Mauduit, agrónomo y paisajista admirado por Sarmiento, tuvo una quinta donde hoy se encuentra el Complejo Universitario. Su vivienda se conserva y guarda historias y recuerdos. Los reconstruimos con documentos y testimonios.
Por Gustavo Visciarelli
Varios nombres vuelven del pasado, rondan una antigua casa y le dan vida a su historia. Uno es el de Ferdinand Piere Mauduit, nacido en 1843 en la comuna francesa de Pissy-Poville, región de la Alta Normandía. El certificado de nacimiento ofrece algunos indicios de su entorno natal: sus padres figuran como “cultivadores” y los testigos que firmaron el acta fueron un cartero rural y un jardinero. El niño, que nació el 2 de mayo al mediodía, será uno de los primeros paisajistas de Argentina.
“Mi bisabuelo se recibió de ingeniero agrónomo y escribió varios libros. En Francia obtuvo 13 distinciones por aportes a la horticultura y arboricultura, fue director de un vivero y encabezó varias sociedades científicas, cosa que interesó mucho a Domingo Faustino Sarmiento, presidente en Argentina”, narra su bisnieto marplatense, Héctor Blache. Gracias a sus investigaciones, sabemos que Mauduit se casó en Francia a los 19 años con Pauline Bachelot, de 16, y que en 1863 tuvieron a su primera hija: Blanche. Emigraron a Argentina en 1870, en coincidencia con el inicio de la guerra franco-prusiana, y seis años después nació Pauline, la segunda hija del matrimonio.
“La llegada de mi bisabuelo al país no está muy clara y desconocemos si vino por su cuenta o si lo trajo el presidente Sarmiento. Algunas versiones dicen que llegó con un grupo de franceses y se instaló en una colonia agrícola en Carcarañá. Una cosa es segura y es que fue convocado por Sarmiento para el diseño del parque 3 de Febrero“, relata Blanche, en referencia a los actuales Bosques de Palermo. Ciertamente, Mauduit se desempeñó desde mayo de 1874 como agrónomo jefe en el trazado y la forestación de la primera sección de ese parque, completada luego por Carlos Thays, que llegó al país en 1889.
Mauduit también diseñó el actual Paseo del Bosque de la Ciudad de La Plata. El expresidente Sarmiento, en un artículo publicado por el diario El Nacional en 1882, lo colmó de elogios.
En Argentina, Mauduit siguió escribiendo libros, entre ellos, el primer tratado de agricultura práctica del país. También trabajó para el Departamento Nacional de Agricultura, desarrolló importantes emprendimientos privados y… fue propietario de una casa de alta costura. Sí, de una ‘maison’ en el centro porteño, pero de eso hablaremos más adelante.
Antes de 1886, cuando el tren solo llegaba hasta Maipú, Mauduit vino transitoriamente a Mar del Plata para realizar un parque de cien hectáreas en la estancia El Tejado, del ingeniero César González Segura. Ese predio daría origen al barrio-reserva forestal que heredó el nombre de la estancia y que hoy se encuentra en el kilómetro 393 de la Ruta 2.
Debemos suponer que el agrónomo tenía un espíritu emprendedor que excedía sus especialidades. Solo así puede comprenderse que se haya aventurado al negocio de la alta costura, cosa que hizo en el “Salón de modas franco argentina Maison Mauduit”, con sede en Lavalle 640. Así aparece mencionado ese local porteño en un aviso publicado en 1883 por “The Standard”, importante periódico escrito en inglés que se imprimía en Buenos Aires. Quizás la ‘maison’ haya sido el vínculo con otra de las protagonistas de esta historia: la modista de alta costura Leonor Malandain, que había nacido en París en 1857.
“Aquí –dice Héctor Blache– aparece un bache importante. La esposa de Mauduit, Pauline Bachelot, regresa a Francia con sus dos hijas. No sabemos a ciencia cierta qué pasó”. La historia se puebla en este tramo de presunciones que no son materia de este relato, pero hay algo inocultable: cumpliendo el famoso precepto, Mauduit no solo plantó arboles y escribió libros. También tuvo otros tres hijos y fue con la modista parisina Leonor Malandain. La primera, nacida en 1879, se llamó Leonor, como su madre. Le siguieron Sara en 1882 y Fernando Eugenio, en 1884.
