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Opinión 27 de octubre de 2026

¡Les dimos celular, la IA y les sacamos el respeto…y los límites!

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Por Federico J. Cermelo

Los casos de bullying, violencias digitales y agresiones a docentes son parte de una trama que se repite en todo el país y esta semana tocó fondo. En Catamarca, el caso que expuse en mis redes y se volvió viral: la filtración del video íntimo de una alumna y la humillación de sus propias compañeras en Bariloche que, además, disfrutaban del daño y la crisis emocional que padecía la víctima.

No es una pelea adolescente, es difusión no consentida de material íntimo, violencia escolar y digital, daños graves. Por eso interviene Ciberdelitos, ya es delito y no puede quedar impune.

A eso se suman los recientes casos en Lomas de Zamora y Villa Bosch. Allí ya no se roba una imagen, se la fábrica. Chicos que usan inteligencia artificial para crear fotos de compañeras desnudas y hacerlas circular. En Lomas fueron 45 víctimas y hasta vendieron las imágenes en sitios para adultos con nombre y apellido. El prompt reemplaza a la cámara oculta, pero el daño a la intimidad es el mismo.

En Mar del Plata lo visibilizó Papucho. El influencer marplatense expuso el hostigamiento que sufría su hija en la escuela y el calvario de ir a aprender con miedo. Su testimonio contribuye a romper el silencio de muchas familias que hoy viven lo mismo y no encuentran respuestas en la institución.

Esa descomposición se ve del otro lado del escritorio con lo ocurrido en San Nicolás el 13 de octubre y recientemente viralizado. Una docente agredida por pedir que dejen el celular en clase. No es solo un hecho de violencia, es la pérdida total de la autoridad y del respeto como valor en el aula.

Cuando la respuesta a un límite es arrastrar de los pelos a una profesora, se rompe el pacto básico que sostiene a la escuela. El celular dejó de ser herramienta y se volvió una extensión intocable del cuerpo. Sin autoridad no hay pedagogía posible.

Claramente al vivir en una sociedad hiperconectada, el acoso hoy es 24×24 y ya no termina cuando suena el timbre. Un perfil anónimo te persigue hasta tu habitación, una máquina te desnuda sin que hagas nada. Hay demasiados incentivos para el bully y el hater, y muy pocas contenciones para prevenir, frenar y sancionar.

En este sentido, cabe destacar que herramientas legales tenemos, falta que se cumplan y que el Estado ponga recursos. Lo trabajamos en pandemia desde el Observatorio de Familias y Juventudes que presidí junto a Mamá en Línea y con Sergio Massa quien por entonces era presidente de la Cámara de Diputados, cuando impulsamos la Ley Mica Ortega, que luego se aprobara por unanimidad.

Esa ley contra el grooming abrió el camino. Luego vino la Ley Olimpia, que reconoce la violencia digital como violencia de género y sanciona la difusión no consentida de contenido íntimo. Es la que debería proteger hoy a la joven de Catamarca y a las chicas de Lomas y Villa Bosch.

Incluso, hace días se aprobó en provincia la Ley Ema, que crea un programa integral para prevenir la violencia de género digital en niños y adolescentes y obliga a las escuelas a intervenir y, aún, nos sigue faltando la Ley Belén que agrega carga penal a los victimarios.

Ahora bien, si no hay un protocolo único, obligatorio y con presupuesto real para actuar en todas las escuelas, las leyes quedan en papel y es lo que hoy está pasando.

Ante la inacción estatal y la falta de respuestas reparadoras, me solidarizo con todas las familias del país que están sufriendo por estas violencias. Son la muestra de una escuela que agoniza sin autoridad y sin leyes que se cumplan.

*El autor es abogado y docente universitario especializado en violencias digitales y escolares. Colaborador de Fundación Lea y ex director del Observatorio de Familias y Juventudes de la HCDN.