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Opinión 6 de agosto de 2019

Las PASO: mucho más que una gran encuesta nacional

por Emiliano Rodríguez

Se equivocan quienes minimizan la relevancia electoral que tendrán las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) previstas para el próximo domingo 11 de agosto.

Es cierto que se trata de una votación que en el ámbito nacional no resolverá candidatura alguna, dado que tanto el oficialismo como los frentes de oposición ya confirmaron con antelación la integración de sus listas con miras a los comicios generales de octubre venidero.

En ese sentido, estas “internas” que se celebrarán el próximo domingo son claramente prescindibles. Sin embargo, los resultados de las PASO podrían alcanzar una importancia significativa pensando en las elecciones del 27 de octubre.

Estas primeras, este primer casillero de la rayuela electoral de 2019, se perfilan para convertirse en una votación largamente más trascendente que esa “gran encuesta nacional” de la que algunos analistas políticos hablan por estos días.

Restarle significación implica cometer un grosero error, toda vez que cada punto de diferencia entre el Gobierno y el peronismo unido -la principal fuerza de oposición en estas elecciones- puede llegar a resultar determinante en la decisión que vaya luego a tomar el electorado en octubre.

En el oficialismo lo saben y por ese motivo el presidente Mauricio Macri intensificó en los últimos días su discurso proselitista con vistas a las PASO.

Macri insistió en la importancia de concurrir a las urnas y brindar un respaldo con el voto a la gestión oficial: “No es una elección más, sino una elección donde se define si avanzamos al futuro o volvemos al pasado, si seguimos trabajando contra las delincuencias, el narcotráfico, de dialogar con el mundo o volver a darle la espalda”.

“Se define si continúa esta convivencia, donde se permite pensar distinto, o volvemos a la intolerancia”, agregó el jefe de Estado, en referencia a los comicios del próximo domingo. Según dijeron fuentes cercanas al Gobierno, en Balcarce 50 confían en poder terminar las PASO cerca del Frente de Todos, que postula a Alberto Fernández para la Presidencia de la Nación, con la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner como compañera de fórmula.

En las últimas semanas, Macri mejoró su desempeño en mediciones sobre intención de voto y algunas consultoras, como Taquion, ya hablan de un virtual “empate técnico” con Fernández en encuestas realizadas con miras a las primarias.

Para el Gobierno, conseguir que la dupla Macri-Miguel Pichetto le pise los talones al binomio Fernández-Fernández es crucial de cara a los comicios de octubre: perder el próximo domingo por más de cinco puntos de diferencia podría significar para Juntos por el Cambio un golpe a la mandíbula difícil de asimilar -y de revertir- pensando en la votación general.

Oleada de promesas

A pesar de embarrarse en discusiones con la prensa y hasta con una científica que podría demandarlo ante la Justicia por haberla nombrado en un acto público, Alberto Fernández también se muestra convencido de que las PASO revisten una importancia por demás superior a la de una mera consulta oficial sobre preferencias del electorado a la hora de votar.

En los últimos días, el ex jefe de Gabinete del kirchnerismo lanzó una oleada de promesas de campaña y generó revuelo al cuestionar las elevadas tasas de interés de las Leliq (Letras de Liquidez), procurando tal vez sacudir el moisés del adormecido mercado de cambios doméstico.

Sabiendo que para el Gobierno se avecina una rendición de cuentas sumamente rigurosa después de casi cuatro años de agridulce gestión, Fernández consume energías y se esfuerza al máximo en estos días previos a las PASO tratando de seducir especialmente a los desencantados e indecisos.

En este contexto, la estrategia del miedo prevalece con fuerza: por un lado, el Gobierno advierte acerca del peligro de “volver al pasado” y por el otro, el kirchnerismo busca encender alarmas en la población alertando sobre los riesgos de que el macrismo se mantenga cuatro años más en el Poder.

Así las cosas, la Argentina se encamina hacia unos comicios sumamente polarizados, en los que Juntos por el Cambio y el Frente de Todos se disputen el protagonismo sin dejar espacio prácticamente para que un “tercero en discordia” consiga asomar la cabeza.

En la recta final de la campaña proselitista con vistas al 11 de agosto, pasan prácticamente inadvertidas las actividades que encabezan Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey como integrantes de Consenso Federal 2030, mientras se diluyen las posibilidades del ex ministro de Economía y “personaje del verano” pasado de trascender verdaderamente en la próxima votación.

Algunas encuestas, como una realizada días atrás por la consultora Marketing & Estadística, ubican a la dupla Lavagna-Urtubey degradada a un cuarto lugar en mediciones sobre intención de voto, con apenas un 4 por ciento de las preferencias, por detrás del economista José Luis Espert (6%).

El mismo trabajo, que muestra al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, como el dirigente político que “mejor mide” en el país (nivel de conocimiento más ponderación de imagen), pone de manifiesto la “grieta” en la que se encuentra sumergida la sociedad argentina.

¿Por qué? Porque, de acuerdo con esta consultora, casi el 80% del electorado tiene pensado votar a Juntos por el Cambio o al Frente de Todos el domingo que viene.

Y para terminar, otro dato alentador para el Gobierno, al que claramente le puede resultar provechoso en escenario de polarización: más de cuatro de cada 10 encuestados consideró que la economía nacional mejorará en los próximos dos años (43% de las opiniones).

El oficialismo necesita justamente eso, generar esperanza y encender una luz al final del túnel para conseguir un voto de confianza el domingo que viene en las urnas, buscando de este modo salir airoso del primer escollo electoral del año.