Policiales

La resignación ante el incremento del delito tiene forma de calcomanía

Vecinos de todos los barrios de Mar del Plata establecen cada vez más seguido una suerte de muralla simbólica de comunicación anticipada con los delincuentes. Advertencias e información para desalentar los robos.

Por Fernando del Rio

El delito urbano está en aumento en las grandes ciudades, porque en todas ellas explotaron las periferias y la cuestión socioeconómica acumulada durante años tuvo un efecto devastador. Es el denominado delito de predación, de oportunidad, el que es cometido por motochorros, por asaltantes que apelan a cualquier tipo de violencia y ante cualquier tipo de víctima. Que azotan tanto zonas comerciales, como también vecindarios humildes.

Ese incremento de robos convierte a la gente tranquila en gente desesperada y temerosa, resignada. De eso se trata la inseguridad palpable y la otra, la sensación de inseguridad, la que se manifiesta en personas que no fueron víctimas, pero que saben que pueden serlo de un momento a otro. Es un cóctel al que se le agrega el último ingrediente: la desconfianza en las instituciones.

En los últimos tiempos se ha notado que los ciudadanos de bien en Mar del Plata han recurrido, por más inverosímil que parezca, a comunicarse por anticipado con los delincuentes. Lo hacen por medio de distintos mensajes que intentan persuadir a ladrones, asaltantes, arrebatadores, punguistas, motochorros o mecheros de pensarlo bien antes de actuar.

Un antecesor de este método es el recordado “No tengo estéreo” de los años 90, cuando el objeto a robar por los delincuentes eran los reproductores musicales. Pero eran otros tiempos, muy distintos a los actuales, en donde todo es robable y todo debe ser protegido por sus dueños.

Las llaves, otros de los objetos buscados por los delincuentes.

Es cada vez más común observar ventanillas y lunetas de automóviles con la calcomanía “Sin auxilio”, porque resulta que se ha puesto de moda robar la quinta rueda de los autos. Frente a la pasividad de las autoridades (no es tan difícil de determinar el camino por el que se hace rodar a ese neumático para meterlo en el mercado negro), el automovilista avisa para que no le rompan las cerraduras en busca de lo que, increíblemente, dejan en sus casa.

Porque se ha llegado al extremo de prescindir del auxilio y rogar a que la pinchadura no sea en un punto muy lejanos, cuestión que pueda resolverse con un remís o algún amigo solidario.

Las llaves

Tal como se observa con la rueda de auxilio, ahora se ven algunas otras calcomanías en los autos, aunque una de ellas llama la atención: “Me bajo del auto con mis llaves” dice el mensaje, alertando al ladrón que no dañe por nada el vehículo.

Desde 2023 se han denunciado muchos robos en viviendas luego de que a las mismas víctimas les sustrajeran “pertenencias” del interior de su vehículo. La modalidad se repite con frecuencia y ya es parte del universo del hampa. Los ladrones revuelven guanteras y otros espacios internos donde la gente, en su descuido, deja las llaves. Luego buscan alguna factura o documentación que tenga la dirección de la casa. Es cierto que porcada robo en la vivienda que termina consumando hay decenas de robos dentro de autos que no conducen a nada, incluso cuando se llevan las llaves. Pero por las dudas, hoy la gente ya conoce esa metodología y avisa.

Otras calcomanías o carteles en las casas o los comercios anuncian que el perro muerde, que ese alambre no se toca porque electrocuta, que te estamos filmando, que la alarma es comunitaria y que los vecinos están organizados.

Precisamente, en algunos barrios marplatenses la escala de los mensajes aumenta al tamaño de pasacalles, como aquel que colocaron los vecinos del barrio Félix U. Camet y que fue muy explícito: “Atención Chorros, dedíquense a otra cosa, acá estamos organizados”.

La comunicación anticipada entre quienes se sienten potenciales víctimas y los delincuentes amplia cada día más su espectro. También se juega en las redes sociales, donde los barrios tienen sus propios perfiles y advierten que no tendrán contemplaciones con aquellos que lleguen a robar a sus territorios.

Desde el “Sin auxilio” hasta advertencias sobre llaves domésticas, estos mensajes exponen una sociedad que, ante la pasividad estatal, intenta pactar de antemano con su agresor para minimizar daños. Esta proliferación de carteles, pasacalles y advertencias vecinales funciona, o se guarda la esperanza de que funcione, como una precaria muralla simbólica.

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