Las lecturas que dejó el triunfo de Bolsonaro, marplatenses a China y una radiografía entre vinos
Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.
En quincho de residencia en barrio privado del sur, el cumpleaños 60 del dueño de casa –responsable de laboratorio top de la ciudad– convocaba el domingo a variopinta concurrencia, entre la que se encontraban hombres de la justicia, de la política y del empresariado. En un atípico domingo sin fútbol, desde la pantalla del gigantesco televisor se proyectaban números de las elecciones en Brasil. La conversación venía por otros carriles hasta que alguien puso sobre la mesa las elecciones en el vecino país. “¡Cómo se va a agrandar Milei con este triunfo de Bolsonaro!”, lanzó uno de los empresarios, imaginando el impacto político que tendría para el Presidente argentino el avance de un aliado ideológico en el principal país de la región. Desde la otra punta de la mesa saltó un viejo dirigente político. Había escuchado en silencio y no coincidía. “Para afuera, Milei estará sonriendo, pero estoy seguro de que en el fondo debe tener alguna preocupación”, sorprendió. Hubo algunas miradas alrededor de la mesa. Y enseguida llegó la explicación: “¿Por qué? Muy sencillo. Porque Milei sabe que entre él y Bolsonaro, Donald Trump no va a dudar a quién apoyar con todos los cañones y con quién asociarse. Brasil es Brasil”.

Ahí cambió la conversación. “Si gana Bolsonaro, la vamos a tener complicada. Va a pasar a ser el socio de Estados Unidos en el sur. Y nosotros nos podemos quedar sin el pan y sin la torta”, agregó otro de los presentes, encargado de difundir interesantes artículos y comentarios en su grupo de WhatsApp. No era una afirmación académica ni el resultado de un informe económico. Era una percepción política surgida alrededor de una mesa de amigos en la que había empresarios y dirigentes, pero de esas percepciones que muchas veces permiten descubrir cuáles son las preocupaciones que empiezan a circular por debajo de la superficie. La elección brasileña desemboca en un balotaje y Flávio Bolsonaro quedó muy bien ubicado para disputar la segunda vuelta. La presidencia de Brasil se resolverá el 25 de octubre. Brasil no es un vecino más para la Argentina. Es un socio comercial fundamental y la mayor economía latinoamericana. Cualquier modificación profunda de su alineamiento internacional repercute inevitablemente de este lado de la frontera. Pero aquella noche nadie hablaba solamente de comercio. Hablaban de Donald Trump. Javier Milei convirtió su relación con el presidente norteamericano en uno de los pilares de su política exterior. La sintonía política entre ambos fue exhibida reiteradamente por el gobierno argentino como un activo internacional. La inquietud que planteaba aquel veterano dirigente era diferente: una cosa es ocupar un lugar destacado para Washington cuando los principales gobiernos sudamericanos tienen otras orientaciones políticas y otra muy distinta sería hacerlo con un Brasil conducido por Bolsonaro, ideológicamente alineado con Trump.

La cuestión no pasaría solamente por las afinidades personales. Brasil tiene más de 200 millones de habitantes, es la principal economía de América Latina, posee un enorme territorio, recursos naturales estratégicos y una influencia regional y global que excede largamente su relación bilateral con Estados Unidos. “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”, completó alguien alrededor de la mesa. Y allí apareció el verdadero corazón de aquella discusión. Nadie sostenía que Trump necesariamente tendría que optar entre Milei y Bolsonaro ni que una eventual victoria bolsonarista significaría automáticamente un desplazamiento de la Argentina. Sería demasiado lineal imaginar la política internacional de esa manera. La percepción era más sutil: Argentina podría dejar de ser el interlocutor ideológicamente más cercano a Washington en esta parte del continente y empezar a compartir —y eventualmente disputar— ese espacio con una potencia regional de una escala incomparablemente mayor. De ahí aquello de quedarse “sin el pan y sin la torta”. Porque al mismo tiempo que Milei necesita conservar su relación privilegiada con Washington, la Argentina necesita mantener una relación económica aceitada con Brasil, gobierne quien gobierne. La geografía y los negocios suelen ser bastante menos ideológicos que la política. Todavía falta el balotaje y su resultado está abierto. Pero Bolsonaro quedó muy bien parado para la segunda vuelta y aquella posibilidad ahora pasó a formar parte de un escenario concreto.

