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La Ciudad 20 de octubre de 2026

Los Juegos que traen alivio en la antesala del verano y las miradas puestas en el fenómeno de El Niño

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

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En medio de un año difícil para el turismo, el comercio y la gastronomía, Mar del Plata encontró esta semana un alivio que llega en un momento más que oportuno. Las finales de los Juegos Bonaerenses volvieron a movilizar a la ciudad con la presencia de 30.000 participantes provenientes de los 135 municipios de la provincia. Y detrás de los deportistas llegaron también entrenadores, profesores, coordinadores y familiares, generando un movimiento económico que se hace sentir especialmente en hoteles, restaurantes, cafeterías, comercios y distintos servicios vinculados con la actividad turística. En la antesala de una temporada de verano que todavía plantea interrogantes por la pérdida del poder adquisitivo y la retracción del consumo, los Juegos representan una inyección de actividad para una economía marplatense que viene necesitando buenas noticias. Durante cinco días, desde el lunes hasta el viernes, miles de visitantes recorren las calles, ocupan alojamientos, consumen en establecimientos gastronómicos y contribuyen a dinamizar sectores que atravesaron meses de escasa actividad. El impacto se percibe particularmente en el centro, aunque alcanza también a otros sectores de la ciudad.

 

 

Los Juegos, que este año alcanzaron el récord de 504.000 inscriptos, tienen una importancia deportiva, cultural y social indiscutible. Pero para Mar del Plata representan también un acontecimiento económico de considerable magnitud. En este sentido, su realización en octubre constituye una suerte de anticipo de la temporada alta, aunque concentrado en apenas cinco jornadas. No alcanza, naturalmente, para revertir las dificultades que atraviesa la actividad comercial, pero sí para ofrecer un respiro cuando todavía faltan varias semanas para que comience el movimiento fuerte del verano. El propio ministro de Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque, destacó durante la apertura que, en el complejo contexto económico actual, los Juegos constituyen también un impulso para el turismo, el comercio y la economía marplatense. La Provincia destinó 21.000 millones de pesos a la organización de esta edición, que incluye más de cien disciplinas deportivas y culturales.

 

 

Pero la jornada inaugural dejó también una postal política que no pasó inadvertida. El gobernador Axel Kicillof encabezó la ceremonia y tuvo a su lado al intendente Guillermo Montenegro, una presencia que aportó un ingrediente particular al encuentro. Ambos representan espacios políticos enfrentados y mantienen profundas diferencias respecto de la gestión nacional y provincial. Sin embargo, compartieron el acto de apertura de una competencia que trasciende las pertenencias partidarias. La escena tuvo, además, un momento de humor involuntario. Al presentar a las autoridades, Montenegro fue anunciado como “Guillermo Moreno”, confundiéndolo con el exsecretario de Comercio Interior del kirchnerismo. Un blooper que no deja de tener su ironía política: el intendente, identificado con el PRO y aliado a La Libertad Avanza, terminó siendo presentado con el nombre de uno de los dirigentes más reconocidos del peronismo kirchnerista.

 

 

Y las particularidades no terminaron allí. Con Montenegro presente, Kicillof aprovechó su discurso para cuestionar con dureza las políticas del Gobierno nacional. El gobernador sostuvo que la administración de Javier Milei abandonó el deporte, recortó un 70% de los recursos destinados al sector y prácticamente hizo desaparecer los Juegos Evita. Frente a ese escenario, contrapuso la decisión de la Provincia de sostener e incrementar la inversión para garantizar la continuidad de los Bonaerenses. El contraste político fue evidente. Mientras Kicillof reivindicaba el papel del Estado y lanzaba sus críticas contra la Casa Rosada, Montenegro compartía el escenario como representante del municipio anfitrión. Una postal de convivencia institucional en medio de diferencias políticas que seguramente volverán a profundizarse a medida que se acerque el calendario electoral de 2027. De todos modos, más allá de las declaraciones, los cruces y hasta las confusiones de nombres, hubo un dato que difícilmente admita discusiones: Mar del Plata recibió a miles de visitantes en una época del año en la que cada movimiento turístico cuenta. Y para una ciudad que espera con ansiedad la recuperación del consumo y una buena temporada de verano, los Juegos Bonaerenses representan mucho más que una competencia deportiva. Son también cinco días de actividad, trabajo y movimiento económico. Un respiro que, por estas horas, se agradece.

