La Ciudad

Las familias que cultivan cannabis para mejorar la salud de sus hijos

Sin respuesta ante los cócteles de medicamentos recetados, para combatir las distintas enfermedades que padecen sus hijos, algunas madres optaron por probar con el aceite de cannabis como medicina.

“Duerme mejor, en realidad, podemos dormir todos”, describió Marcela, madre de Evelyn, sobre los efectos que le produce a su hija de 23 años la utilización del aceite de cannabis como medicina para paliar los efectos colaterales del cóctel de drogas que toma por su patología: encefalopatía mioclónica no evolutiva con epilepsia y deprimida grave con retraso severo.

El caso de Marcela es parecido al de muchas otras madres, con vástagos de todas las edades, que con enfermedades similares se enfrentaron a la misma situación: las dosis de la medicación recetada iba en aumento pero los chicos no estaban mejor. Al contrario, se les potenciaban los síntomas y además padecían insomnio; episodios de violencia contra ellos mismos y los demás; desconexión total; generación extrema de mocos que terminaban en neumonía, entre otros.

Entonces, cada una por su lado, comenzó a investigar sobre el uso del aceite de cannabis hasta que coincidieron en el colectivo “Mamá Cultiva“, que tiene como objetivo enseñar a cultivar de manera solidaria y fabricar la medicina de sus hijos. En muchos casos no tienen el dinero para importar el aceite desde Estados Unidos (actualmente está permitido para los casos de epilepsia), pero también advierten que no cualquier aceite les da resultado. Los cultivadores saben qué semilla ayuda a cada enfermedad. En Mar del Plata se reúnen todos los lunes, de 17 a 19, en la sede de los cannabicultores locales ubicada en Italia 801.

Vacío legal

Si bien el miércoles pasado el Congreso de la Nación aprobó el proyecto de ley que permite el uso del cannabis con fines medicinales, aún quedan muchos agujeros negros en la normativa, como el tema del autocultivo.

Es que ellas, al cultivar las plantas, están infringiendo la ley (las penalidades van entre 4 y 15 años de prisión) y hasta algunas tienen temor de ser víctimas del robo de las mismas. Todavía existe un vacío legal.

Mateo, con 14 años y encefalopatía no progresiva y epilepsia refractaria, comenzó a tener crisis de violencia y mayores problemas con el equilibrio que hasta le impedían caminar. Entonces probaron con el aceite de cannabis: “Come mejor, está más tranquilo, se nota la diferencia”, contó Sandra, la madre aseguró: “Nunca fumé, ni siquiera conocía la planta”.

“No tiene efectos contraproducentes -predicó Sandra- a lo sumo duerme un poco más. Es una esperanza la media sanción de la ley, pero queremos la regularización del autocultivo”.

“Ya no está tan dormido como cuando tomaba toda la batería de medicamentos, si hasta se babeaba. Ahora está más despierto y reconoce voces”, contó Alejandra, mamá de Damie de 4 años y medio que padece encefalopatía y comenzó hace pocos meses a utilizar el aceite de cannabis.

Cambios

A pesar que en la mayoría de los casos se aumentaban las dosis de los cócteles por orden del médico, la mejoría no llegaba. “Tomaba más pastillas pero se ponía peor, tenía los ojos como endemoniada. Quedaba muy dopada o muy agresiva”, contó Marcela sobre su hija que comenzó a tomar el aceite hace tres semanas.

Así que tanto en el centro de día al que asiste como en las clases de equinoterapia también notan las diferencias y hasta “el mismo médico le vio mejor semblante. Antes estaba todo el tiempo con el ceño fruncido”.

El hermano de Silvana, Lucas (20 años) sufre de TGD con autismo y en el último tiempo sufrió un agravamiento en las crisis de violencia. “Le tenés que dar la medicación, si no se rompe la cabeza contra la pared”, graficó su hermana, que fue la precursora de investigar sobre el aceite de cannabis.

“Ahora el psiquiatra lo ve en paz”, contó. Las madres consultadas por LA CAPITAL aseguraron que los médicos de sus hijos están al tanto del uso del aceite cannábico y hasta las acompañan en el proceso, que es ensayo y error “como con los medicamentos”, aseguró Sandra.

Verónica tiene a Thiago, de 8 años, que nació con epilepsia mioclónica y usa el aceite cannabico desde mayo pasado. “No evita las crisis de epilepsia, pero las retrasa, es decir que se dan más espaciadas y quizás con menos intensidad. Incluso toma menos medicación y puede correr”, reseñó la mujer.

Diego tiene 33 años y padece el “Síndorme Lenox Gasteau”, epilepsia y retraso madurativo. “Se ponía muy violento”, señaló Mabel, su madre, que empezó a investigar sobre el tema cuando meses atrás se enteró de que en la localidad bonaerense de General Lamadrid promovían el cultivo de la marihuana con fines medicinales.

Entonces llegó a “Mamá Cultiva”, aprendió sobre la medicina natural y se la da a su hijo. “Ya no tiene episodios de violencia”, aseguró.

Medicina

“Los chicos estaban intoxicados clínicamente, atorados de pastillas, porque le daban una para bajar y otra para subir. Quedaban abombados”, señaló Marcela, en coincidencia con las demás madres.

Además de los trámites bucrocráticos que implica la importación del aceite de cannabis, el frasquito cuesta 300 dólares y no tienen la seguridad que funcione porque cada semilla tiene un ADN diferente que se adapta a cada patología.

Allí entran los cannabicultores, que guían a las mujeres y les enseñan la conformación de cada semilla, que compran por internet. “Más o menos 5 semillas cuestan 750 pesos”, informaron. Luego, la planta a través de un proceso es transformada en el aceite utilizado por los chicos.

Desde “Mamá Cultiva” agradecieron a la sociedad por el acompañamiento que les dieron hasta lograr la aprobación del proyecto de ley, pero aseguraron que “no podemos permitirnos más incertidumbre. Seguiremos peleando por un Estado presente que nos acoja y no nos persiga, trabajando para perfeccionar la regulación, mientras seguimos cultivando y defendiendo la planta y el cultivo solidario y colectivo”.

Asimismo, prometieron que “no nos detendremos hasta que todo cultivador de cannabis medicinal, personal y solidario, sea reconocido por el Estado, no nos conformamos. Esto recién empieza, les pedimos que no nos dejen solas”.

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