Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.
Hubo que multiplicarse el fin de semana para poder decir presente en algunos de los tantos encuentros de despedida del verano que se armaron entre marplatenses y visitantes, un clásico en el cierre de enero. Encuentros en los pasillos de las carpas de diferentes balnearios –hubo hasta una cena en uno de esos acontecimientos–, asados, paellas y picadas en las que confluyeron políticos, empresarios, periodistas y hasta algunos artistas, muchos de los cuales ya dejaron la ciudad tras “recargar pilas” junto al mar. Reuniones distendidas en las que se habla de todo, con perlitas para todas las secciones (desde la presencia del histórico espía y hombre fuerte de la SIDE, Jaime Stiuso, en una fiesta electrónica hasta el resurgir de los carteles de los avioncitos playeros con leyendas de apoyo a Dante Gebel, enigmáticos mensajes sobre el teatro o el escrache a algún “socio miserable” como se leyó una madrugada en Mute). Encuentros también ideales para trazar un saldo del verano: en todos los casos, pareciera que, para el fin de semana largo de Carnaval, Mar del Plata puede llegar a tener la mayor ocupación de la temporada.
Lo cierto es que Mar del Plata tiene temporada. Enero no fue malo, pero tampoco una fiesta. El balance que se publicó este fin de semana en LA CAPITAL es claro: cayó el gasto, casi diez puntos, aunque “menos mal de lo esperado”. Una frase que ya es radiografía social: sobrevivir empieza a contarse como éxito. La ciudad estuvo llena, pero con turistas mirando precios, calculadora en mano y salidas medidas. Playa sí, teatro… depende. Gastronomía con mesas ocupadas, pero ticket más flaco. Trabajo sostenido, consumo contenido. El verano del ajuste. En ese escenario reaparece el empresario teatral Carlos Rottemberg –el viernes será distinguido por el Concejo Deliberante junto a la actriz Victoria Carreras–, una vez más, como termómetro cultural de Mar del Plata. No solo por lo que produce, sino por lo que interpreta. Pablo Sirvén –su décimo libro “Operación Sallustro” será presentado el martes 10 de de febrero en Villa Victoria– lo capta bien en su columna dominical de La Nación: el teatro como refugio, como ritual, como intento de normalidad en un país que vive con la cabeza en otra parte. “Playa de día, teatro de noche”, tal cual se leyó sobre el cielo marplatense, suena casi a consigna de resistencia. A propósito de teatro, ya se conocen los nominados al premio Estrella de Mar. La ceremonia tendrá lugar el lunes 9 de enero en el Hotel Provincial.
Pero este verano tuvo un protagonista que no necesitó subirse a ningún escenario: Javier Milei. Sirvén lo llama “el rey del verano” y no es exageración. Milei entendió algo básico: en tiempos de bolsillos flacos, la política también se vuelve espectáculo. Menos gestión visible, más narrativa. Menos respuestas, más ruido. Mientras el consumo caía en Mar del Plata, el Presidente capitalizaba otro tipo de gasto: atención. Presencia mediática, épica del ajuste, batalla cultural en modo ‘prime time’. No hizo temporada, pero se llevó la centralidad. “Ese contraste no es casual. La economía real aprieta, pero la política simbólica compensa. La gente gasta menos, pero discute más. El verano no fue malo, dicen los números. El ánimo, en cambio, sigue en suspenso”, se señalaba en la paella del domingo en la casa de empresario de la nocturnidad. Mar del Plata fue este enero una postal exacta del país: llena de gente, con menos plata, mucha expectativa y poca certeza. El teatro resistió. El turismo aguantó. El consumo se achicó. Y el poder, una vez más, prefirió mirar el escenario antes que el backstage. Porque, como en toda buena obra, lo importante no siempre pasa bajo la luz. A veces está en los pasillos.
