La trágica noche en la Boston y la perturbadora historia criminal que se reveló años después
El intento de asalto a la confitería Boston, en agosto de 1997, terminó en una escena de sangre que conmocionó a Mar del Plata. Durante años la historia pareció clara: dos jóvenes ladrones muertos y un custodio caído en su intento por impedir el robo. Pero el tiempo, una autopsia olvidada y la pericia de los investigadores revelaron una oscura e incómoda subtrama.
Momento en que el cuerpo del custodio Torres es retirado de la confitería Boston.
Por Fernando del Rio
Los hermanos se llamaban Marcelo y Pablo Argenti, y tenían 18 y 14 años. Su madre estaba presa; su padre lo había estado. En la noche del sábado 31 de agosto de 1997 se armaron con una pistola calibre .380 y un revólver 22 y eligieron la confitería Boston de Urquiza y la Costa para cometer un asalto que les reportaría, con seguridad, un buen botín: la Boston era un suceso, su salón recién inaugurado desbordaba de gente y la caja se abarrotaba de dinero.
Todavía no era la medianoche de un día en el que Mar del Plata ya se había conmocionado por el asesinato de un almacenero en Neuquén y Bolívar, y el mundo empezaba a conmocionarse por las noticias que llegaban desde un túnel de París donde a la princesa de Gales, Lady Di, se le iba la vida. Pero el gran impacto en la ciudad todavía estaba por llegar.
Los hermanos Argenti asumieron dos roles bien marcados. El menor, Pablo, debía dirigirse hasta la barra del fondo, donde estaba la caja, y Marcelo cubriría la salida al esperar en la puerta. El objetivo era encañonar a la cajera, encargada de cobrar a los mozos y a las personas que compraban sin quedarse en el salón. Se trataba de una joven que no pasaba los 20 años, hija del dueño de la firma.

El pasillo principal de la Boston con una gran mancha de sangre.
Lo que ignoraban los Argenti era que el hombre que estaba parado a un lado de la caja, justo debajo del gran cartel tipo marquesina con la leyenda “Boston”, era un custodio de seguridad. Tal vez porque la sucursal era nueva -había sido abierta solo un mes antes-, no estaba del todo claro dónde tenía que estar el vigilador, porque lo más recomendable era siempre que se apostara en la puerta principal. Pero no, Juan Torres (32), un buzo táctico de la Armada que agregaba dinero a sus ingresos haciendo estas coberturas adicionales, había decidido quedarse en el mostrador, pegado a la joven cajera.
Y avanzó. Pese a que Torres estaba de civil, el menor de los Argenti se dio cuenta de que era el custodio y lo hizo poner su arma reglamentaria sobre el mostrador. En ese momento, más de 100 personas, entre clientes y mozos, generaban un bullicio que hizo pasar aquella acción inadvertida para todos. O casi todos, porque en una de las mesas el policía de civil Julio Silva, que estaba con su esposa y otra pareja, observó con atención y puso su mano derecha en la pistola que llevaba en su cintura.
Disparos, sangre, muerte
El juez de turno era Ricardo Favarotto, quien había tenido una jornada intensa a raíz del crimen del almacenero Rubén De Tore (57) y por eso se había esperanzado en que la cena familiar del sábado a la noche sirviera para relajarse. Estaba a menos de 1.000 metros de la confitería Boston cuando sonó su flamante teléfono celular Motorola.
—Doctor, véngase urgente. Tenemos dos muertos y varios heridos de bala en la Boston —le dijeron.
Cuando Favarotto, apenas 10 minutos después, llegó a la escena del crimen era todo un gran revuelo. Había dos cadáveres y se estaban llevando en ambulancia a otros dos heridos de gravedad.
¿Pero qué había sucedido? En medio de una situación generalizada de pánico, ataques de nervios, decenas de personas hablando a los gritos, policías tratando de ordenar, Favarotto pudo empezar a reconstruir toda la secuencia. Y retrocedió unos 20 minutos, hasta el momento en que Pablo Argenti, de 14 años, obligaba al custodio Torres a dejar la pistola sobre la barra.
Luego de eso, el menor había apuntado a la joven cajera para pedirle que se apurara en abrir la registradora, pero la tensión y el miedo hizo que la orden no pudiera cumplirse inmediatamente. Entonces, Argenti comenzó a golpear la caja, circunstancia que intentó aprovechar Torres al estirar su mano y tomar de nuevo la pistola. Pero el adolescente fue más rápido y le efectuó un disparo a quemarropas.

