La Ciudad

“Mamá Cultiva”: dejar atrás el prejuicio para darle una mejor calidad de vida a sus hijos

Un grupo de madres de la ciudad se unió a la ONG internacional "Mamá Cultiva" que promueve el autocultivo de cannabis y la producción artesanal del aceite para ayudar a sus hijos enfermos. “Nos cambió la vida”, aseguran.

Mamá Cultiva” es una organización internacional que agrupa a madres de niños con epilepsia refractaria, cáncer y otras patologías que no han encontrado una mejoría con la medicina tradicional y probaron con el cannabis medicinal en sus hijos, algo que en función de los resultados obtenidos las impulsó a promover el autocultivo y a brindar contención y asesoramiento a la población.

Sandra Russo fue una de las pioneras en Mar del Plata. En el 2016, una nota en la televisión sobre esta organización captó su atención y decidió acercarse para luego probar el aceite de cannabis en su hijo adolescente, quien convive con fuertes ataques de epilepsia y los medicamentos que tomaba no lo ayudaban.

“Los fármacos cada seis meses van cambiando y tienen unas secuelas tremendas. Nada de lo que había hecho me daba resultado hasta que probé con el cannabis medicinal. El resultado fue sorprendente. En cuestión de días, de tener diez crisis diarias bajó a no más de cuatro”, contó.

Sandra jamás había cultivado marihuana, ni probado. ¿Darle marihuana a su hijo? La pregunta, controversia mediante, se respondió al ver los primeros efectos en la salud del joven, quien recuperó calidad de vida, ordenó su sueño, recuperó apetito y “empezó a sonreír más”.

Mariana López vivía una situación similar. Su hijo tiene 16 años y padece esclerosis tuberosa. “Había probado de todo y ya no sabía qué hacer, porque los médicos querían aumentarle los fármacos pero no le hacían nada. Se levantaba y lloraba, se estaba deprimiendo”, contó envuelta en tristeza con solo recordarlo.

Se acercó a Sandra, primera referente local de Mamá Cultiva, y “al probarlo en mi hijo vi algo increíble; nunca había plantado ni nada, no sabía cómo era, pero al ver el efecto, el alivio es inexplicable”, reconoció.

Sandra y Mariana recibieron a LA CAPITAL para compartir la intimidad de la tarea que realizan. Junto a las casi 15 mamás que componen la ONG en la ciudad, organizan un cultivo de cannabis solidario y cooperativo.

Despojadas de la ilegalidad y centradas en cuidar de sus hijos, plantan marihuana, cortan sus flores, las secan, las curan y producen el aceite de manera artesanal, destilando la flor en alcohol y evaporando el preparado hasta obtener la resina que junto al aceite de coco u oliva orgánico se convierte en el aceite que guardan en goteros para proporcionales diariamente a sus hijos.

“La ley reconoce al cannabis como medicina pero al no estar legalizado o regulado el autocultivo, dentro de la legalidad no podés tener tenerlo. Hay un solo aceite que se solicita a través de unas planillas y que la Anmat permite su importación desde los Estados Unidos solo para casos de epilepsia. Pero es extremadamente burocrático y a veces ha llegado contaminado. Un aceite industrializado tiene colorantes, conservantes y no queremos un remedio más, sino algo artesanal para saber bien lo que le estamos dando a nuestros hijos”, contaron.

Las integrantes de “Mamá Cultiva” se reúnen los sábados en la sede local de la CTA. “Cada vez va más gente a averiguar. Preguntan cómo hacerlo y les contamos. Nos consultan cómo aplicarlo y les explicamos”, dijeron.

Sandra se lo da directamente a su hijo con el gotero. A Mariana le resulta más práctico poner algunas gotas en el yogurt de su hijo. Otros prefieren emplearlo en galletitas o tostadas. “La dosificación es muy participar”, reconocieron.

Ambas coinciden en que lo que hacen “es un acto de amor” despojado de cualquier prejuicio, incluso con la aceptación de sus familias, sobre todo al ver los efectos directamente en la calidad de vida de sus hijos. “Nos cambió la vida”, afirmaron convencidas.

“No es una cura, es un paliativo. Te da calidad de vida. Mi hijo no dormía nada y ahora sí. Comen mejor, están más conectados, ríen más. El cannabis barre con la intoxicación de los fármacos. Recuperar calidad de vida en estos casos es casi tan importante como curarse. Y nosotras también poder dormir seis horas seguidas y no escucharlos llorar desconsoladamente como antes, es tocar el cielo con las manos”, agregaron.

Desde que sus hijos utilizan aceite de cannabis, “su salud mejoró”. Pero, si lograron hallar en la naturaleza este elemento que recompuso sus vidas, ¿por qué formar una ONG?: “Nos encanta ayudar a la gente. Es casi es una obligación, para devolver y enseñar, compartir con los demás porque la calidad de vida que nuestros hijos recuperaron no tiene precio y todo el mundo merece saber que se puede salir adelante sin más fármacos”, manifestaron y por último concluyeron: “Es posible y no vamos a parar, siempre defendiendo el autocultivo. Lo hacemos por nuestros hijos, porque ¿quién no haría lo que fuera después de intentarlo todo para ver bien a su hijo?”.

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