CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Opinión 5 de febrero de 2026

Mar del Plata nunca tuvo aristocracia

Una falacia histórica que debe corregirse.

Por Leonardo Z. L. Tasca *

“El olvido se aniquila con el hábito de la memoria”

***

La deficiente investigación e interpretación del pasado histórico, genera un compendio confuso que más tarde o más temprano tensiona y desordena el proceso identitario de la sociedad. Método intelectual anómalo para arrebatarle el futuro a la comunidad, porque sin el conocimiento cabal del tiempo pretérito y sin un ejercicio constante por el recupero de la memoria no hay futuro. Con un pasado inconcluso por responsabilidad de la disciplina u oficio científico deja a la comunidad en el desamparo identitario, en soledad y desconocimiento memorial y la condena a sufrir las tensiones ideologizadas en un clima social y político que sólo sirven para liberar energías negativas.

Respeto de la falta de futuro, por lo menos no lo hay en sentido de pretender vivir en una sociedad con valores trascendentes, convencida de su destino y fortalecida desde lo espiritual y material para asumir el mañana en un clima de esperanzas sin temores, y con responsabilidades sociales, sin claudicar ni desfallecer, porque sabe a ciencia cierta de donde proviene y cuál ha sido su pasado.

Por la conexión virtuosa y diáfana con el pasado y con la historia mejora la calidad humana, goza el vivir sin tensiones, sin desencuentros políticos y sociales, porque la sociedad tiende a ser más solidaria y emerge de la individualidad liberal que la condena a convivir con la pobreza.

Los historiadores rentados del partido de General Pueyrredon que se autodenominan “academia”, que se guarecen intelectualmente en la casa de altos estudios confunden aristocracia con oligarquía, por ello nunca aciertan en diagnosticar correctamente el origen fundacional, social del distrito y a partir de allí las investigaciones y las narraciones sobre el pasado han sido confusas y erráticas, no menos laberínticas e intrincadas.

Los primeros pertenecen a un grupo social. Aristocracia significa el gobierno de los mejores y define una forma de administración en la que el poder soberano radica en un número reducido de personas a los que se les atribuye ser los más cualificados tanto para conducir como para elegir a los gobernantes. La sabiduría o la inteligencia son los únicos criterios para identificar a las personas que deben gobernar en un sistema aristocrático. La aristocracia se asimila a la democracia (gobierno del pueblo), sobre todo a la democracia representativa, en el hecho de que en ésta se atribuye al pueblo la elección de los mejores candidatos para regir, pero se diferencia de aquella, por el hecho de que en la democracia todas las personas están habilitadas en igualdad de condiciones para determinar que son los mejores hombres para dirigir o para ser gobernantes.

Según Aristóteles (1) en la oligarquía – desviación corrupta y dañosa de la aristocracia -, los pocos gobiernan en interés material de los ricos, ellos mismos, y no de la comunidad, como ocurre justamente en la aristocracia. Aristóteles fue pionero en el uso del término para referirse al gobierno de los ricos, contrastándolo con la aristocracia y argumentando concretamente que la oligarquía era una desviación “partidaria” corrupta de la aristocracia.

El poder político supremo está en manos de unas pocas personas, es un modo para designar la forma degenerada y negativa de una clase y la misma oligarquía ha surgido en la Argentina sin las cualidades éticas, morales y de dirección de que los mejores surjan como mérito reconocido por la comunidad. Los oligarcas dueños de propiedades, de tierras o de grandes acumulaciones de infraestructura y de dinero, son poseedores de fuerza en la dirección política gracias a sus fuertes influencias económicas. Poseen estándares éticos muy dudosos, con diversos medios fraudulento de legitimación, que tienen como piso el poder crematístico nefasto acumulado y el símbolo histórico que haya significado la sucesión partidaria y banderiza que les dio fuerza.

La oligarquía es un grupo minoritario de personas, pertenecientes a una misma clase de empresarios cuya fortuna siempre es de origen y consolidación dudosa, generalmente con gran poder e influencia partidaria o política que dirige y controla una colectividad o institución, aunque el oligarca es un abyecto cercano a la delincuencia, mientras que el aristócrata es, a lo sumo, un ser orgulloso y presuntuoso. Los grupos oligárquicos empresarios suelen dirigir políticas que satisfacen sus propios intereses, en lugar de las necesidades de la población en general. Métodos de control: Pueden emplear diversas tácticas como la coerción, la manipulación electoral, la influencia en los medios de comunicación y el clientelismo entre la gente pobre a través distintas dadivas.

