Luciano Nacci, realizador audiovisual: “Me interesa la idea de aprender en el territorio, investigar mientras se filma”
"Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia", el trabajo que el realizador oriundo de Viedma realizó junto a Axel Emilien, es el primer documental argentino que se proyectó en un cine comercial en las Islas Malvinas. Lo presentará este domingo en el Museo MAR.
El realizador Luciano Nacci presentará este domingo 5 de julio, en el Museo MAR, el documental “Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia”, una producción que reconstruye las consecuencias de los incendios forestales ocurridos en la Comarca Andina en 2021 a partir de los testimonios de sus protagonistas. El director repasó el origen del proyecto que llevó adelante juntoo a Axel Emilien, el proceso de filmación y el trabajo para construir un relato centrado en las experiencias de las comunidades afectadas. También reflexionó sobre el aporte del cine documental a la visibilización de problemáticas ambientales.
“Me interesa la idea de aprender en el territorio, investigar mientras se filma” definió el artista en una charla con este medio, antes de su llegada a la ciudad para presentar la función y conversar con el público sobre la realización del documental y la problemática de los incendios forestales.
Nacido en Viedma (Río Negro) en 1990, Nacci es egresado de la Carrera de Dirección de Cine y TV en el Centro de Investigación y Experimentación en Video y Cine (CIEVYC), egresado de la Licenciatura de enseñanza de las artes audiovisuales y autor de varios cortometrajes.
-¿Por qué o cómo salieron a registrar los incendios del 2021? ¿Ya comenzaron el trabajo con la idea de convertirlo en un documental o eso vino después?
-La idea de Tormenta de fuego no surgió inicialmente como una película. Lo que nos movilizó fue la necesidad de colaborar y aportar algo frente a la tragedia que estaba ocurriendo. El 9 de marzo de 2021 se produjo un incendio periurbano en la Comarca Andina, que afectó tanto bosques como zonas pobladas. Se quemaron más de 14.000 hectáreas, más de 500 familias perdieron sus viviendas y fallecieron tres personas.

Yo soy de la Patagonia, aunque actualmente vivo en Buenos Aires. Cuando vi las imágenes del incendio en las noticias sentí que tenía que hacer algo. Estábamos en plena pandemia, gestionamos los permisos necesarios y empecé a hablar con colegas para ver quién podía acompañarme. Así surgió el viaje junto a Axel Emilien, realizador de Neuquén. Viajamos a la zona de El Bolsón y Lago Puelo con la intención de registrar lo que estaba ocurriendo y aportar desde el cine. Recién después, a medida que avanzaba el trabajo, comprendimos que ese material podía transformarse en una película.
Impacto emocional
-¿Cómo fue encontrarse con ese escenario y, sobre todo, con la gente afectada? ¿Cómo fue ese acercamiento?
-Fue una experiencia muy fuerte. Al principio el acercamiento era complejo porque uno se encontraba con personas que acababan de perder absolutamente todo: sus casas, sus pertenencias, sus animales y, en algunos casos, familiares o amigos.
Sin embargo, rápidamente se generó un clima de confianza. Cuando contábamos que éramos realizadores patagónicos, que veníamos de Río Negro y Neuquén, se producía una identificación muy natural. Con muchas de las personas entrevistadas seguimos en contacto hasta el día de hoy. Algunas se convirtieron en amistades muy cercanas.

También fue emocionalmente difícil. Muchas veces, mientras escuchábamos los testimonios, nos emocionábamos junto a ellos. Lo mismo sucedió durante el montaje. Si para nosotros era duro escuchar esas historias, imaginábamos lo que significaba para quienes las habían vivido.
-¿Cómo definieron el enfoque del documental y la variedad de voces? ¿Qué objetivo se trazaron en cuanto a lo que querían comunicar?
-El enfoque fue apareciendo a medida que avanzaba el rodaje. Me interesa mucho la idea de aprender en el territorio, investigar mientras se filma. Antes de comenzar conocíamos poco sobre la dinámica de los bosques andino-patagónicos, las especies nativas o la complejidad ambiental de la región. Fue un proceso de aprendizaje permanente.