El peronismo también generó noticias. En el plano local, se determinó que tres listas pugnarán por la conducción del partido en Mar del Plata. Mientras tanto, en varias de las roscas políticas concretadas cerca del mar –incluso antes de recitales en paradores del sur– se vio a funcionarios y colaboradores cercanos al gobernador Axel Kicillof, quienes tras elogiar y calificar como uno de los éxitos de la temporada la realización del festival Cuenta DNI con el show de Babasonicos para más de 20 mil personas, reconocieron que la reelección indefinida vuelve al centro de la escena bonaerense. Axel Kicillof volvió a poner sobre la mesa una discusión que la política bonaerense nunca termina de cerrar: la reelección indefinida de intendentes, concejales y legisladores provinciales. No es una novedad, pero sí un dato político relevante en un momento de reordenamiento interno del oficialismo y de definiciones estratégicas hacia el próximo ciclo electoral. El gobernador dejó trascender que insistirá con una iniciativa que elimine los límites vigentes a las reelecciones, una restricción que fue impulsada años atrás por el propio peronismo, en un contexto político muy distinto. Hoy, el escenario cambió: la discusión ya no gira tanto en torno a la calidad institucional, sino a la gobernabilidad territorial y al armado de poder en la provincia más grande del país.
El argumento formal del oficialismo es conocido y se repite sin demasiadas variaciones: que sea el electorado quien defina la continuidad o no de sus representantes, sin imposiciones legales que limiten la voluntad popular. Bajo esa lógica, los límites a las reelecciones aparecen como una traba artificial que desconoce realidades locales y experiencias de gestión consolidadas. Pero en los pasillos de la Legislatura y de los municipios la lectura es otra. La reelección indefinida funciona como una pieza clave en la negociación política entre el Ejecutivo provincial y los intendentes, actores centrales para el control del territorio, la movilización política y la gestión cotidiana. En ese esquema, el proyecto no solo apunta a modificar una ley, sino a ordenar lealtades dentro del peronismo bonaerense.
La discusión también reabre tensiones internas. Algunos sectores recuerdan que fue el kirchnerismo el que promovió en su momento la limitación de mandatos como una señal de renovación y transparencia. Otros, en cambio, sostienen que aquellas condiciones ya no existen y que hoy prima la necesidad de estabilidad política y administrativa en los distritos. La contradicción no pasa desapercibida, pero tampoco parece decisiva. En la oposición, el rechazo es casi unánime y se expresa en términos de defensa de la alternancia democrática y de prevención frente a la concentración de poder. Sin embargo, puertas adentro, no son pocos los dirigentes que reconocen que el debate incomoda incluso a quienes se pronuncian en contra, especialmente en distritos donde los liderazgos locales llevan años –y elecciones– consolidándose.
El dato político es que, más allá del destino legislativo del proyecto, la sola reapertura del debate cumple una función concreta: reafirmar el rol del gobernador como articulador del poder territorial y enviar una señal clara a intendentes y legisladores en un momento en el que el peronismo bonaerense discute liderazgos, alineamientos y proyección nacional. Por ahora, no hay plazos definidos ni una hoja de ruta clara en la Legislatura. Todo indica que el tema se administrará con cautela, sin urgencias, pero con una intencionalidad política precisa. En la Provincia de Buenos Aires, donde las reglas de juego suelen adaptarse a las correlaciones de fuerza del momento, la reelección indefinida vuelve a aparecer como una herramienta de ordenamiento interno más que como una reforma institucional de fondo. Una vez más, el debate expone una constante de la política bonaerense: las normas cambian, los argumentos se actualizan, pero el poder territorial sigue siendo el factor decisivo. Y cuando ese poder está en juego, pocas discusiones son puramente técnicas.
En presentación de un nuevo barrio privado, se hablaba de la increíble cantidad de propuestas artísticas que ofrece la ciudad –de ello también conversaron el día anterior el productor de espectáculos Fernando Tami y el colega Julián Mozo en la inauguración del Museo del Surf, obra de Fernando Aguerre que luce allí las tablas de su enorme y cotizada colección–. En ambos acontecimientos también hubo discusiones sobre el espacio público, las licitaciones y el rol del Estado a horas nada más de que se estableciera que la Autoridad del Agua, organismo provincial, ordenara el cese inmediato de las actividades de los bungalows de Punta Cantera a escasos metros del mar. “Me tiraron que también quieren privatizar la cancha de hockey el patinódromo municipal. Raro que a nadie del gobierno municipal se le haya ocurrido todavía concesionar Parque Camet, eso sí, en distintas fracciones”, chicaneaba un concejal opositor que mostraba orgulloso su reciente adquisición: un frasco del “perfume peronista” Lealtad, que también se lanzó en Mar del Plata. El desarrollador inmobiliario comentó su interés por el remate online que se hará de un lote frente al mar, muy cerca del Unzué, una parcela de 450 metros cuadrados y quien saldrá con una base de 250 mil dólares. Se realizará, dijo, con el mismo procedimiento que se aplica para otros inmuebles nacionales puestos a la venta en todo el país, como sucederá seguramente con el terreno conocido como la Canchita de los Bomberos.