Mar del Plata fue instituida como distrito por empresarios oligarcas (2), proveedores de pertrechos militares, alimentos, ropa, armas, de los gobiernos de turno (oligarquía vacuna terrateniente), esa y no otra es la huella indeleble en el origen fundacional, afirmar que la localidad fue aristocrática en sus comienzos es falso y no tiene rigor histórico ni analítico y obedece a pretender consagrar un mensaje nauseabundo y dar abolengo caprichoso a algo que no lo tiene.

En definitiva, la jurisdicción en su fundación fue originada y creada por un grupo empresario poderoso e influyente en lo político y de facción, de mucha inventiva para la gestión inmobiliaria y para frangir extensiones de tierra, como un negocio inmobiliario más a su exclusivo arbitrio y beneficio, y ese es un comportamiento oligárquico (3).

La historia profesional debe cimentarse en el razonamiento y en el pilar intelectual de soluciones de problemas que continuamente devienen del pasado, que perduran por desconocimiento y ausencia de gestión política, animarse a pensar críticamente y a participar institucionalmente en la resolución de temas comunitarios estructurales, en lugar de simplemente seguir patrones de estudios académicos, es la forma que se convertirá en auxiliar de la sociedad con filosofía política y definitivamente para la promoción humana.

Por los hechos sociales asociados al pasado la historia profesional tiene la obligación de utilizarlos para interactuar con el presente a modo de conocimientos y rescate de la memoria. La historia investigada e interpretada desbroza el dramatismo y elimina las angustias de la población sobre sus orígenes.

Los historiadores tienen que reconocer esta matriz inequívoca incoada en el pasado y validarla desde la investigación y el esclarecimiento histórico para el presente, es su obligación. Desde ya se trata de estudiar y comprender el pasado no para condenar ni atacar de modo alguno, mucho menos señalar a culpables, sino para entender como es imprescindible y necesario, con la propia historia, con la singular identidad que surgirá de ese conocimiento analítico, amar la Patria por encima de cualquier otra consideración ideológica, política o partidaria.

Memoriosa e insuflada de anecdotarios, pletórica en el rejuvenecimiento por reiterar hasta la fatiga las conmemoraciones, método analítico y de investigación profesional de la historia lugareña. Método que nunca encuentra respuestas a las demandas societarias en medio del desconcierto.

La memoria es tan fuerte como el olvido, depende del conocimiento y uso de la historia para asumir la responsabilidad ineludible de la actual generación para afrontar el raro privilegio de construir respuestas frente la dislocación ideológica y empobrecimiento sistemático de la sociedad.

El cuerpo de doctrina que la historia debe construir con intención de conciencia no es otro que el rescate de los valores que tuvieron vigencia en el país y hoy se pretenden sepultar. Si los historiadores con sus trabajos de investigación y narrativa no advierten los peligros de las oligarquías cuando utilizan el poder político para beneficiarse a sí misma y consolidar privilegios, es paupérrimo su desempaño como ciencia.

Nadie como el ejercicio de la historia profesional puede puntualizar analíticamente como se implementa el poder concentrado; es decir, el poder político, económico y social, se concentra en manos de una minoría y su origen, el poder, a menudo se basa en la riqueza (plutocracia), el linaje o el control de sectores claves de la economía y el poder judicial.

George Bernard Shaw acuñó el concepto de oligarquía intelectual en su obra de teatro “Major Barbara” (1907). En la pieza, Shaw critica el control de la sociedad por parte de las élites intelectuales y expresa un deseo de empoderamiento del pueblo llano: “Ahora quiero dar armas al ciudadano común contra el intelectual. Amo al pueblo. Quiero armarlo contra el abogado, el médico, el sacerdote, el literato, el profesor, el artista y el político, quien, una vez en el poder, es el más peligroso, desastroso y tiránico de todos los necios, bribones e impostores. Quiero un poder democrático lo suficientemente fuerte como para obligar a la oligarquía intelectual a usar su genio para el bien común o, de lo contrario, perecer”.

La narrativa histórica debe insistir en denunciar que a través del deterioro sistemático sobre la identidad y la memoria, situación característica por la demolición y devastación de los valores identitarios de antaño, consagra la cultura de factoría. Violación reiterada, especulativa e ideologizada de la geografía circundante. Cada vez más desaparecen los orígenes fundacionales, cada menos sobreviven los testimonios creados por la vida en sociedad. Injerencia intelectual destructiva y anómala en complicidad con los sectores académicos, espuria y oscura alianza entre en sector público y privado, para avanzar en la modificación y desaparición de la memoria histórica y el patrimonio arquitectónico.

En concordancia al diccionario de la lengua española en su 23.ª edición, la oligarquía tiene dos definiciones: forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario; y grupo reducido de personas que tiene poder e influencia en un determinado sector social, económico y político (3).

