La vergüenza de la Asociación del Fútbol Argentino
El fútbol argentino necesita solidaridad, respeto y sentido común, más allá de los colores de cada camiseta. La programación de los partidos de Estudiantes de La Plata reabre el debate sobre las decisiones dirigenciales y la falta de consideración hacia los clubes que representan al país en el plano internacional.
Por Gustavo Crego
Podemos amar a un club, seguir sus colores y apasionarnos por él. También podemos tener rivales que nos despierten mayor o menor simpatía. Pero existe un denominador común: todos los hinchas, independientemente de nuestros colores, somos argentinos y, salvo las rivalidades propias de los clásicos, deberíamos tirar para el mismo lado.
De igual manera deberían entenderlo los dirigentes, cuerpos técnicos y demás integrantes de los clubes de nuestro país. Quien no lo vea así seguramente estará cegado por diferencias personales o institucionales que nada bueno pueden aportar al fútbol argentino.
Cuando un equipo argentino, cualquiera sea, es el único que continúa compitiendo por una copa internacional, deberíamos tener la humildad, la generosidad y la hidalguía de apoyarlo o, por lo menos, de no perjudicarlo.
No hacerlo habla muy mal de lo que pretendemos para nuestro fútbol. Porque, más allá de la camiseta que defiendan circunstancialmente, esos futbolistas y entrenadores podrán integrar mañana otros clubes. Y con determinadas decisiones estamos dando un pésimo ejemplo, que corre el riesgo de naturalizarse en el futuro.
No puede ser que un equipo argentino, en este caso Estudiantes de La Plata, deba disputar un jueves una semifinal de la Copa Libertadores y apenas dos días y medio después, el domingo, tenga que enfrentar a San Lorenzo por la liga local.
Es una verdadera locura. Una decisión que pone en riesgo sus posibilidades en el certamen internacional, compromete la salud y el cuidado de los futbolistas y alimenta un clima de malestar y resentimiento absolutamente innecesario.
Estudiantes ya ha sido perjudicado, a mi entender, por decisiones arbitrarias de la Asociación del Fútbol Argentino. Tener que disputar dos finales en apenas diez días, con traslados largos e incómodos, sumados a los compromisos de la liga local y de la Copa Libertadores, demuestra una preocupante falta de empatía. Incluso cuesta no interpretar semejante acumulación de dificultades como una actitud de ensañamiento hacia la institución.
Jugadores lesionados, desgarrados y hasta con fracturas son apenas la punta del iceberg de una situación que debería preocupar seriamente a quienes conducen la AFA. Porque algunas de esas consecuencias podrían estar relacionadas con las exigencias de un calendario que no contempla adecuadamente el descanso y la recuperación de los profesionales.
Ni Estudiantes ni ningún otro equipo que alcance estas instancias merece atravesar semejante situación.
No se trata de defender a un club en particular. Se trata de defender a todos los clubes, a sus jugadores y a sus cuerpos técnicos. Se trata de comprender que la solidaridad profesional debe estar por encima de cualquier diferencia deportiva, personal o dirigencial.
En definitiva, se trata de defender algo mucho más importante que una camiseta: el fútbol argentino.
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