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Policiales 22 de julio de 2026

Le clavaron un cuchillo en la cabeza y lo prendieron fuego: a 15 años de un crimen que quedó impune

El asesinato de Daniel Oliva conmocionó a Playa Serena apenas horas después del Día del Amigo de 2011. Los bomberos acudieron a apagar un incendio en una vivienda de calle 13 al 500 y descubrieron que el cuerpo era quemado para ocultar el homicidio. La única línea investigativa nunca pudo sostenerse con pruebas y la causa prescribió en 2023.

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Imagen de archivo de la vivienda en donde se produjo el brutal homicidio.

Habían pasado apenas unas horas del Día del Amigo cuando una columna de humo comenzó a salir de una vivienda de Playa Serena. Los albañiles que trabajaban en una obra cercana pensaron que se trataba de un incendio doméstico y llamaron a los bomberos. Cuando lograron sofocar las llamas descubrieron que el fuego no consumía muebles ni una estufa: intentaba borrar las huellas de un crimen. En el interior de la casa yacía el cuerpo de Daniel Oliva (50), con varias puñaladas y la hoja de un cuchillo incrustada en la cabeza.

La escena, descubierta el 21 de julio de 2011 en una vivienda de la calle 13 al 500, se convirtió de inmediato en impactante. No sólo por la violencia con la que había sido asesinado Oliva, sino también porque el autor había intentado incendiar el cadáver para eliminar cualquier rastro.

A 15 años del hecho, el expediente permanece tan desconcertante como aquel primer día. Nunca hubo personas imputadas, la única sospecha concreta no pudo sostenerse con pruebas y, finalmente, en 2023 la causa prescribió. El homicidio quedó impune.

De acuerdo con la reconstrucción del caso, la investigación comenzó casi por accidente. Fueron unos obreros que trabajaban en una construcción cercana quienes observaron que salía humo de la vivienda de Oliva y dieron aviso a los bomberos del cuartel San Patricio.

Al ingresar al inmueble, los servidores públicos extinguieron rápidamente un foco ígneo que parecía menor y encontraron el cuerpo parcialmente calcinado de un hombre. En un principio creyeron que se trataba de una muerte accidental vinculada al uso de una estufa eléctrica.

Sin embargo, al examinar la escena advirtieron que del lado izquierdo de la cabeza sobresalía la hoja de un cuchillo. Minutos después llegaron efectivos de la comisaría decimotercera -con jurisdicción en la zona- y de Policía Científica, que confirmaron que estaban frente a un homicidio.

Publicación de la noticia en la edición de papel del viernes 22 de julio de 2011 del Diario LA CAPITAL.

Publicación de la noticia en la edición de papel del viernes 22 de julio de 2011 del Diario LA CAPITAL.

La posterior autopsia reveló además que Oliva no había recibido una sola puñalada. Presentaba múltiples heridas cortantes en distintas partes del cuerpo y el incendio había sido provocado cuando ya estaba muerto, con el único objetivo de intentar ocultar el asesinato.

Una vida solitaria y pocos rastros

Desde el comienzo, la investigación quedó condicionada por el perfil de la víctima. Oliva cobraba una jubilación por invalidez, vivía solo y llevaba una existencia extremadamente austera. Tenía escasos vínculos personales y era asistido por integrantes de la sociedad de fomento del barrio. Esa situación reducía considerablemente el universo de personas con las que mantenía contacto cotidiano.

Los investigadores tampoco encontraron indicios claros de un robo. La vivienda estaba desordenada, aunque quienes conocían el lugar aseguraban que ese era el estado habitual de la casa.

Con muy pocas pistas materiales y sin testigos directos, la fiscalía encabezada en ese entonces por Paulo Cubas debió reconstruir los últimos movimientos de la víctima a partir de entrevistas con vecinos y allegados.

La única sospecha

Dos días después del hallazgo del cuerpo se realizó el procedimiento que parecía marcar el rumbo definitivo de la causa.

La policía allanó la vivienda de un hombre de nacionalidad paraguaya, de 41 años, conocido de Oliva y con antecedentes penales por delitos contra la propiedad. Durante el operativo fueron secuestradas prendas de vestir con manchas que podrían haber sido de sangre.

Además, los investigadores contaban con algunos elementos que despertaban sospechas: la bicicleta de ese hombre había sido encontrada en la casa de la víctima y algunos vecinos aseguraban haberlo visto merodeando el domicilio durante la mañana del crimen. Incluso circuló la versión de que ambos mantenían diferencias relacionadas con la vivienda.

Sin embargo, ninguna de esas circunstancias pudo transformarse en prueba. Los peritajes nunca permitieron establecer un vínculo concluyente entre las manchas halladas y el asesinato. Tampoco aparecieron testimonios directos ni otros elementos de cargo que justificaran una imputación formal.

El sospechoso ni siquiera fue privado su libertad y la investigación volvió prácticamente al punto de partida. Con el paso de los años, la causa perdió impulso.

El personal de la División Homicidios de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) local, junto a efectivos de la Policía Científica y de la comisaría decimotercera continuaron realizando distintas diligencias, pero nunca apareció una evidencia capaz de reconstruir con certeza qué ocurrió dentro de aquella vivienda de Playa Serena ni quién atacó a Oliva con semejante violencia.

Tampoco pudo establecerse el móvil del crimen. La investigación transitó más de una década sin avances significativos hasta que, en 2023, operó la prescripción de la acción penal. Desde ese momento ya no existe posibilidad jurídica de perseguir al autor del homicidio.

Así, 15 años después, el humo que alertó a los vecinos, el incendio provocado para borrar evidencias y la imagen del cuerpo con la hoja de un cuchillo incrustada en la cabeza siguen siendo las únicas certezas de un asesinato estremecedor. El resto permanece envuelto en el mismo misterio que aquella tarde de julio de 2011.