A lo largo de la historia, las oligarquías han sido a menudo tiránicas, pivote y cómplices de modelos políticos y/o partidarios sangrientos, confiando en la obediencia pública o la opresión para existir. Aristóteles fue pionero en el uso del término como sinónimo de dominio por los ricos, para el cual otro término comúnmente utilizado en la actualidad es la plutocracia (gobierno de los ricos).

Según Aristóteles en la oligarquía, desviación corrupta y malsana de la aristocracia, los pocos gobiernan en interés de los ricos, ellos mismos, y no de la comunidad, como ocurre justamente en la aristocracia. El poder supremo estaba en manos de unas pocas personas, era un modo para designar la forma degenerada y negativa de una clase y la misma oligarquía ha surgido en la Argentina sin las cualidades éticas, morales y de dirección de que los mejores surjan a la política partidaria como mérito reconocido por la comunidad.

Los oligarcas dueños de propiedades, de tierras o de grandes acumulaciones de dinero, son poseedores de fuerza en la dirección política gracias a sus fuertes influencias económicas. Poseen estándares éticos muy dudosos, con diversos medios fraudulentos de legitimación, que tienen como piso el poder nefasto acumulado y el símbolo histórico que haya significado la sucesión que les dio fuerza. En consecuencia, el sistema partidario de gobierno en la que el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada: la oligarquía.

Hemos usado expresamente el término “oligarquía” para designar a la clase dirigente, política y empresaria que usufructuó las tierras de la Mar del Plata de otrora en función de lo siguiente: En su clasificación de las formas de gobierno, Aristóteles define a la oligarquía como una desviación malsana de la aristocracia. Mientras que esta última representa el gobierno de unos pocos que “se propone lo mejor para la ciudad y para los que pertenecen a ella”; la oligarquía también es un régimen conducido por una minoría, pero se diferencia de aquella en que busca solamente el “interés de los ricos” y el lucro incesante e indefinido con actividades prebendarias nequicias.

En consecuencia, también de unos pocos que responden a una clase definida y minoritaria, que sin tener el poder efectivo del gobierno pueden influenciar en los asuntos que le convengan lucrativamente en función de su posición política privilegiada; para decidir, por ejemplo, como se repartían las tierras más fértiles y aptas para el pastoreo ganadero y a su vez también dirigir a su antojo los espacios de la administración comunal. En este último sentido, se habla de una oligarquía terrateniente que era propietaria de las mejores tierras fértiles y más grandes extensiones destinadas a la actividad vacuna, lo que le confería una situación de privilegio atendiéndose el carácter exclusivo exportador de las estructuras económicas que operaban la zona de Mar del Plata y la región.

Esas oligarquías, en afinidad a su tremendo poder político y de clase podían influir en los gobiernos tanto nacional como provincial para el diseño de las políticas poblacionales y productivas zonales; en consecuencia, la posibilidad de un mayor desarrollo social y económico, su propia maximización de activos propios y familiares estaba intrínsicamente en las personas que pertenecían a esas clases, coincidentemente siempre propietarios de grandes extensiones de tierras y ganado vacuno.

Salustio llegó a decir que “entre las distintas ocupaciones que se ejercitan con el ingenio, el recuerdo de los hechos del pasado ocupa un lugar destacado por su gran utilidad”.

La radical importancia de ello se basa en que la historia es la única ciencia – quizá también la medicina – en que el sujeto investigador coincide con el objeto a estudiar. De ahí la gran responsabilidad del historiador: la historia tiene una proyección al futuro por su potencia transformadora como herramienta de cambio social.


Notas:

(1). Ver la política: La Política (Πολιτικά, Politiká) es una obra de filosofía política de Aristóteles, singular filósofo griego del siglo IV a. C.

(2). El forjador técnico del cuantioso negocio parcelario fue Ingeniero Carlos de Chapeaurouge (1846-1922) diseñador de la traza urbana de numerosos pueblos de la provincia de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Ofrecía a los grandes terratenientes con contactos políticos la idea de multiplicar vertiginosamente el valor de la tierra y convertirse en vanidosos fundadores y modelos para futuras estatuas pueblerinas.

(3). En Argentina, el concepto se asocia históricamente a la “República Conservadora” o “República Oligárquica” (1880-1916), dominada por una poderosa banda de terratenientes que buscaban perpetuar su poder, negocios y privilegios sociales. Eran hasta excluyentes y racistas porque estos grupos suelen ser y eran extremadamente exclusivitas y se resistían a la movilidad social, ya que el poder político y partidario de ellos es y era visto como un derecho adquirido.


* El autor es historiador y ensayista, su último libro es “Preceptiva sobre San Martin y libre cambio pirático”, publicado por la editorial Editores de América Latina.