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Leopoldo Gaillour busca inspirar a otros “a entender su lado artístico y creativo”

A propósito de la segunda temporada de "El sofá de Orfeo". "El arte sensible y profundo tiene el poder cambiarlo todo, sin arte no hay mundo interior. Es una herramienta que nos salva y siempre nos devuelve un pequeño gramo de oxígeno a la vida", define el artista que encontró en el diálogo otra manera de compartir su pasión.

Arte y Espectáculos 1 de marzo de 2026

Por Claudia Roldós

Cantante, compositor, músico, docente y terapeuta sonoro, Leopoldo Gaillour encontró otra forma de debatir, analizar, compartir y valorar el arte. Con “El sofá de Orfeo”, un pódcast que en febrero inició su segunda temporada, se pone en rol de productor, conductor de charlas profundas, reflexivas y que apuntan a la emoción, con referentes de distintas disciplinas.

Una forma de inspirar e inspirarse permanentemente sobre la herramienta que puede tener tantas formas y que, según aseguró, “tiene el poder de cambiarlo todo”.

El primer capítulo del pódcast estrenó el 7 de octubre de 2025. Tras la introducción, el primer capítulo fue una conversación con la bailarina marplatense Montserrath Oteguí. Además, participaron Edith Villalba, Cecilia Pugliese, Ricardo Vaquero, Federico Vera, Claudia Goiburu y la segunda temporada inicio con Julieta Dorronsoro. Todos se pueden escuchar en Spotify.

“La idea nace principalmente de la necesidad de comunicar, algo que siempre hice a través de la música. En esta ocasión, esa necesidad se traslada al terreno de la reflexión y la palabra: cada invitado aporta su mirada sobre el lugar que ocupa el arte y la creatividad en la vida de cada uno y su valor a nivel social”, compartió el artista.

En ese sentido, aseguró que la búsqueda apunta “a una mayor conciencia del valor de lo creativo en nuestra vivencia, algo que en nuestra sociedad se lo relega a un lugar de privilegio o solo para algunos momentos, descubrirlo cada día de nuestra vida. Ver que todos somos creativos, todos tenemos un lugar para la actividad artística y como esta nos transmuta y definitivamente nos cura”.

-En momentos que todo parece girar a la inmediatez, lo breve y superficial elegiste la conversación como formato central ¿Por qué?

-Justamente, lo más rico de la reflexión y de la mirada interior es poder compartirlas. En cada charla surgen temas que nos llevan a la sensibilidad, al pensamiento crítico y reflexivo, a reconocer nuestro mundo creativo a través de un diálogo nutritivo en el intercambio. Es vernos en un espejo a través del otro, descubrir nuestro costado creativo -si aún no lo habíamos hecho-.
En cada episodio, los invitados desnudan esa sensibilidad desde el conocimiento, la experiencia vivida, el humor y, sobre todo, la emoción.

-¿Sentís que hoy, que prima el monólogo, conversar es casi un gesto, de rebeldía, contracultural?

-Conversar nos permite entrar en un feed back con el otro y nos enseña a escuchar, a entrar en un verdadero dialogo, algo que es muy complejo. En cada episodio cuido mucho que a pesar que cada uno pone de manifiesto su mirada acerca del arte, sea justamente el arte quien nos hable de quienes somos y nos guíe en este intercambio. La música hecha con otros siempre me enseño esto… a oír antes de intervenir, analizar, conservar el silencio si es necesario para poder luego aportar algo significativo o solamente acompañar. Cuando entramos en contacto con el hecho artístico, esa misma manifestación expresiva me modifica y me lleva a reflexionar, me mueve del lugar donde estaba. Ese monologo interno, si le podemos decir de esta manera, es necesario siempre y cuando nos lleve a la reflexión desprovista del ego y libre de juicios. Cuando hacemos arte y decidimos compartirlo podemos caer en un monologo ególatra, pensamos “miren lo que puedo hacer”, “¡escuchen!, ¡vean!, asómbrense, ¡compren!”, ahí estamos cayendo en una trampa. En cambio, si mi arte dialoga con el otro, aparece por una necesidad de comunicar y de entender que lo que yo pueda hacer a través del arte me modifica pero modifica también a mi entorno en forma sensible y en contemplación con la belleza, entiendo que soy un canal de información. No soy el arte, no soy la belleza, no soy esto que hago… eso ya existe en el universo, solo pasa a través de mí para decodificar esa información desde el lenguaje humano nada más. Entonces ahí quizás, pueda entrar en diálogo.