Antes de levantarse de la mesa, aquel viejo dirigente volvió sobre su teoría. “Milei seguramente lo va a felicitar y va a mostrarse contento. ¿Qué otra cosa va a hacer?”, dijo. Y después dejó flotando una última frase: “Pero si Bolsonaro termina llegando al poder, habrá que mirar a quién llama primero Trump cuando quiera hablar con Sudamérica”. A la yugular le saltó el empresario más afín al mileísmo. “Ya no saben qué inventar, che. La derecha avanza a todo ritmo en América Latina. Todos decían que ganaba Lula y ahí tenés: otra victoria de la derecha que obviamente festeja Milei porque desde siempre bancó a los Bolsonaro. Sigan entretenidos en sus análisis y perdiendo elecciones”, sentenció. El dueño de casa le dio una vuelta de tuerca a la tensa charla y argumentó que los oficialismos vienen perdiendo “por goleada” en el continente. Y es real. El resultado es contundente: de 20 elecciones computadas hasta ahora, apenas en tres logró imponerse el partido o espacio que estaba en el gobierno. Paraguay en 2018 y 2023 y Ecuador en 2025 aparecen como las excepciones. En todos los demás casos ganó la oposición. El dato ya forma parte también de las lecturas que hacen dirigentes argentinos pensando en 2027.

“Mirá la región: los oficialismos pierden”, comentó el hombre que hizo circular la estadística. No es un pronóstico automático –cada país tiene su propia realidad–, pero sí una señal de época: malestar económico, desgaste de los gobiernos, sociedades impacientes y un electorado que parece mucho más dispuesto que antes a castigar a quien está en el poder. “Esa misma estadística puede estar siendo observada desde veredas muy distintas. Puede mirarla Patricia Bullrich pensando en la continuidad del proyecto libertario, pero también algún gobernador peronista que imagine una oportunidad nacional para 2027”, acotó el periodista invitado. En definitiva, un mismo cuadro, dos interpretaciones y un denominador común: nadie parece dispuesto a subestimar el voto castigo. El último casillero de la tabla es Brasil 2026 y todavía tiene un signo de interrogación. Lo que ocurra allí será seguido con especial atención desde la Argentina. No solo por el peso político y económico de Brasil, sino porque podría confirmar o empezar a quebrar una tendencia regional que lleva ya varios años: en Sudamérica, gobernar se ha convertido en una enorme desventaja electoral.

El martes al mediodía, en Furia Puro Fuego, se realizó la presentación de las etiquetas de terruño de la bodega Trivento, a cargo de Maximiliano Ortiz, el creador del exitoso white malbec de la firma que se impone en varios mercados del mundo, quien ofreció una animada e interesante charla sobre los principales productos de esa firma, que cumple 30 años y hoy exporta el 85 por ciento de sus vinos a 80 mercados internacionales, con Inglaterra, Estados Unidos y Canadá en el podio. Tras haber sido recibidos por Emanuel Querejeta, referente de dicha bodega en Mar del Plata y la región, periodistas de distintos medios –Daniel Álvarez, Mariano Suárez, Germán Lagrasta y Adrián Barbarullo, entre otros– y el especialista José Miranda compartieron una más que agradable jornada en la que, entre buenos vinos y platos exquisitos, se coló la realidad política y económica local. Se mencionaban datos de un amplio estudio, particularmente rico, porque no se limita a intención de voto, sino que cruza evaluación de las tres gestiones (Nación, Provincia y Municipio), economía doméstica, clima social, inseguridad, expectativas sobre la ciudad, posicionamiento de dirigentes, escenarios electorales, atributos y consumo de medios, que fue realizado por la Consultora Zubán Córdoba.

