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Opinión 18 de octubre de 2026

Mar del Plata y su tenue reflejo democrático

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 Por Leonardo Z. L. Tasca *

El distrito convive en “fase de investigación”, relata, pero no ejecuta, es por ello que las soluciones se esfuman por el celaje. ¿Mar del Plata incorregible? Irse por las nubes de Ubeda (1).

La abulencia de uso corriente y verbal que instrumenta la burocracia partidaria es decirle al habitante que ejerza su voto con convicción y conciencia así asegura y fortalece la democracia. A sabiendas de la mendacidad le inflama el civismo de votar cada dos años como parte de un seudo proyecto democrático que doméstica pero no asegura el bienestar social ni el desarrollo industrial.

En la teoría de la absorción de la disidencia, el proceso electoral también funciona como una válvula de escape institucional que desactiva los movimientos populares o las demandas de cambios estructurales profundos a partir de la instauración del desarrollo como palanca del bienestar.

La masa crítica dirigencial e institucional se encuentra cómoda en un ambiente de pobreza generalizada, por ello no busca alterar nada. Trabaja sobre el error sin querer modificarlo, porque para ese sector, en definitiva, no hay error, si fue ella, la burocracia, quien lo diseñó que votar cada dos años es sinónimo de democracia.

Podría tratarse de un error sino sacara beneficios, como hay beneficios concretos, el esquema funciona bien, para la partidocracia; el resto seguirá votando cada dos años. La posibilidad de evadirse del sistema que con los años se ha vuelto más oligárquico y recalcitrante, hoy son escasa. Es difícil encontrar actores o militantes dispuestos y comprometidos con el cambio de verdad, en el discurso por ahí aparece alguien, pero la ausencia de método, preparación y conocimiento asustan al más preparado.

Por momento se tiene la resignada sensación que los responsables partidarios crean expediciones hacia la nada, y esa percepción surge nítidamente de la falta de preocupación diaria por la resolución de los asuntos sociales complicados de la comunidad sufragante.

Desde hace muchos años Mar del Plata sufre los idénticos problemas estructurales, las dificultades comunitarias para los dirigentes son objeto de contemplación y letanía discursiva hueca, nunca de interés político reflexivo para resolverlos.

La admiración de los conflictos con un discurso evasivo no tiene sino realidad en los actores partidarios y las agrupaciones alimentan el accionar por la interna, donde el sujeto afiliado o no, o puntero es aprisionado para cumplir un papel: ser funcional con el voto bianual al problema no resuelto.

Aceptada la existencia de la corruptela y la mendacidad (a) sobre una democracia vacía, social y material de contenido, recurrimos a un pensamiento de Enrique Tierno Galván: “Los bolsillos de los gobernantes deben ser de cristal”, deberíamos a su vez reclamar una mente transparente para ver si hay ideas que sirvan. ¿Por qué, cómo construir una localidad donde la clase dirigente carece de ideas y eso se traduce en la falta de proyectos y planes para enfrentar los problemas?

La respuesta puede encontrarse que en la política partidaria que se ejercita en Mar del Plata consiste, entre otras falencias, en el arte nefasto de obtener el favor de la población (léase votar) con la promesa de encaminar a buen puerto a la localidad, cuyo sufragio se consigue con el pretexto engañoso de llevar a los votantes “hacia el rumbo desconocido” porque se lo hace sobre la base de argumentos estrictamente superficiales como pueden ser “el civismo” o “los deberes” del habitante y no como podría ser modificar la economía o la producción para que la gente viva mejor.

Ya para 1946, el inefable Alfredo Palacios en su visita a Mar del Plata tenía una visión de adelantado, (2) pensaba que a una parte de la dirigencia se la podía achacar el mote de “una aventura de malandrines”, esa impertinencia de tribuna partidaria ¿tiene vigencia? la tiene en la realidad de un sesgo a la nada.

En Mar del Plata sobrevive también una estructura por encima de los partidos para llegar al poder, es por ello que determinadas acciones tienen una vigencia independiente de quien esté ejerciendo el gobierno de turno. Solo así es posible que la falta de gestión mantenga su impronta a través de tanto tiempo y a la vez no sea motivo de preocupación institucional.

La comunidad habita un distrito en convivencia diaria con una serie de consecuencias indeseables y estructurales y la preocupación partidaria es mínima. El continuismo indefinido de la problemática es lo que confirma la existencia de un armazón partidario ineficaz para manejar el poder sin dar respuestas o las soluciones que la gente espera.

Ese ejercicio del “fraude” no tiene color ni pertenencia a un solo sector, es de propiedad de un grupo de dirigentes que, consustanciados con los problemas sin resolver, actúa en beneficio propio y trabaja para mantener la tenencia del poder (3) sin que la localidad encuentre el rumbo. Esto es insólito, pero es original, es una cualidad distintiva de Mar del Plata que, junto a otros rasgos, la hace única.

La permanencia de una temática social estructural hace indiscutible cualquier criterio sobre la inepcia demostrada ¿qué se puede esperar de una clase partidaria que no sabe cómo solucionar el transporte, la seguridad, y la limpieza de las calles y plazas? Es lo mínimo que exige la población laboriosa que mantiene la estructura municipal de gestión y gobierno y paga el estipendio a los burócratas.

Sigue siendo para la región un tema de suma importancia, lograr el desarrollo y avanzar con perfeccionar la democracia. Para ello necesita mejorar la representatividad de las agrupaciones partidarias. Esas mismas parcialidades están llenas de buenos sentimientos sobre la población, no obstante, sabemos que los buenos sentimientos jamás han bastado para producir el desarrollo ni una ciencia económica. Como que “la tontería es la más extraña de las enfermedades. El enfermo nunca sufre, lo que de verdad la padecen son los demás, y aquí estaríamos, sin embargo, también podemos parafrasear “hay personas que empiezan a hablar un momento antes de haber pensado, ni piensan ni obran en consecuencia para que exista el desarrollo.