-El título remite a Orfeo, figura mítica ligada a la música y al poder transformador del arte. ¿Qué sentido tiene esa referencia en el espíritu del pódcast?

-Mirá, cada vez que termino de grabar y luego editar un episodio siento una alegría muy grande porque lo hablado aportó en ambos, principalmente, un instante creativo y sobre todo reflexivo. La idea de este pódcast es que cada persona que lo escuche entienda al arte como una herramienta de superación y transmutación valiosísima. Busco que a través de las charlas podamos inspirar a otros a entender su lado artístico y creativo y sobre todo valorarlo.

El poder de cambiarlo todo

-¿Creés que el arte todavía tiene capacidad de generar preguntas profundas en una sociedad acelerada? ¿Es una respuesta a ese acelere?

-El arte sensible y profundo tiene el poder cambiarlo todo, sin arte no hay mundo interior. Es una herramienta que nos salva y siempre nos devuelve un pequeño gramo de oxígeno a la vida. El arte nos llama a la idea de la belleza, nos la recuerda y por supuesto que transforma el mundo.

-¿Cómo seleccionás a los invitados y qué buscás que suceda en cada encuentro?

-Principalmente necesito admirar a esa persona que llega al sofá de Orfeo donde tengo la certeza que su discurso va a ser enriquecedor. Es buscar al cómplice ideal que pueda poner en palabras este hecho transformador del que tanto hablo.

La primer pregunta que siempre hago y la uso de disparador y como eje es “qué lugar ocupa el arte en la vida de…”, luego cada uno en base a su vivencia, emocionalidad e intelectualidad comienza su propio camino el cual intento acompañar y nutrir.

-¿Hay una línea conceptual que atraviesa todos los episodios o preferís que cada conversación encuentre su propio rumbo?

-Por el pódcast ya han pasado figuras de la danza, la música, del teatro, la ciencia, la docencia, la composición y el cine y la filosofía pero también otros que sin tener como eje central a la creatividad en su vida tienen una mirada atenta y profunda en base a ella estando del lado del espectador que en definitiva es el lugar de cada uno que escucha “El sofá de Orfeo”.

Creatividad, pensamiento crítico, ciencia

-Proponés un cruce entre creatividad, pensamiento crítico y ciencia. ¿Cómo dialogan esas dimensiones en tu propia trayectoria?

-Dialogan todo el tiempo sin parar. Por un lado si dejo de ser creativo siento que me apago o me vuelvo “gris”. La creatividad me mantiene en eje, me da energía, me impulsa a vivir cada día. Un ensayo, el estudio de una obra, la investigación estilística de un periodo de la historia musical, la preparación de un concierto, el diseño de las gráficas para un recital o para un producto discográfico, componer, grabar, proyectar, informarme sobre técnicas de edición de audio y nuevas tecnologías. Todo eso me atraviesa y da sentido a mi vida constantemente.

El pensamiento crítico siempre es una lucha constante para que sea un pensamiento sano y no destructivo. Tengo una personalidad extremadamente perfeccionista y eso muchas veces me lleva a no estar nunca conforme con lo que hago, pero entiendo que también puede ser un aliado para lograr el mejor resultado en mi hacer creativo. Debemos apuntar siempre al pensamiento crítico pero que construya. La ciencia nos aporta conocimiento y pensamiento concreto ante un hecho que podríamos decir que es de otros planos, nos aporta una mirada racional ante la magia del arte. Por ejemplo en el episodio 6 de la primer temporada, vino el doctor en Ciencias Biológicas e investigador Federico Vera que nos da su mirada en base a sus trabajos de investigación sobre el vínculo entre música, mente, cuerpo y emoción. Sus estudios aportan otra mirada del arte y la ciencia de la creatividad que muchas veces es intangible.