Uno de los datos centrales es que la desaprobación atraviesa Nación, Provincia y Municipio. La gestión de Javier Milei registra 40,3% de aprobación contra 56,4% de desaprobación; la de Axel Kicillof, 34,9% contra 61,4%; y la gestión municipal asociada a Guillermo Montenegro, 34,8% contra 64%. La administración interina de Agustín Neme mostró todavía menos aprobación: 24,1%, frente a 58,8% de desaprobación, aunque aquí aparece un 17,1% que no sabe, bastante superior al de las otras gestiones. El dato políticamente más interesante es que ninguno de los tres niveles consigue escapar del clima de insatisfacción. Cuando se pregunta quién es el principal responsable de la situación actual de Mar del Plata, 18,1% señala al gobierno nacional, 19,9% al provincial y 19,2% al municipal; pero 38% responde “todos por igual”. Es decir, el malestar no está encapsulado en una sola jurisdicción.

La economía doméstica aparece como telón de fondo. La situación económica de los hogares ayuda a explicar el clima. Solamente 24,1% dice llegar cómodo a fin de mes. El 41,4% apenas llega y el 30,3% directamente no llega. Sumados estos últimos dos grupos, el 71,7% describe algún grado de dificultad para cerrar el mes. La percepción sobre el rumbo también es negativa. El 54,7% considera que el país va en la dirección incorrecta, contra 36,1% que cree que va en la correcta. Hay, además, una conexión muy clara entre la economía nacional y la percepción local: 80,6% está de acuerdo con que la crisis económica del país afecta a Mar del Plata. Paralelamente, 76,5% rechaza la afirmación “mi situación económica mejoró desde que Milei es presidente”. Esto no significa que todos esos entrevistados atribuyan exclusivamente al Gobierno nacional la situación local –de hecho, la pregunta sobre responsabilidades demuestra lo contrario–, pero sí que el deterioro económico forma parte del marco desde el cual se evalúa la política municipal.

A la vez, hay un pesimismo específicamente marplatense. Se trata de una de las partes más reveladoras del estudio. Ante la pregunta sobre cómo estará Mar del Plata cuando termine la gestión Montenegro/Neme, 44,3% responde “peor” y otro 20,7% “igual de mal”. Apenas 10,7% imagina una ciudad mejor y 14%, igual de bien. A su vez, 68,9% considera que el gobierno municipal hizo menos de lo que esperaba, frente a 18,4% que dice que hizo lo esperado y apenas 3,5% que cree que superó las expectativas. Cuando se pregunta qué sentimiento despierta el futuro de Mar del Plata, los negativos alcanzan 59,4%, contra 35,5% positivos. La emoción individual dominante es la incertidumbre, 36,6%, seguida por esperanza, 22,5%; tristeza, 15,3%; optimismo, 10,2%; pesimismo, 7,5%; y alegría, apenas 2,8%. Ese conjunto es probablemente más significativo que cualquier escenario electoral: muestra una ciudadanía que no solo cuestiona el presente, sino que tampoco visualiza claramente una mejora futura.

