Lejos del retiro y la quietud, cada vez más mujeres reorganizan su vida con foco en la autonomía, el cuidado del cuerpo y nuevas experiencias.
Después de décadas marcadas por el trabajo, la crianza y las tareas de cuidado, cada vez más mujeres mayores de 50 años empiezan a reorganizar su vida. No se trata de un repliegue, sino de un cambio de foco: correrse del mandato del empoderamiento permanente para priorizar el bienestar físico, emocional y social.
El fenómeno, aún poco visible, fue relevado por el Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa (CIS-UADE), que identificó una tendencia en expansión: mujeres que entrenan de manera regular, viajan solas o con amigas y toman decisiones orientadas a vivir mejor en esta etapa de la vida.
Según el estudio, 6 de cada 10 mujeres mayores de 50 años realizan actividad física de forma sostenida e incorporan caminatas, yoga o gimnasia como parte estable de su rutina. No responden a prescripciones médicas ni a modas pasajeras. Es una elección consciente, muchas veces asociada a años de postergación personal.
“Llegan a esta etapa con más derechos que sus madres, pero también con más cansancio”, explica Julieta Olivera, directora del Departamento de Psicología de UADE. “La actividad física aparece como una forma de cuidado integral y también como un espacio de encuentro entre mujeres”, destaca.
Del empoderamiento al bienestar
Durante décadas, el paradigma del empoderamiento impulsó a las mujeres a ocupar espacios históricamente vedados. Amplió derechos y autonomía, pero también sumó exigencias. Hoy, muchas mujeres mayores de 50 revisan ese recorrido y buscan una forma de bienestar que no esté ligada al rendimiento ni a la apariencia.
En ese marco, gimnasios exclusivos para mujeres, disciplinas de bajo impacto como pilates, calistenia o yoga, y grupos de running funcionan como ámbitos de reapropiación corporal. Son espacios donde el cuerpo deja de ser un territorio de mandato y vuelve a ser una fuente de disfrute y autonomía.
“El aumento de la participación femenina en actividades deportivas tiene dos causas centrales: el paso del tiempo en el cuerpo y una mayor disponibilidad horaria cuando finaliza la etapa de crianza o cuando no hubo hijos”, señala Olivera. “Hoy las mujeres quieren sentirse bien, cuidar su salud física y emocional y generar nuevos vínculos”.
Viajar solas, viajar distinto
El cambio también se expresa en el turismo. Las mujeres +50 viajan más, se animan a hacerlo solas y eligen experiencias que combinan cultura, naturaleza y crecimiento personal. Este comportamiento dio lugar a una nueva oferta turística: viajes diseñados por y para mujeres, con foco en la seguridad, el bienestar y el compañerismo.
“El viaje con amigas antes era impensado. Las vacaciones eran familiares o en pareja”, recuerda Olivera. “Hoy existe una aceptación cultural que habilita estas decisiones sin necesidad de pedir permiso”, apunta.
Operadores turísticos comenzaron a segmentar propuestas por edad y a contemplar variables como el tipo de actividades, el ritmo del recorrido y la posibilidad de generar vínculos. También surgieron agencias especializadas en mujeres mayores de 50 que ofrecen experiencias vinculadas al bienestar, la actividad física y el desarrollo personal.
Liz Baigrós, agente de viajes freelance, recibe consultas frecuentes de mujeres que buscan viajar con amigas o integrarse a grupos exclusivamente femeninos. “Atiendo desde mujeres de 60 que quieren retiros de yoga y meditación hasta mujeres de más de 80 que organizan viajes para participar en torneos internacionales”, cuenta.
Un desafío para la salud pública
La Organización Mundial de la Salud declaró al período 2021-2030 como la Década del Envejecimiento Saludable. En ese contexto, las mujeres mayores de 50 ocupan un rol central, tanto como destinatarias de políticas públicas como protagonistas de un cambio cultural.
La actividad física regular reduce el riesgo de sarcopenia, mejora el equilibrio y fortalece la autonomía. Viajar, por su parte, estimula funciones cognitivas, promueve la socialización y refuerza la autoestima. Ambas prácticas se consolidan como factores protectores de la salud mental y emocional.
Desde la psicología del desarrollo, esta etapa se comprende como un período de reorganización vital. Los proyectos cambian, los vínculos se redefinen y el cuerpo adquiere nuevos significados. En ese proceso, entrenar y viajar dejan de ser actividades accesorias para convertirse en experiencias de sentido.
El nuevo mapa del bienestar femenino se construye lejos de los estereotipos de pérdida o retiro. Se apoya en la autonomía, el cuidado del cuerpo y la posibilidad de redescubrir el mundo con otra mirada.