La Ciudad

Los nacimientos bajan año tras año y desde 2020 cayeron más de 25 %

La cifra de Mar del Plata se ubica por debajo de la media provincial y se explica, sobre todo, por el descenso de los embarazos adolescentes. Especialistas advierten que este proceso no implica un deterioro en la calidad de vida.

En sintonía con un proceso que lleva varios años a nivel global, los nacimientos en Mar del Plata cayeron más de un 25 % desde 2020, según datos del Registro de las Personas de la Provincia de Buenos Aires.

Las estadísticas muestran un descenso sostenido año tras año. En 2020, hubo 7.122 nacimientos; en 2021, 6.682; en 2022, 6.391; en 2023, 5.876; en 2024, 5.600; y, en 2025, 5.296.

De esta manera, entre 2020 y el año pasado, la caída asciende al 25,6 %, aunque se ubica por debajo de la media provincial (34,1 %) en el mismo periodo.

La estadística se inscribe dentro de una tendencia nacional. De acuerdo a un relevamiento de la Universidad Austral, la tasa de natalidad en Argentina cayó un 40 % desde 2014.

¿A qué se debe la caída tan abrupta? “Mar del Plata está dentro del contexto nacional y provincial, pero estas estadísticas dan cuenta de un fenómeno global que refiere a la transición demográfica, con un control o estancamiento de la mortalidad y también de la fecundidad”, asegura Sofía Jasín, licenciada en Sociología, doctoranda de demografía y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP).

Si bien esta situación es multicausal, un factor clave para entender el descenso en los nacimientos tiene que ver con los embarazos adolescentes en el país.

“Nosotros teníamos una tasa de fecundidad más elevada incluso que países limítrofes. Sin embargo, a partir de 2015, se observa una baja abrupta, sobre todo entre adolescentes. Esta es la causa sustancial de por qué descendió el promedio de nacimientos en general”, explica Jasín, en diálogo con LA CAPITAL.

En este fenómeno tuvo gran incidencia la implementación de diversas políticas públicas de control de la natalidad adolescente y juvenil en los últimos años. Por ejemplo, la ESI (Educación Sexual Integral) y, en menor medida, la IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo).

“En términos demográficos, la baja de la fecundidad en Argentina y en Mar del Plata es un beneficio a nivel poblacional. Porque lo que cayó es principalmente la cantidad de niñas y adolescentes embarazadas”, plantea la socióloga.

Aunque advierte: “Estos cambios estructurales no están dados ni completamente establecidos. Si no se continúan ciertas políticas que controlan o apaciguan el embarazo adolescente, podría revertirse”.

En los últimos 10 años -revela Jasín-, la tasa de fecundidad general en mujeres de 15 a 49 años disminuyó cerca de un 54 %. Entre las adolescentes, descendió un 64 %.

Otro proceso que ayuda a comprender esta merma en los nacimientos tiene que ver con los cambios culturales, algo que impactó, sobre todo, entre las personas gestantes de entre 25 y 35 años.

“En ese grupo poblacional ha cambiado rotundamente la manera de vincularse con la concepción y el ser madre. Esto se da por cambios culturales, con un factor crucial como la irrupción de la cuarta ola del feminismo en Argentina y Latinoamérica. Son cuestiones que modifican las estadísticas y el comportamiento que tenemos respecto a la vida que estamos llevando y vamos a tener o querer”, resalta la especialista en demografía.

Tampoco se puede obviar lo económico. “Otro elemento muy interesante es que desde el año pasado se empezó a cuantificar el costo que tiene traer un hijo al mundo en Argentina. Además, las personas gestantes tienen una relación con los ámbitos laborales y económicos que hace 20 años o más no ocurría. Esos son indicadores que antes no se tenían tan presentes”, sostiene Jasín.

En este contexto, “la cuestión del deseo, si bien no se puede cuantificar, se empieza a analizar a partir de estos otros factores”.

Envejecimiento

Los resultados finales del Censo 2022 muestran que cerca del 20 % de la población de Mar del Plata tiene más de 60 años. Se trata de una tendencia que parece haber llegado para quedarse a partir de la caída de los nacimientos y del incremento en la esperanza de vida, que hoy ronda los 77 años.

“En Mar del Plata y en el país vamos a tener una población más envejecida en los próximos años. Esto no significa ni un deterioro ni una desmejora en la calidad de vida. Al contrario, representa una oportunidad muy grande: hoy somos más las personas activas que las inactivas. Hace 50 años, esto era al revés”, anticipa Jasín. A su vez, la especialista le escapa a los análisis alarmistas respecto a una posible “extinción” o gran disminución de la población a partir de estos indicadores.

“No se suman hijos, pero no se quitan tampoco. Décadas atrás, la esperanza de vida era de 60 años, hoy casi llega a los 80. Bajan los nacimientos, pero aumenta la esperanza de vida, entonces hay una compensación”, aclara.

La doctora en demografía reconoce, de todos modos, que los desafíos son varios para pensar la sociedad del futuro.

“Debemos avanzar hacia un cambio en el sistema de cuidados. Hay que pensar cómo los adultos mayores empiezan a tener cada vez más vida, entendiendo que son personas activas o productivas. No sólo en términos de producción capitalista, sino también desde la autonomía”.

Hoy la situación de la vejez es “crítica” -alerta Jasín- , en un contexto de “jubilaciones muy bajas, falta de acceso a la salud y a medicaciones, con lugares de recreación, ocio o incluso productivos que son muy escasos”.

Por eso, ante esta transición demográfica que ya se está dando, con tasas bajas de natalidad y de mortalidad, un objetivo central es repensar el modo de vida de las personas adultas mayores.

Un posible rediseño del sistema previsional debería tener como finalidad, según la óptica de Jasín, garantizar una “mejor calidad de vida y derechos”, con “mayor circulación, concatenación y ayuda entre las distintas edades que componen la estructura poblacional”.

“Es una oportunidad que puede generar mayor crecimiento económico a futuro. Hoy una persona de 60 o 65 años es mucho más autónoma que hace 50 años. Contamos con un montón de desarrollo tecnológico que puede contribuir a la calidad de vida de este grupo. Para eso es clave tener políticas públicas de mediano y largo plazo. En Argentina, la mirada suele ser muy cortoplacista”, afirma Jasín.

Y concluye: “Desde la demografía queremos luchar contra estos discursos fatalistas sobre el descenso de la natalidad y el avance del envejecimiento. Hay que pensar a futuro. Cómo construimos en base a estos indicadores, siendo conscientes de que la estructura poblacional está modificándose”.

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