Como se preveía, la inseguridad es el gran ordenador de la agenda. En ese contexto, el trabajo es contundente. En la pregunta de opción múltiple sobre qué debería resolver hoy el gobierno municipal, inseguridad/delincuencia encabeza con 33,7%, seguida por falta de trabajo, con 19%, y estado de calles y bacheo, 10,7%. Pero cuando la pregunta se vuelve abierta y obliga a mencionar el principal problema de la ciudad, inseguridad/delincuencia salta al 55,3%; falta de trabajo/desempleo queda en 15,5% y gestión municipal en 5,1%. Y cuando se baja del nivel ciudad al barrio, prácticamente se reproduce la fotografía: 54,1% menciona inseguridad/delincuencia, 14,2% refiere al estado de las calles y 5,9%, a la iluminación. La percepción subjetiva es todavía más fuerte: 51% se siente inseguro en la ciudad y 32,9% se siente muy inseguro. Sumados son 83,9%. Solo 13,9% se declara seguro o muy seguro. Pero aparece algo interesante respecto de la responsabilidad. El 36,7% dice que todos son responsables por igual; 23% señala al intendente/Municipio y exactamente otro 23% al gobernador/Gobierno provincial. Nación queda en 8,2%, Justicia en 5,3% y Policía en 2,5%. Eso describe una demanda de solución transversal más que una atribución unívoca de culpa.

Hay un dato final que políticamente tiene enorme peso local. Ante la pregunta sobre si está de acuerdo con que el Gobierno nacional haya sacado a Mar del Plata de las zonas frías, 79,6% está en desacuerdo, solo 13,2% de acuerdo y 7,3% no sabe. Es uno de los porcentajes más categóricos de las 96 páginas del trabajo y atraviesa potencialmente identidades partidarias porque la pregunta está asociada a un beneficio económico concreto para los hogares. En definitiva, tomando exclusivamente lo que muestra la encuesta, hay cinco fenómenos que conviene separar para no confundirlos. Primero, existe un malestar general que afecta simultáneamente a Nación, Provincia y Municipio. No parece haber, en esta muestra, un único gobierno que concentre toda la responsabilidad. Segundo, Mar del Plata presenta un componente propio de insatisfacción: 66% considera incorrecto el rumbo de la ciudad, 68,9% dice que la gestión municipal hizo menos de lo esperado y 65% imagina el final de la actual administración “peor” o “igual de mal”. Tercero, la inseguridad domina la agenda pública local. Aparece como principal problema espontáneo de la ciudad para 55,3%, como principal problema barrial para 54,1%, y 83,9% declara sentirse inseguro o muy inseguro. Es una coincidencia entre tres preguntas diferentes, y eso le da particular consistencia dentro del propio estudio. Cuarto, la oferta electoral todavía está poco cristalizada. El 35,9% no sabe qué espacio votaría para intendente y los distintos escenarios nominales mantienen niveles muy altos de indecisión. Además, 86,2% afirma que votará pensando en la ciudad. Quinto, aparece una demanda que podría resumirse como gestión local concreta: seguridad, empleo, calles, cercanía, escucha, comunicación y reducción del gasto político. La encuesta muestra esas demandas; no permite por sí sola determinar qué dirigente podría satisfacerlas mejor. Más que una encuesta de candidatos, fue una radiografía del humor social marplatense de fines de septiembre de 2026.

En la noche del sábado, y tras haber presenciado el recital de Fito Páez –se escucharon la mayoría de sus hits más una catarata de críticas del rosarino, que se viralizaron rápidamente, contra la seguridad del show en el Polideportivo–, dos reconocidos comerciantes marplatenses charlaban sobre el próximo viaje a emprender a China. El destino es Guangzhou, sede de la tradicional Feria de Cantón. La muestra comenzará el 15 de octubre y se extenderá hasta el 4 de noviembre. Es una de las mayores vidrieras comerciales y de negocios del mundo. Allí se concentran fabricantes, proveedores y compradores de numerosos países. Los visitantes encontrarán electrónica, maquinaria, vehículos y herramientas. También productos para el hogar, muebles, construcción y decoración. La oferta incluye además indumentaria, alimentos, salud y artículos de consumo. Para los marplatenses, será una oportunidad para buscar proveedores y nuevos productos. Y, sobre todo, para conocer de primera mano qué está ofreciendo hoy la poderosa industria china. “Yo estuve el año pasado, pero en esta oportunidad se sumarán muchos colegas más”, detalló uno de ellos.

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