Menos turistas, estadías más cortas y un dato que incomoda: ocho de cada diez visitantes ya no se alojan en hoteles. Enero dejó números que desarman el libreto clásico del verano marplatense y exponen un cambio de modelo que va mucho más allá del clima.
Por Marcelo Pasetti
X: @marcelopasetti
Enero volvió a poner a Mar del Plata en el centro de la escena turística, aunque esta vez la imagen estuvo lejos de la postal clásica. No fue un desastre, tampoco un éxito para festejar. Fue, más bien, una temporada que obliga a afinar la mirada y abandonar los relatos cómodos.
Según estimaciones del sector turístico, durante enero llegaron a la ciudad algo más de 1,2 millones de visitantes, lo que representa una caída interanual cercana al 7 %. El acumulado de la temporada estival, sumando diciembre y enero, superó los dos millones de turistas, pero con una baja del 5,3 % respecto del año pasado.
Mar del Plata sigue liderando el ranking nacional, aunque ya no con la ventaja de otros veranos. La discusión ya no es solo cuántos vienen, sino cómo, dónde y cuánto gastan. Y ahí, la política y la planificación empiezan a quedar en evidencia.
Y ahí aparece un dato que en los despachos oficiales se mira con atención, pero todavía incomoda: ocho de cada diez turistas que llegan a la ciudad no pasan por un hotel.
Se alojan en viviendas propias, prestadas o alquiladas de manera temporaria y llegan, en su enorme mayoría, en automóvil particular. Ese solo número explica buena parte del nuevo escenario: viajes decididos a último momento, estadías más cortas, fuerte dependencia del clima y un consumo más medido.
Apenas el 20 % de los visitantes utiliza alojamiento hotelero, en una ciudad que ofrece más de 45.000 plazas formales.
La trampa sigue siendo mirar solo enero. La temporada real hace rato que dejó de ser lineal. Noviembre fue un mes fuerte, impulsado por eventos y por el fin de semana largo del Día de la Soberanía Nacional, que convocó a casi 160.000 visitantes.
Muchos llegaron antes del pico, se quedaron más tiempo y eligieron una ciudad menos saturada. Un fenómeno que algunos celebran en voz baja en el Palacio Municipal, pero que todavía no termina de convertirse en política pública sostenida.
Con ese nuevo perfil de turista, los números empiezan a marcar ganadores y perdedores claros. El mercado de alquileres temporarios tuvo un desempeño relativamente sólido: la segunda quincena de enero promedió una ocupación del 70 %, con picos del 87 % en el Centro y registros muy altos en Chapadmalal, donde algunas zonas rozaron el 100 %, con un promedio cercano al 90 %.
La ocupación hotelera, en cambio, cerró enero en torno al 60 %, casi diez puntos menos que en 2025. Los hoteles de cuatro estrellas y los boutique resistieron mejor; los de menor categoría quedaron atrapados en una competencia desigual, departamento contra habitación, precio contra estructura.
Estadías y gastos
Las señales también llegaron desde la ruta. Datos de Aubasa muestran que durante la primera quincena de enero circularon más de 100.000 vehículos menos que en el mismo período del año pasado hacia la Costa Atlántica, una caída del 7,2 % interanual. Menos autos, menos turistas, estadías más cortas y gasto más cuidadoso.
El impacto se sintió en otros rubros sensibles. En el teatro, productores estiman que la temporada cerrará con alrededor de un 15 % menos de espectadores que la anterior. Por la menor afluencia turística y por un público que ya no consume por reflejo, sino con calculadora en mano.
En paralelo, crece un perfil que todavía no termina de entrar en los informes oficiales: el nómade digital.
Visitantes que combinan trabajo remoto con estadías más largas, consumen servicios durante toda la semana y demandan conectividad, infraestructura y reglas claras. Un tipo de turista que rompe la lógica del “verano concentrado” y deja expuesta la falta de planificación urbana y turística de largo plazo.
Todo esto ocurre mientras el contexto macro juega en contra. El dólar bajo volvió más atractivos los viajes al exterior y le quitó competitividad al turismo interno.
En 2025 casi 12 millones de argentinos viajaron fuera del país, un 50 % más que en 2024, un récord que impacta de lleno en destinos como Mar del Plata.
Con todo, la foto que dejó enero es menos épica, pero más reveladora. Mar del Plata recibe más de 8,2 millones de visitantes al año, y casi la mitad lo hace fuera del verano, entre fines de semana largos, eventos, congresos y espectáculos.
La ciudad sigue siendo el principal destino del interior del país en turismo de reuniones, con impacto directo en empleo y actividad económica.
La señal es clara: el turismo ya no puede pensarse solo desde enero ni desde el clima. La discusión es estratégica y estructural. Competitividad, nuevas modalidades de alojamiento, infraestructura, conectividad y modelo de ciudad.
La planificación, la inversión en promoción turística y la mejora del destino en innovación y tecnología son imprescindibles para seguir apostando a un turismo que se va adecuando a las nuevas tendencias del mercado. Porque, en definitiva, la modalidad de hacer turismo ya cambió, coinciden en destacar los especialistas y profesionales del sector.
En Mar del Plata, la temporada dejó los datos sobre la mesa. Ahora falta ver si alguien, más allá de los discursos, está dispuesto a leerlos.