Mauduit, alejado ya de la ‘maison’, se radicó en Mar del Plata en fecha incierta, a principios del XX, junto a dos de sus hijos: Leonor y Fernando, que ya eran veinteañeros. Su mujer, la modista francesa Leonor Malandain, había fallecido en 1891, a los 34 años.
Ferdinand Mauduit en la despoblada Mar del Plata de principios del siglo XX. Sobre la loma, la histórica capilla Santa Cecilia.
Aquí, el agrónomo compró ocho manzanas de la “chacra 18”, un paraje entonces lejano, delimitado por las actuales calles San Juan, Dorrego, San Lorenzo y Peña. El Complejo Universitario ocupa hoy parte de esas tierras.
Hacia 1909 levantó en medio de la chacra una vivienda, conocida hoy como “Casa Histórica Mauduit”. Podemos verla en Funes y Peña, incorporada a las actividades de la Facultad de Psicología.
Fernando, hijo de Mauduit, murió joven y soltero. Leonor (apodada “Chichita”) se casó con Pablo Blache y dejó descendencia marplatense. Héctor, que es nieto de ese matrimonio, comenta que “primero se alojaron en una casa en la calle Moreno e Hipólito Irigoyen y luego se fueron a la quinta. Mis abuelos vivieron y trabajaron allí, donde nacieron sus hijos”.
La quinta de Mauduit fue famosa por abastecer a los más importantes establecimientos de la ciudad. La tradición oral asegura que en aquel paraje, surcado por el arroyo Las Chacras, se organizaban picnics para selectos visitantes.
Héctor Blache halló en los tribunales de Dolores el testamento que redactó su bisabuelo en 1914, dos años antes de morir. Allí están inventariados más de 4.300 árboles que poblaban la quinta, incluyendo frutales, fresnos, tulipaneros, álamos, olmos, plátanos y eucaliptus, sin contar una infinidad de rosales y de ligustros ornamentales. Parte de esa producción estaba destinada, según consta en las actas notariales, a la forestación del naciente Parque Camet.
Mauduit en su quinta, que abarcaba ocho manzanas. Parte de esos terrenos son ocupados por el Complejo Universitario.
Mauduit dejó parte de la quinta (32 mil metros cuadrados) a sus dos hijas que vivían en Francia. En un plano incorporado al testamento, vemos que el resto de las tierras ya habían sido subdivididas y aparecen a nombre de sus hijos Fernando y Leonor y de una mujer llamada Leonor Puentes, quien, según relatos familiares, fue cocinera de Mauduit y lo acompañó en los últimos años de su vida. Sara, otra de las hijas que tuvo con la modista parisina, fue beneficiada solo con 1.000 pesos, derivación aparente de un largo y profundo distanciamiento.
Ferdinand Mauduit murió en Mar del Plata el 30 de mayo de 1916, a los 73 años. Una necrológica aparecida al día siguiente en LA CAPITAL lo definió como “antiguo convecino consagrado a una vida de ejemplar laboriosidad, caballero sin tacha y estimado por todos”, y “un noble exponente de la cultura y de la distinción que caracteriza, en general, a la colectividad francesa establecida entre nosotros”. El entierro tuvo lugar a las dos de la tarde del 31 de mayo en el “cementerio viejo”, tal como los vecinos llamaban al de la Loma. El “nuevo” era una oprobiosa necrópolis que luego tuvieron que clausurar por haber sido trazada sobre tierras inundables, en la actual zona de Tres Arroyos y Alvarado.
Pablo Blache murió en 1930 y su esposa, Leonor “Chichita” Mauduit, siguió explotando las tierras que había heredado. Al parecer, la Gran Depresión la obligó a desprenderse de ellas. Falleció en 1974, a los 94 años.
Los terrenos que pertenecieron a Mauduit fueron loteados y vendidos. Otros nombres aparecieron, así, en torno a la antigua casa.
Washington Chiatti nació en Cittá di Castello, Perugia, Italia, en 1919 y fue uno de los 200 mil italianos que combatieron con saldo catastrófico en Stalingrado. Al finalizar la década del 40, emigró a Argentina, dejando en Italia a su esposa, Isola Baldelli, y a su pequeño hijo, Ángel. En 1952, sustentado por un trabajo estable, pudo traerlos a Mar del Plata.