Desde el inicio buscamos intervenir lo menos posible. Aunque como realizadores siempre existe una mirada, queríamos que fueran los propios vecinos y vecinas quienes construyeran el relato. La intención era generar un retrato coral de lo ocurrido, donde las voces de quienes atravesaron el incendio ocuparan el centro de la escena.

También nos interesaba desmontar ciertos discursos que circularon en aquellos días. Había acusaciones infundadas hacia comunidades mapuches y considerábamos importante mostrar los testimonios de quienes habían vivido el incendio para aportar una mirada basada en los hechos. Al mismo tiempo, queríamos visibilizar problemas estructurales vinculados a la prevención, el mantenimiento de infraestructura, la inversión en brigadistas y las políticas de cuidado ambiental.
Equilibrar dimensiones
-¿Cómo trabajaron la convivencia entre las historias personales y la problemática ambiental y política?
-Lo interesante fue que muchas de las personas entrevistadas compartían preocupaciones similares. Más allá de las historias individuales, aparecían puntos en común sobre el abandono de ciertas políticas de prevención, la fragilidad de los sistemas de respuesta y la necesidad de proteger el ambiente.
Las experiencias personales funcionan como una puerta de entrada emocional, pero al mismo tiempo permiten comprender problemáticas mucho más amplias. El desafío fue equilibrar ambas dimensiones para que ninguna quedara subordinada a la otra.
-¿Cómo reaccionaron las personas que participaron del documental cuando pudieron verlo terminado?
-Fue muy emocionante. Realizamos numerosas proyecciones en distintas localidades de la Patagonia y muchas de las personas que habían participado asistieron a las funciones. Para varios de ellos fue impactante verse en pantalla y revivir aquellos momentos.
Muchos se apropiaron de la película y la acompañaron durante su recorrido. Una de las historias más significativas fue la de Juan, un vecino que logró sobrevivir refugiándose en una pelopincho durante el incendio. En el documental él expresa su deseo de que la empresa pudiera ayudar a otras familias afectadas. Después del estreno nos contactamos con Pelopincho, que decidió sumarse como sponsor. Invitaron a Juan a la fábrica y le entregaron una piscina. Son esas pequeñas historias las que muestran cómo una película puede generar encuentros y acciones concretas.
“Falta mucha comprensión”

-Después de todo este tiempo, ¿sentís que falta comprensión y conocimiento en el país sobre los incendios forestales en la Patagonia?
-Cuando hicimos el documental teníamos la esperanza, quizás también la ingenuidad, de que sirviera para que estas cosas no volvieran a pasar. Pensábamos que visibilizar lo ocurrido podía generar más conciencia y ayudar a prevenir nuevas tragedias. Con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que la situación sigue repitiéndose y, en muchos casos, empeorando.
Por eso creo que todavía falta mucha comprensión sobre la dimensión real del problema. Detrás de cada incendio no sólo se pierden árboles o paisaje: se pierden historias, comunidades enteras, formas de vida y parte de un patrimonio natural que es irremplazable.
Los incendios forestales siempre existieron en la Patagonia, pero no con la frecuencia ni la magnitud que estamos viendo en los últimos años. Nosotros seguimos de cerca lo que ocurre en la región y lamentablemente observamos que los problemas persisten. Después del incendio que retrata la película hubo otros episodios devastadores, con cientos de familias perdiendo sus hogares y miles de hectáreas arrasadas.
-¿Hicieron un análisis comparativo con otros incendios ocurridos en la región?
-Sí. Durante la investigación trabajamos junto a brigadistas, especialistas y vecinos que llevan décadas observando estos procesos. Ellos nos ayudaron a comprender el contexto histórico de los incendios en la Patagonia y cómo fueron cambiando con el tiempo.
Todos coincidían en que algo estaba ocurriendo. Los incendios siempre formaron parte de la dinámica natural de ciertos ecosistemas, pero la frecuencia, la intensidad y las consecuencias de los eventos recientes son cada vez mayores. Por eso estudiamos antecedentes y también seguimos observando lo que ocurrió después del rodaje.