-¿Sentís que hoy el arte necesita volver a pensarse en relación a o profundizar su relación con la experiencia humana?

-El arte nos acerca a la búsqueda del equilibrio y a poder elevarnos en espíritu. El arte es parte inseparable de la experiencia humana, siempre. No existe uno sin el otro. Ahora, que se busque esa separación mediante estrategias carentes de nobleza y de artificialidades que hasta incluso utilizan al arte como medio para realizarlas es algo propio de quien desea una humanidad gris, sin capacidad de expresarse o mucho peor, conmoverse y dejar de buscar el ideal de belleza. La revolución de este pódcast es devolvernos por un momento ese pensamiento sensible y crítico en base a “que lugar ocupa el arte en mi vida”.

Aprendizaje constante

-¿La experiencia del pódcast modificó tu manera de escuchar o de preguntar?

-Muchísimo. Una gran cantidad de veces vuelvo a oír los episodios, a reformularme preguntas en base a lo expuesto y me descubro nuevamente emocionado o se revelan ideas que en ese momento no aparecieron. Cada vez que comenzamos a grabar y hasta incluso cuando me siento en la computadora a preparar la presentación de cada invitado, me observo si realmente estoy escuchando, si estoy en ese momento presente. Me descubro mucho más analítico de la información que llega y cómo la proceso. Hasta incluso cuestiones técnicas de la voz, que como cantante las tengo siempre presentes y que ahora se hacen tangibles también al hablar a través de un micrófono. Me escucho y escucho al otro, una práctica fundamental en el diálogo, ¿no?

-¿Qué aprendizajes/experiencias te dejó el primer tramo de episodios?

-Como experiencia es transformadora porque es una forma de plasmar la creatividad desde un lugar no habitual para mí a través de un espacio más “radial” que siempre me gusto pero que nunca ejercí. Ahora este advenimiento de los pódcast nos permite comunicar ideas y conocimiento que siempre harán eco en otros. De todas formas mi lugar como músico esta inevitablemente porque todos los episodios tienen audios programáticos o descriptivos que ilustran con sonido algunas ideas que se van plasmando y también sirven como refuerzo de la atención del oyente.

Todo eso lo compongo, lo grabo y lo produzco, nada esta prefabricado, ¡todo se crea! Por otra parte, está todo el bagaje técnico necesario para poder hacer un producto de calidad y que sea competente en el “mundo pódcast”.

Mirando y pensando siempre de qué manera y dónde se graban los episodios, cuál es el espacio acústico necesario, cuáles son los micrófonos indicados hasta el trabajo inmenso que lleva la posproducción de cada capítulo que nunca baja de 6 horas de trabajo por episodio una vez grabado. Si a eso le sumamos toda la preproducción más el diseño de gráficas y prensa puedo vivir dentro de mi estudio tranquilamente. Algo que me fascina hacer, sobre todo cuando tengo devolución de las personas que me dicen ¡qué bien se escucha! O ¡siempre antes de ir a dormir escucho el pódcast! Ya está, con eso, ¡trabajo hecho! Y ahí está la felicidad inmensa que nos genera la creatividad. La posibilidad de ponernos en ese estado en el que creamos algo que nos ayuda a realizarnos y nos da sentido pero también aporta a la vida del otro.

-¿Cómo imaginás la evolución/continuidad de “El Sofá de Orfeo”?

-Imagino el futuro del pódcast expandido, llegando a más oídos y generando transformación. Un espacio donde cada creador pueda revelar su ser y compartir aquello que tiene para ofrecer. Mientras tanto, como dice Lama Rinchen, disfruto el proceso.