Otro de los invitados –venía de tomar un café con el mediático economista Carlos Maslatón, quien posteó en sus redes sociales los detalles de su periplo por la ciudad– reseñaba sus recomendaciones de obras teatrales de la cartelera marplatense, y se lamentaba por los recitales que se perderá el próximo fin de semana. “Yo arranco el viernes con Divididos, el sábado a la tarde me voy al Mundialista a ver a Aldosivi y a Di María (el equipo marplatense enfrentará a Rosario Central) y a la noche al recital de La Vela Puerca, previo dejar a mi esposa e hijas en Bendu, donde se presentará Karina La Princesita. Y el domingo duermo 15 horas seguidas”, adelantaba el funcionario municipal ya más aliviado tras la presentación del presupuesto. “¿Será Marcos Galperín el próximo candidato presidencial del macrismo?”, tiró más tarde cuando el cordero asado generaba los elogios unánimes de los comensales en el restaurante del balneario.
Más picante fue lo que se escuchó en la tarde del domingo en la previa de la paella servida en el quincho de la vivienda de fuerte empresario industrial que se dispone a viajar a China, horas después de formar parte en Mar del Plata de una de las actividades a desarrollar por el embajador de esa potencia en la Argentina, quien acaba de confirmar visita. Mientras en el televisor se veían imagenes del partido entre Boca y Newell’s, el hijo del dueño de casa refería que había estado con Maxi López en Sarasanegro, donde el exesposo de Wanda Nara elogió a sus propietarios. En tanto, con la flamante Harley con la que participará del encuentro a realizarse el próximo fin de semana en el Hotel Provincial, llegó el reconocido médico prácticamente en el instante en que comenzaban a servirse los platos de la casi veintena de comensales. Experto en “iniciar polémicas”, tal como se definió, tiró sobre la mesa un tema sobre el cual muy poco se habló esta temporada.
Durante años, Mar del Plata tuvo una rutina incómoda pero saludable: después de los fines de semana y de las fiestas electrónicas, aparecían los partes. No eran comunicados festivos ni estadísticas turísticas. Eran partes sanitarios. Jóvenes intoxicados, asistencias de urgencia, derivaciones al Hospital Interzonal General de Agudos. Números que se repetían con la misma regularidad que los eventos. No era una buena noticia, pero era una noticia. Este verano, en cambio, ocurrió algo extraordinario. Hubo más fiestas electrónicas que nunca. Más fechas, más escenarios, más miles y miles de personas bailando durante horas. “Y, sin embargo –tiró el médico–, no hubo intoxicados. Ni uno. Ni un parte. Ni una referencia oficial. Nada. Una maravilla. Casi milagroso”, ironizó.
En realidad, no es que el riesgo haya desaparecido, sino que desapareció el dato. Algo cambió. No en la química de las pastillas ni en los hábitos de consumo, sino en la decisión de informar. O mejor dicho, en la decisión de no hacerlo. El silencio, en estos casos, no es neutro. Ordena prioridades. Cuidar la imagen, proteger el negocio, no incomodar al turismo, no abrir debates incómodos en plena temporada. “Esconder la mugre bajo la alfombra, no sea cosa que a alguien se le ocurra poner el grito en el cielo”, saltó el periodista jubilado desde la otra punta de la mesa. “Porque si antes se informaba y ahora no, la pregunta no es qué pasó con las drogas, sino qué pasó con la transparencia. ¿Dejaron de existir las asistencias médicas o dejaron de comunicarse? ¿El Hospital Interzonal no atendió a nadie o simplemente dejó de figurar en los relatos oficiales del verano feliz?”, completó, captando la atención de todos.