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Provincia 31 de julio de 2026

La Rambla se hace esperar, pero volverá a brillar

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Por Gabriel Katopodis (*)

Cada vez que recorro la Rambla de Mar del Plata pienso lo mismo: no hay otro lugar en la Argentina donde el paisaje, la historia y la vida cotidiana de una ciudad se crucen de esa manera. Por eso, cuando en 2025 anunciamos que íbamos a intervenirla con una renovación integral, por primera vez desde su construcción en 1938, sabíamos que sería una de las obras más emblemáticas, en términos patrimoniales e históricos, para la provincia. Y sabíamos también que iba a exigirnos paciencia.

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Entiendo la ansiedad de los marplatenses y de quienes eligen esta ciudad cada temporada. Ver un cerco, un sector demorado o una tarea que se repite genera, lógicamente, la pregunta de por qué no avanza más rápido. Quiero ser honesto: una obra de estas características no se puede evaluar bajo el prisma de la simple colocación de baldosas.

Cada cateo reveló lo que no se ve a simple vista: estructuras que necesitaban consolidación inmediata, redes de agua, cloacas y electricidad interferidas entre sí, e impermeabilizaciones originales completamente obsoletas que, de no rediseñarse, hubieran comprometido la obra en pocos años. A eso se suma el clima costero, que impone ventanas muy acotadas para el fraguado de morteros y tratamientos de impermeabilización: hacerlo fuera de esos rangos técnicos sería resignar durabilidad a cambio de velocidad, y esa no es una opción cuando hablamos de un Monumento Histórico Nacional.

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Además, a diferencia de una obra convencional en un predio cerrado, la Rambla nunca dejó de ser el centro social y turístico de la ciudad. Elegimos habilitar sectores terminados de manera anticipada para no asfixiar la temporada, sabiendo que eso también implica volver sobre superficies ya intervenidas cuando el uso masivo las desajusta.

Pero el cuidado de un espacio público recién restaurado no depende únicamente de la obra: depende también de cómo lo mantenemos entre todos y todas cuando la obra finaliza. Es decir, la falta de mantenimiento urbano intensivo, la iluminación fuera de servicio o el uso irregular de las recovas son variables que exceden a la Provincia y que necesitan del compromiso constante de las autoridades locales para que lo restaurado se sostenga en el tiempo. El ejemplo a seguir debe ser la Casa sobre el Arroyo, que también restauramos durante nuestra gestión en el Ministerio de Obras Públicas de la Nación.

Con todo esto dicho, la obra sigue firme, con sus dos etapas en marcha y una inversión provincial que llega casi a 23.000 millones de pesos, en tiempos de asfixia económica del Gobierno nacional sobre la Provincia de Buenos Aires. Sé que la Rambla se está haciendo esperar. Pero también sé, porque veo a la obra avanzar semana a semana, que va a volver a brillar como el símbolo que nos identifica como argentinos y marplatenses.

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(*) Ministro de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires