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Opinión 7 de octubre de 2023

Lo mejor está por venir (o por qué los viejos son más felices)

por Flora Proverbio (*)

 

Nos asusta pensar en la vejez, sobre todo si es la propia. Comúnmente la asociamos con tristeza, temores, arrepentimientos, depresión y soledad. Pero según parece, esto no es necesariamente así. Incluso puede ser todo lo contrario: que cuantos más años tengamos, más felices podamos ser.

Jonathan Rauch sugiere que los niveles más altos de felicidad se presentan en esta etapa de la vida. En su libro La curva de la felicidad: por qué la vida es mejor después de los 50, el autor sugiere que durante la infancia la vida es fácil y divertida. A medida que nos adentramos en la adolescencia, esa felicidad va decreciendo y, a partir de los 20 años, el estrés aumenta constante y considerablemente, al mismo ritmo que nuestra productividad y responsabilidad.

Mundialmente, 46 años es la edad promedio en que la preocupación, depresión y ansiedad alcanzan su punto máximo. A menudo se percibe la mediana edad como el apogeo de la vida, con carreras que sostener y familias que cuidar, proveer y mantener. Y si bien todo esto es altamente satisfactorio, el despliegue que esto requiere también significa un trabajo demandante tanto física como emocionalmente. ¿Qué sucede después?

Después la coyuntura cambia, como las prioridades y las sensaciones. Muchas veces, quienes tuvimos hijos o hijas y experimentamos la “crisis del nido vacío”, sentimos la sensación de que “lo hecho, hecho está”. Nos damos cuenta de que algunas cosas que soñamos probablemente nunca sucederán. Aparece un cierto alivio que nos permite relajarnos. La conciencia de que el tiempo avanza hace que muchos decidamos cambiar el foco: en lugar de luchar por construir el futuro a largo plazo nos concentramos en disfrutar del presente, saboreando la vida cotidiana y nutriendo lazos interpersonales.

Varios estudios acerca de la felicidad corroboran que a partir de los 50 la satisfacción de las personas va en aumento, alcanzando un pico máximo en la vejez. Este dato aporta optimismo y bienestar en un país como Costa Rica, en donde casi el 30% de la población tiene más de 50 años.

Pareciera ser que enfrentarnos con el hecho de que nuestro tiempo es finito nos hace apreciar lo verdaderamente importante y valioso. Este fenómeno conocido como la paradoja del envejecimiento nos invita a repensar la representación que tenemos sobre la vejez. Nos propone avanzar con alegría ya que nos espera un mix estimulante de sabiduría, experiencia y felicidad.

(*) Divulgadora y activista de la longevidad positiva.