“Yo tenía seis años –cuenta Ángel– cuando mi madre me trajo de Italia. Mi padre trabajó juntando papas en Otamendi y después como peón de albañil, hasta que consiguió empleo como cuidador y capataz en la quinta de Belarmino Comesaña, un hombre de mucho dinero, gerente y accionista de Terrabussi”.
La familia Chiatti vivió 14 años en la casa que perteneció a Mauduit. En el medio, Ángel, quien nos aportó sus vivencias.
Comesaña había comprado cuatro de las manzanas que pertenecieron a la quinta de Mauduit y construyó una vivienda de veraneo (luego demolida) y una piscina que, a su vez, servía como cisterna para regar el parque y un sector de quintas, cuyo cuidado también estaba a cargo de Washington. “Mi padre –dice Ángel– plantó muchos de los robles que hoy están en el Complejo Universitario”.
Dentro de ese predio estaba la casa de Mauduit y durante 14 años fue el domicilio de la familia Chiatti, que se amplió en Mar del Plata con el nacimiento en 1953 de Elvio César, ya fallecido.
“En ese tiempo el lugar era un inmenso monte surcado por el arroyo Las Chacras. Con mi hermano hacíamos balsas y lo recorríamos”, recuerda Chiatti, que no solo guarda gentiles remembranzas. “Una noche terrible –relata– trataron de entrar rompiendo la puerta, que es la misma que está ahora. Después mi padre le colocó una tranca. Y además tenía un Winchester que le regaló su hermano”.
A cuatro cuadras reinaba desde 1945, insólita entre las quintas, la Casa Sobre el Arroyo. “Mi padre –dice Ángel– solía conversar con Amancio Williams y yo me aburría mucho. Lo recuerdo como un hombre delgado, alto, agradable y tranquilo. ¿De qué hablaban? En principio, de plantas. Y también de la guerra, que mi padre había vivido, y que en esos tiempos era un tema que llamaba mucho la atención”.
A mediados de la década del 60, la Universidad adquirió las tierras y los Chiatti tuvieron que mudarse, pero no muy lejos. Washington había comprado una casa a pocas decenas de metros. Poco después, fue abierta la calle Funes, interrumpida hasta entonces por las chacras. La casa de Muaduit ya no quedó en medio de una quinta, sino al costado de esa calle, cerca de la intersección con Roca. Haciendo valer su naturaleza montaraz, sobrevivió a despecho de la línea de edificación municipal y allí se la ve, invadiendo la vereda.
Pese a estos cambios que modificaban vidas y paisajes, los Chiatti no volvieron a vivir el dolor del desarraigo y siguieron vinculados con su antiguo hogar.
“Mi padre –cuenta Ángel– conocía tanto el lugar que fue empleado por la Universidad para cuidar el parque. A mi madre también la emplearon. Ambos se jubilaron como personal no docente”.
En 1972 comenzó a elaborarse el proyecto para la construcción del Complejo Universitario, inaugurado en 1980, y sus autores decidieron conservar la casa de Mauduit. “La casita”, tal como se la llamaba, fue hogar maternal para los hijos del personal no docente, centro de fotocopiados y sede inaugural del Colegio Illia en 1984. También se dictaron, allí, cursadas universitarias.
La casa en la década del 70, cuando funcionó como hogar maternal para hijos de personal no docente de la Universidad.
Ángel Chiatti es técnico mecánico y se capacitó en ingeniería para la fabricación de papel. Además, en la década del 90 se graduó como profesor y licenciado en Letras en la Universidad Nacional de Mar del Plata, experiencia que lo devolvió a su antiguo hogar. “Cuando cursé Literatura Europea 2 –dice– el aula estaba en el mismo cuarto donde yo dormía con mi hermano”.
En 1994, la casa fue declarada de Interés Patrimonial y en 2019, previa restauración y refuncionalización, la Universidad Nacional de Mar del Plata la incorporó a las actividades académicas de la Facultad de Psicología. Un moderno cartel la reconoce hoy como “Casa Histórica Mauduit”.
Héctor Blanche y Ángel Chiatti, reunidos por LA CAPITAL, se conocieron allí el 11 de mayo pasado. Cruzaron vivencias y conocimientos. Ajenos al encuentro, los estudiantes transitaban con aire cotidiano esa geografía donde aún viven una casa, añosos árboles y varios nombres que, al ser invocados, vuelven para darle vida a su historia.