 

 

Mientras Mar del Plata comienza a prepararse para una temporada turística cargada de interrogantes económicos, aparece otro factor que podría convertirse en protagonista del verano: el fenómeno de El Niño. Y las últimas informaciones internacionales no son precisamente para pasar por alto. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advirtió el 8 de octubre que El Niño continúa intensificándose y tiene más del 83% de probabilidades de mantenerse fuerte o muy fuerte hasta el trimestre enero-marzo de 2027. Los especialistas incluso contemplan la posibilidad de un fenómeno de intensidad histórica, comparable o superior a los grandes episodios registrados desde 1950. El Servicio Meteorológico Nacional argentino también confirmó que el fenómeno atraviesa una fase fuerte. ¿Qué puede significar esto para Mar del Plata? Los antecedentes muestran que El Niño suele favorecer precipitaciones superiores a las habituales en distintas regiones del país, incluida buena parte de la provincia de Buenos Aires. Por supuesto, esto no significa que vaya a llover todos los días ni que esté condenada la próxima temporada. Pero sí que existe una variable climática que merece mucha más atención de la que habitualmente recibe.

 

 

Un reciente trabajo del Servicio Meteorológico Nacional aporta información especialmente interesante para nuestra región. El estudio, elaborado por el meteorólogo José Luis Stella, analizó los episodios de El Niño registrados entre 1981 y 2025 y sus consecuencias sobre las precipitaciones. Para el centro-este bonaerense, donde se encuentra Mar del Plata, identificó dos períodos en los que históricamente se observaron mayores excesos de lluvia: entre octubre y diciembre y entre febrero y abril. En los episodios fuertes o muy fuertes, las anomalías positivas más marcadas se concentraron, en promedio, entre junio y diciembre. Hay, sin embargo, un detalle importante: hasta septiembre de este año, la región venía registrando precipitaciones inferiores a las normales, un comportamiento diferente del que surge de los antecedentes. Los especialistas aclaran que los fenómenos climáticos no se comportan siempre de la misma manera y que un pronóstico estacional no permite anticipar cuántos días de lluvia tendrá Mar del Plata en enero o febrero. Pero también es cierto que cuando un fenómeno de esta magnitud comienza a consolidarse, ignorar sus posibles consecuencias sería poco razonable.

 

 

La preocupación excede largamente a los especialistas en meteorología. Mar del Plata depende en buena medida de lo que ocurra durante unas pocas semanas de verano. Y si a las dificultades económicas, la caída del poder adquisitivo y la competencia de los destinos internacionales se les suma una sucesión de jornadas lluviosas, el impacto puede sentirse en numerosos sectores. Los balnearios, los comercios vinculados con la playa, la gastronomía, las actividades recreativas y buena parte de los servicios turísticos están condicionados por el tiempo. Naturalmente, el mal clima también puede beneficiar circunstancialmente a teatros, cines, centros comerciales y otras propuestas bajo techo. Pero hay algo que convendría incorporar a la planificación de la temporada: Mar del Plata necesita contar con alternativas turísticas atractivas para los días de lluvia, una oferta que no dependa exclusivamente del sol y de la playa. Y hay otra cuestión todavía más importante. Las precipitaciones extraordinarias también ponen a prueba los desagües pluviales, los arroyos, las calles y la infraestructura de los barrios. Porque una cosa es que llueva durante las vacaciones y otra muy distinta es que una tormenta intensa provoque anegamientos, complicaciones en el tránsito o situaciones de emergencia.

 

 

¿Está realmente preparada Mar del Plata para afrontar lluvias extraordinarias durante el próximo verano? ¿Se conocen con precisión los sectores más vulnerables? ¿Alcanza la capacidad de los desagües pluviales? ¿Qué obras deberían priorizarse? ¿Existe una coordinación suficiente entre las distintas áreas municipales para responder cuando una tormenta descarga una cantidad excepcional de agua en pocas horas? Es justo reconocer que el tema no ha sido completamente ignorado. En agosto, el municipio reunió al Comité de Emergencia, encabezado entonces por Agustín Neme, con participación de Defensa Civil, Obras Sanitarias, Emvial, Emsur y otras dependencias. Se analizaron antecedentes de temporales, se proyectaron relevamientos territoriales y se informaron tareas preventivas de limpieza de canales y arroyos en barrios como El Casal, La Herradura y 2 de Abril. Hay, además, un antecedente que no debería quedar en el olvido. En diciembre de 2020, el Concejo Deliberante sancionó la ordenanza 24.953, que creó el Consejo Municipal frente al Cambio Climático y contempló la elaboración de un Plan Local de Acción Climática. La norma establece objetivos de mediano y largo plazo, acciones concretas e informes periódicos sobre su evolución. Sería interesante saber qué avances se produjeron en estos casi seis años, qué iniciativas están efectivamente en marcha y cuáles son las prioridades para enfrentar escenarios meteorológicos cada vez más exigentes.