Lamentablemente, los incendios posteriores confirmaron muchas de las preocupaciones que aparecían en la película. Más allá de las particularidades de cada caso, existe un patrón común que habla de la necesidad de fortalecer la prevención, el cuidado de los bosques y las políticas públicas destinadas a enfrentar este problema.
-¿Qué rol creés que tiene el cine documental a la hora de visibilizar estas problemáticas?
-Cuando empezamos a hacer Tormenta de fuego teníamos la esperanza de que la película pudiera aportar algo para que estas tragedias no volvieran a repetirse. Con el tiempo entendimos que una película por sí sola no puede cambiar la realidad, pero sí puede generar preguntas, abrir debates y ayudar a construir conciencia.
El cine documental tiene una capacidad muy particular: permite acercar historias que muchas veces quedan lejos de la vida cotidiana de la mayoría de las personas. Cuando alguien ve la película ya no está mirando solamente un incendio; está conociendo a una familia que perdió su casa, a un brigadista que arriesga su vida o a una comunidad que intenta reconstruirse después de una tragedia.
Nosotros hemos recorrido muchísimas escuelas, universidades, centros culturales, festivales y espacios comunitarios con la película. Y algo que vimos una y otra vez es que después de cada función se genera conversación. La gente pregunta, debate, reflexiona y empieza a comprender que los incendios forestales no son una noticia más, sino una problemática que nos involucra a todos.
Por eso creo que el cine sigue siendo una herramienta muy poderosa. No porque tenga todas las respuestas, sino porque ayuda a visibilizar aquello que muchas veces permanece oculto y porque puede generar empatía, conciencia y memoria colectiva.
La experiencia en Malvinas
-La película fue la primera producción argentina proyectada en las Islas Malvinas. ¿Cómo surgió esa posibilidad?
-Este año arrancamos la producción de otro documental, “Una isla, dos memorias”, sobre las Islas Malvinas. Estuvimos un tiempo filmando allá y, mientras trabajábamos en el proyecto, nos enteramos de que había abierto un cine comercial en las islas. Como me gusta visitar cines cada vez que viajo, fui a conocerlo y, charlando con la gente del lugar, surgió un dato que me sorprendió: nunca se había proyectado una película argentina.
Entonces les propuse hacer una función de Tormenta de fuego. Les conté que era una película patagónica, que estaba subtitulada al inglés y que podía resultar interesante para el público local. Por suerte aceptaron la propuesta y así se dio algo que nunca imaginamos: que una película independiente realizada en la Patagonia se convirtiera en la primera producción argentina en proyectarse en las Islas Malvinas.
La función fue muy especial. Asistieron habitantes de las islas y después se generó un intercambio muy interesante sobre la película, los paisajes, la vida en la Patagonia y las historias que cuenta el documental. Más allá del hecho simbólico de la proyección, lo más valioso fue ese encuentro a través del cine.
Para nosotros fue una experiencia inolvidable. Usar la cultura para acercarnos a las Malvinas.
-¿Cómo llega la posibilidad de traerla a Mar del Plata?
-Mar del Plata es una ciudad a la que le tengo mucho cariño. Voy seguido, tengo amigos allá y es un lugar que disfruto muchísimo. Además de ser una ciudad con una enorme tradición cinematográfica, siempre me gustó su paisaje, caminar por la costa y sentarme a tomar un café con medialunas.
Hace tiempo que teníamos ganas de presentar Tormenta de fuego en la ciudad. Habíamos conversado con distintos espacios y salas, pero por diferentes motivos nunca terminaba de concretarse. Era algo que nos quedaba pendiente dentro del recorrido de la película.
Finalmente surgió la posibilidad de hacerlo en el Museo MAR, que nos abrió las puertas para realizar esta función especial. Nos entusiasma mucho porque hemos acompañado la película en festivales y proyecciones de distintos lugares de Argentina y del mundo, pero todavía no habíamos tenido la oportunidad de compartirla con el público marplatense.
Nuestra intención siempre es estar presentes en las funciones, acompañar la película y generar un espacio de diálogo con quienes la ven.
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