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Opinión 11 de junio de 2019

Los pedófilos no son enfermos, son delincuentes

Foto: BBC.

por Eva Giberti

Cuando la comunidad se altera y se sobresalta por la aparición pública de un pedófilo o de alguien sospechado como tal, surgen las alarmas acerca de los abusos sexuales que padecen los niños y las niñas. En realidad, también los adolescentes y los bebés, toda la comunidad protegida por la Convención de los Derechos del Niño.

Estas alertas deben ser permanentes ya que todas estas criaturas sobrellevan permanentemente abusos, y según nos describen las estadísticas, estos se producen preferentemente dentro de la casa o bien por familiares o personas cercanas de las que no se podría sospechar. Sin embargo por cercanía, tienen la posibilidad de seducir a sus víctimas con promesas de regalos y amenazas, que conforman las estrategias de los abusadores.

En otras oportunidades el agresor se encuentra en la escuela, es un profesor de gimnasia o de música que aprovecha las horas que comparte con sus alumnos para abusar de la confianza que ellos le dispensan y es aún mucho más riesgoso cuando quien está decidido a abusar es un profesional de la Medicina en quien los padres confían en los momentos de mayor vulnerabilidad de sus hijos.

Un abusador -habitualmente un varón- no es una persona que pueda presentar características particulares, no tiene un perfil que lo distinga de otras personas.

Es un sujeto que transcurre sus días inadvertido, como una persona más entre los miembros de la comunidad, no es reconocible, por eso es imposible advertirse y preservar a los niños y niñas de los riesgos que corren al estar en contacto con él.

Sus estrategias comienzan por medio de caricias, regalos, seducción por simpatía, y avanzan mediante tocamientos más profundos hasta llegar a contactos con las parte íntimas del cuerpo de sus víctimas a quienes les dicen que esas son conductas de amor entre “los grandes y los chicos”, de ese modo los confunden. Sus víctimas, a veces asustadas o asombradas, transigen, creyéndoles.

El Programa Las Víctimas contra las Violencias tiene un área que se ocupa de este problema social, ya sea mediante la prevención realizando charlas en escuelas para advertir a lxs niños y niñas o bien interviniendo rápidamente ante la presencia de un adulto -generalmente una madre- que narra las prácticas abusivas que ha padecido su hijo en la escuela o en su familia. De manera que es posible llegar a la denuncia y a la posterior detención del sujeto y la intervención de la justicia.

Este es el punto que debe tenerse siempre presente: ante cualquier duda lo conveniente es narrar lo sucedido a la autoridad, comisaria, para establecer una denuncia e impedir que el abusador continúe con sus delitos. Estos sujetos no son enfermos: son delincuentes de los cuales corresponde defender a niños, niñas, bebés y adolescentes.

Si sabes o sospechas de un niño, niña o adolescente que está sufriendo abuso sexual, explotación, grooming o pornografía infantil, llamanos al 0800-222-1717. La línea es atendida por psicólogas y trabajadoras sociales que brindan contención y orientación, y establecen articulaciones con los organismos locales que deban intervenir en los casos de urgencia. La atención telefónica está garantizada las 24 horas, los 365 días del año, en todo el país. También podes escribirnos al correo electrónico [email protected].

Llamar o enviar un correo electrónico no equivale a radicar una denuncia. Las profesionales que atienden la consulta, evaluarán cuales son los pasos a seguir en caso de que realizar la denuncia sea necesario.

Más del 60% de las víctimas atendidas en la Línea 0800-222-1717 fueron niñas, niños y adolescentes, casi el 80% de los victimarios son familiares o conocidos.

(*): Dra. en Psicología. Coordinadora del Programa Victimas contra las Violencias del Ministerio de Justicia de la Nación.