Con el análisis fenomenológico, que es un método de investigación cualitativa que busca comprender y describir la experiencia vivida de las personas y las sociedades respecto a un fenómeno específico, partimos de la firme creencia sociológica e histórica que el subdesarrollo condiciona la vida social de los pueblos.

Es evidente que las minorías elegidas electoralmente diseñan esquemas alejados de las expectativas sociales materiales que tiene la población, de ahí que en la medida que nada de eso es satisfecho, aparece como aparece la fuente de conflictos que caracteriza la dinámica comunitaria de Mar del Plata. En tal sentido subyace una falsa sensación de relaciones armoniosas, en lo político y en lo social; esa dicotomía se manifiesta en las diferentes formas. La más clásica es la apatía del habitante por los temas importantes y la falta de debate, no ya sobre algunos temas, prácticamente sobre ninguno. Cuando se menciona “ninguno” la referencia es que no hay sobre las problemáticas estructurales, discusión; bizantina hay todos los días, una de ellas, es que nadie deja de discutir desde hace añares sobre una Mar del Plata de doce meses ¿algo más baladí que eso?

El reverso de lo anterior es el panorama de los dirigentes de Mar del Plata, ellos asumen la actividad partidaria para llegar a ejercer el gobierno de la ciudad como “un trabajo” y lo convierten en una sinecura para beneficio personal y familiar.

La falta de preparación y la ignorancia le ha hecho creer que la política es “un trabajo” y no un servicio público que se presta conforme las reglas que demandan los gobernados. Todo esto no es una hipótesis, porque es fácil comprobar que los dirigentes locales sino consiguen “un trabajo” vía el partido o por la interna, su destino sería incierto y no pasarían de “ordenanzas”, esto es porque la mollera no les da para otra cosa.

Una conceptualización final. Al hombre de a pie le solicito analizar si las ideas que van continuación están en el formato partidario de Argentina.

La absorción de la disidencia (conocida en la ciencia política y la sociología como cooptación o disidencia controlada) es una estrategia de poder mediante la cual un sistema, gobierno o institución integra, neutraliza o asimila a sus opositores o críticos dentro de su propia estructura para evitar que destruyan o alteren el orden establecido.

En lugar de destruir al enemigo mediante la fuerza o la represión abierta, el poder dominante prefiere “comprarlo” o adoptarlo. Al otorgarle un espacio, recursos, reconocimiento o cargos públicos al líder u organización disidente, el sistema logra que la protesta pierda su radicalismo y termine jugando bajo las reglas del propio sistema.

Notas:

  1. En España la frase correcta es “irse por los cerros de Úbeda”. Hace referencia a una leyenda del siglo XII en la que un capitán del rey Alfonso VIII, durante el asedio a la ciudad de Úbeda (en Andalucía), se habría ausentado en el momento clave por andar cortejando a una mujer; al reaparecer, se justificó diciendo que andaba por los cerros de Úbeda. El error famoso en Argentina: La variante con la palabra “nubes” en lugar de “cerros” se hizo célebre en Argentina el 14 de noviembre de 1984, durante un histórico debate televisivo sobre el Canal de Beagle. El senador catamarqueño Vicente Saadi le exigió al canciller Dante Caputo que no se fuera “por las nubes de Úbeda”, confundiendo el dicho tradicional y dejando una frase instalada en la cultura popular.
  1. La frase está trasferida porque Palacio se refería a la entente acaudillada por Peron. Citado por Elisa Pastoriza, en “Practicas de Sociabilidad en un Escenario Argentino, Mar del Plata 1870-1970”, página 89.
  1. Definición de “poder”. El poder político es el que otorga una elección ganada para repartir los cargos rentados proporcionalmente a la cantidad de sufragios obtenidos.

Adenda: a.-

Pequeño decálogo para el descubrimiento y analizar la catadura de un dirigente. La mendacidad es el hábito o la tendencia habitual de mentir y presentar como verdadero aquello que se sabe que es falso. Aunque no existe un “manual médico” clínico oficial para diagnosticar la mendacidad (ya que es un término más bien lingüístico, psicológico y legal), los expertos en conducta y comunicación identifican ciertos signos conductuales y verbales característicos de una persona con esta tendencia: Incoherencia corporal: Evitar el contacto visual prolongado o, por el contrario, mantener una mirada excesivamente fija y controlada para intentar aparentar sinceridad. Cambios en el ritmo: Alteraciones repentinas en la velocidad al hablar, pausas muy largas antes de responder preguntas sencillas o aclaraciones innecesarias. Gestos de auto contacto: Tocarse frecuentemente la nariz, la boca o el cuello, o realizar movimientos rígidos con las manos al construir relatos complejos.

Signos verbales y discursivos: Contradicciones frecuentes: Olvidar detalles de mentiras anteriores, lo que genera cambios en la historia cuando se vuelve a preguntar por el mismo hecho tiempo después. Exceso de detalles irrelevantes: Añadir información innecesaria y muy específica para intentar que la mentira suene más creíble o sólida. Defensa desproporcionada: Reaccionar con enojo, ataques personales o la frase clásica “¿cómo puedes dudar de mí?” ante preguntas simples o cuestionamientos lógicos. Falta de empatía o remordimiento: Sostener el engaño sin mostrar culpa ni incomodidad emocional cuando la falsedad queda al descubierto. Cualquier similitud o coincidencia con un dirigente, es pura casualidad.

*El autor es historiador, filólogo y ensayista, su último libro es “Preceptiva sobre San Martín y el libre cambio pirático”, publicado por la editorial Editores de América Latina.