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Opinión 27 de julio de 2026

La psicología del pensamiento colectivo (acerca del grupo de pertenencia, el malentendido y la profecía autocumplida)

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por Alberto Farías Gramegna (*)

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“Si las personas definen las situaciones como reales, serán reales en sus consecuencias”- W.I Thomas y D.S Thomas.

La psicología del pensamiento colectivo es una disciplina que cabalga entre la Psicología Social y la Sociología, anclada en la “tribu de pertenencia”, muestra cómo el solo hecho de pensar grupalmente en algo tiende a “confirmar” su existencia. Es el poder mágico de las ideas cuando están atravesadas por la mística del afecto compartido y la emoción elemental de la horda primitiva, alejada de la razón analítica que intenta descentrarse para apenas rozar modelos hipotéticos de la cosa en sí, el existente.

Un tremendo y dramático “malentendido”, que muchas veces en la Historia ha producido enormes tragedias. Este malentendido es fundamental porque no solo se asienta en los fundamentos de una red de creencias autoreforzadoras de su propia lógica, sino que a la vez crea constantemente nuevos fundamentos a manera de confirmación de aquellas creencias, utilizando la dinámica de la “profecía autocumplida”.

Creer para ver: el sesgo de confirmación y la profecía autocumplida

En el momento en que miramos la cosa transformamos lo “existente” (objeto en sí) en “objetivante” (objeto para mí) y por tanto en un algo que será interpretado por nuestra subjetividad y será investido, en ese acto, por nuestras proyecciones cognitivas y afectivas. Por tanto, si actuamos con arreglo a una determinada creencia -como el ejemplo del Teorema de Thomas de la “profecía autocumplida” respecto de la falsa versión de un banco en riesgo de quiebra- finalmente es probable que lo que imaginamos se confirme por efecto de un direccionamiento reactivo ante lo que originalmente no existía.

Pero el problema es que en el acto de percibir se crea espontáneamente un “malentendido fundamental” con nosotros mismos: creemos que lo objetivo es lo existente, es decir confundimos lo percibido con la esencia de la realidad real (accesible solo parcialmente a través de un esfuerzo crítico intelectivo).  Esa confusión hace que creamos que lo que pensamos de lo que vemos y conocemos es “la única verdad” porque es justamente la ilusión de la objetividad fundida con la existencialidad de la cosa. Sin embargo, la existencialidad de la cosa es susceptible de múltiples objetividades como sujetos percipientes haya.

Ahora bien, el caso de los grupos identitarios basados en una ideología es una constante en la vida social del hombre. Vale decir que con frecuencia los sujetos pueden edificar una ideología común y por tanto participar de una seudo “objetividad grupal”: es el caso de los grupos ideologizados, sectorizados que tienden al pensamiento único. 

Ellos al ver todos “lo mismo” por efecto del marco interpretativo doctrinal corporativo y significarlo de la misma manera refuerzan la ilusión de la coincidencia de la “realidad real” (el objeto “existente” en sí) con la realidad subjetivada (el objeto “objetivante” para mí). Es lo que se conoce como “sesgo de confirmación”, a partir del “sesgo de disponibilidad”: solo vemos lo que seleccionamos de entre lo disponible. Para quien solo tiene un martillo, todo tiene forma de clavo.

Los lentes del pensamiento: las ideologías

Una ideología es un sistema de pensamiento del mundo, coherente y congruente en torno a una escala única de percepción axiológica socio-cultural omniabarcativa y permanente, con independencia de los hechos objetivos en sí, que genera creencias ético-morales y objetos idealizados. Desde luego, -y esto es importante puntualizarlo- no toda percepción puntual o pensamiento reactivo a un estímulo objetivo es ideológico, como erróneamente se dice con frecuencia. La ideología pues antecede al acto perceptivo, lo orienta y lo modela con arreglo a una creencia previa. Las hay políticas, sociales, culturales, religiosas, ecológicas, estilo-vitalistas, etc. 

Cuando estas creencias se cristalizan a pesar del cambio de los contextos y los sistemas, es la negación de la realidad concreta la que toma el comando del ser, dando paso a los “fundamentalismos ideológicos” o “ideologismos”, que no se sostienen en el cambio de las señales exteriores sino en un dogma sacro abonado por la fe, en cualquier nivel de la actividad humana.

El recordado filósofo Antonio Escohotado define la ideología como una “distracción” y una “apariencia de saber” que equivale a “creer antes de ver”. Así, los dogmas -por ejemplo, sean estos filosóficos, políticos, sociales, etc.- “impiden el pensamiento crítico, alejan a las personas de la realidad y funcionan como sistemas basados en el miedo”. Entonces -concluye el autor- “la ideología sustituye la observación empírica por dogmas previos, volviéndose incompatible con la búsqueda sincera de la verdad.”

Así lo gregario potencia lo ideológico. Es finalmente el poder mágico de las ideas, decíamos en el inicio de este artículo y, por tanto, un componente inevitable -y en constante tensión y conflicto con su contario, la razón empírica- de la psicología del pensamiento colectivo.

(*) Psicólogo organizacional. (UBA-UNMDP) Consultor en RRHH. Profesor invitado Universidad de Murcia.