Personal policial revisa las tres armas secuestradas en el lugar.
Al percatarse de esto, el mayor de los Argenti, el que estaba en la puerta, efectuó con su revólver 22 algunos disparos contra el cartel de Boston ubicado sobre la barra y eso le dio lugar al policía Silva a entrar en acción. Tomó su arma de la cintura y apretó el gatillo: un proyectil impactó en la cabeza de Pablo Argenti y otro en el pecho del hermano, Marcelo. En medio del tiroteo, una bala rebotó en una columna e hirió a un cliente llamado Alfredo Méndez, quien sufrió una lesión medular que le habría de dejar secuelas permanentes.
Casi en ese mismo instante en que el juez Favarotto se enteraba de los detalles del frustrado asalto y mientras se preguntaba cómo dos hermanos tan jóvenes habían llegado de noche al lugar, armados, y cómo tenían pensado escapar si les salía bien la jugada, arribó el padre de ambos. Jamás se pudo saber cómo supo tan rápido. Hubo quienes sospecharon que tuviera algo que ver con el robo, pero jamás se confirmó su participación o conocimiento previo.
Marcelo Argenti, de 18 años, falleció en la confitería, al igual que Torres, mientras Pablo, con un disparo en la cabeza, fue llevado al Hospital donde murió al día siguiente, a las 11 de la mañana.
La investigación y la sorpresa
Silva fue el único detenido, aunque unos días después obtuvo el sobreseimiento definitivo porque se estableció que no había actuado de manera negligente. Por el contrario, que al abatir a los hermanos cuando éstos aún usaban sus armas redujo las posibilidades de una matanza. En cuanto a la herida sufrida por el cliente, se estableció que había sido causada por un proyectil salido del arma del policía. Sin embargo, esto no configuró ningún delito, ya que hubo ausencia de dolo y culpa. De hecho, Silva, que revestía en la División Sustracción de Automóviles, fue condecorado por la Unidad Regional a raíz de su acción valiente y arrojada.
Las operaciones de autopsia echaron luz sobre las heridas de bala, pero también entregaron un dato revelador sobre el custodio Torres que recién cuatro años más tarde sorprendería a todo el poder judicial, a investigadores y a policías al reabrirse una causa archivada.
Todo salió a la superficie cuando el juez Jorge Peralta, en el segundo semestre de 2001, decidió abrir un expediente que había sido cerrado en 1997 por no lograrse avances en la prueba hacia alguna hipótesis. Se trataba del asesinato de Sergio Segura (28), quien 50 días antes de la noche sangrienta en la Boston había sido interceptado por un hombre cuando estaba con su novia dentro de su Renault 9 en Mansilla y Félix U. Camet. El presunto asaltante descendió de un Ford Sierra -según lo reconoció la mujer- y lo que parecía ser solo un intento de robo terminó con Segura muerto de un disparo y su novia herida en una pierna por el mismo proyectil. Luego se dirigió a un descampado donde arrojó el cuerpo y abusó de la joven. Durante el ataque el asesino había reconocido a Segura (“¡Qué sorpresa se va llevar tu papá cuando vuelva del agua”!) y eso desconcertó a los investigadores.
El detalle de la autopsia
La mujer, de 19 años, describió al violador y asesino, pero le agregó una característica singular: presentaba verrugas en sus genitales.
El juez Peralta relacionó eso con otra violación en similares circunstancias que había ocurrido unos meses antes, el 8 de marzo de 1997, cuando una pareja, en el mismo sector de la costa, fue asaltada por el conductor de un Ford Sierra. El hombre, a diferencia de Segura, tuvo la suerte de no ser asesinado, pero la joven mujer fue abusada y pudo relatar que el violador tenía verrugas genitales muy notorias.

El vehículo de Sergio Segura tras ser recuperado por la policía.
La DDI Mar del Plata fue la encargada de retomar la investigación archivada años atrás y lo primero que se hizo fue buscar si en ese tiempo había habido detenciones de abusadores con esa patología. Y entonces llegó el dato incómodo, casi increíble. Los médicos forenses de la Policía Científica dijeron que lo único parecido lo habían visto en una autopsia, en uno de los muertos en el asalto a la Boston.
El juez Peralta en coordinación con Favarotto aceptó que las víctimas de la violación vieran la foto del rostro de a quien en la autopsia le habían detectado las verrugas. Fue en ese acto que le exhibieron una imagen del custodio Juan Torres y las dos mujeres no cavilaron: “Es él”.
Los investigadores sumaron dos elementos más de fuerte indicio incriminatorio contra Torres: el primero de ellos que conocía a Segura por un curso que éste había tomado en la Base Naval, en las dependencias donde tenían su espacio los buzos tácticos; el otro, que tenía un Ford Sierra.
Estas revelaciones llevaron al juez Peralta en 2002 a iniciar un proceso contra Torres, pese a que habían pasado casi cinco años de su fallecimiento. Por esa razón, el acto procesal siguiente e inmediato fue el de decretar la extinción de la acción penal.
La noche en la confitería Boston todos creyeron estar presenciando una escena clara: un custodio abatido mientras intentaba evitar un asalto. Pero con los años la historia empezó a torcerse. Las pistas, la pericia de los investigadores y una autopsia olvidada reconstruyeron un escenario perturbador: toda la prueba de un brutal asesinato y dos violaciones conducía hacia Torres. La muerte, junto a la caja registradora, lo alcanzó antes que la Justicia, y la verdad judicial quedó postergada para siempre.
Lo más visto hoy
- 1La trágica noche en la Boston y la perturbadora historia criminal que se reveló años después « Diario La Capital de Mar del Plata
- 2Una mujer enfrentó a un ladrón y evitó el robo de un comercio del centro « Diario La Capital de Mar del Plata
- 3El hombre asesinado en la villa Río Negro había matado a un amigo en 2011 « Diario La Capital de Mar del Plata
- 4Celebración de Palito Ortega con los marplatenses: sonaron todos sus éxitos « Diario La Capital de Mar del Plata
- 5Apuestas en un minuto: el fenómeno “Rush Hour” que gana terreno entre jóvenes y también aparece en Mar del Plata « Diario La Capital de Mar del Plata
