me arriesgo, yo tengo mucho para perder, pero sinceramente no puedo jugar con esto, la gente está lista y yo también”, le dijo Santamarina por mensaje y luego le mostró una captura de pantalla con la siguiente frase: “para el lunes tiene que ser de día, 50 mil dólares, ok yo capas tenga mi música, capas estoy viendo eso, ok Néstor tiene música”.

Pero esos 50 mil dólares no existían y Santamarina junto a sus cómplices se debieron conformar con mucho menos. Antes de irse agregaron ampliaron el botín: desvalijaron la casa. Se llevaron desde un televisor hasta la alianza de compromiso de la víctima, una mujer de 67 años.

La huida la hicieron en el automóvil Peugeot 308 de Nafad, cuya patente quedó registrada en las cámaras de seguridad balcarceñas. Ese dato fue clave para que el fiscal Rodolfo Moure, de la fiscalía Descentralizada de Balcarce, pudiera ubicar en primera instancia a su dueña, quien resultó ser Nafad. Análisis posteriores del teléfono celular revelaron los mensajes y Santamarina en noviembre fue detenida.

El otro robo

El 30 de octubre, apenas 8 días más tarde, una mujer llamó a la puerta de una casa del barrio Los Acantilados, en Jorge Newbery y calle 493. Cuando fue atendida por el dueño solicitó si le podían llenar el bidón con agua para su automóvil porque había tenido un desperfecto.

En momentos en que el solidario hombre estaba por entregar el agua, tres delincuentes entraron por los fondos y lo redujeron al grito de “¡policía, al piso!”. En realidad se trataba de los cómplices de la mujer, quien abandonó su rol de automovilista en problemas para pasar a ser una más de la banda de asaltantes.

Ya dentro de la casa uno de los delincuentes, que estaba armado, le efectuó un disparo a la esposa del hombre, pero el proyectil impactó en un mueble. La ladrona advirtió que había cámaras de seguridad y ordenó que se robaran al DVR (dispositivo de memoria), lo que integró el botín junto con una computadora, un teléfono, bijouterie, una tablet y una escopeta calibre 12 de doble caño.

La Policía Científica que trabajó en el lugar horas más tarde recuperó una vaina y el proyectil disparado, pero la investigación no tenía muchos más datos.

Sin embargo, cuando el diario LA CAPITAL publicó el 27 de noviembre la detención de Santamarina y Nafad por el robo de Balcarce, una de las víctimas de Los Acantilados se detuvo a observar la foto del artículo. Allí solo se veía de espaldas a Santamarina, pero no hubo dudas: para la pareja era la misma mujer que les había pedido agua para el auto.

El fiscal Mariano Moyano, que intervenía en el hecho de Mar del Plata, cotejó la vaina y el proyectil secuestrado con el arma reglamentaria de Santamarina (quien solo estaba detenida por el hecho de Balcarce) y comprobó absoluta compatibilidad. El disparo en la casa de Los Acantilados fue efectuado por la pistola de Santamarina, quien evidentemente se la había “pasado” a su cómplice.

Con semejante prueba y para evitar el esfuerzo de un juicio oral, la fiscalía y la defensa de ambas mujeres propusieron alcanzar un acuerdo. Así, entonces, Santamarina fue condenada por ser coautora de robo cuádruplemente agravado por su comisión en lugar poblado y en banda, por el empleo de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no se tuvo por acreditada, de arma blanca y por ser ejecutado por un funcionario policial y de robo quíntuplemente agravado por su comisión mediante escalamiento, por el uso de arma impropia, por su comisión en lugar poblado y en banda, por el uso de arma de fuego apta para el disparo y por ser ejecutado por un miembro integrante de la fuerza policial.

Nafad, en tanto, acordó una pena condicional por ser partícipe secundaria del delito de robo triplemente agravado por su comisión en lugar poblado y en banda, por el empleo de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no se tuvo por acreditada y de arma blanca.

 

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