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Martín Quiles, el Licenciado en Historia que entró en la historia

Martín Quiles, el Señor de los Ascensos.

por Sebastián Arana

@sebarana71

Parte de la culpa la tuvo el doctor Charles, el pediatra que lo atendió en sus primeros años. Preocupados por algunos llamados de atención en el jardín por problemas de conducta del pequeño Martín, los padres no dudaron en consultar al especialista. “Necesita descargar energía, llévelo a jugar al fútbol”, fue el consejo profesional.

Mamá Beatriz lo dudó. “Era lógico. Martín es el menor de mis tres hijos y sus dos hermanas le llevan doce y ocho años. Cuando él vino, ya pensábamos que nos íbamos a quedar sólo con las dos nenas. Fue el mimado de todos. Cuando Charles me dijo eso, fui a averiguar a Quilmes, que quedaba cerca de mi casa. Pero el fútbol me parecía muy bruto y lo anoté en básquet”, contó.

Cuando al tiempo regresó al pediatra para comentarle los progresos de su hijo, se encontró con una severa reprimenda: “Fútbol señora, le dije fútbol”.

Y así, en el Club Quilmes que quedaba cerca de su casa, dio sus primeros pasos en el fútbol Martín Quiles, él único marplatense titular y con continuidad en este Alvarado que cumplió el sueño “eterno” de llegar a la Primera B Nacional.

“La carrera de Martín como futbolista la hicimos los cinco: él, su papá, sus dos hermanas y yo. Y cuando nos mudamos a nuestra casa de hoy, pasó a San José”, recuerda Beatriz.

Cuando Martín tenía diez años, Roberto Archimio, dirigente de San Lorenzo, lo convence para que se pase a ese club junto a su hijo Emilio, por entonces arquero y luego basquetbolista en Quilmes. En el club de la calle Rodríguez Peña conoce a Daniel Di Fonso, quien lo dirigió prácticamente hasta que cumplió 21 años, e integra uno de los equipos más recordados en los últimos años del fútbol menor de esta ciudad: la famosa ’86 de San Lorenzo. “Las estrellas eran Mario Sosa y Diego Lagos. Emilio Archimio era el arquero, Germán Nabarro, luego arquero, el lateral derecho, Víctor Gorrassi el goleador y Martín el ‘2’. Les llegamos a ganar a Boca y a Newell’s en un torneo en Balcarce con ese equipo”, recuerda el “Tano” Di Fonso.

La famosa ’86 de San Lorenzo.

“A raíz de unos problemas que tuve en el club, luego de que se fueran Lagos y Sosa, decidí irme a Alvarado en el 2001 y me siguieron casi todos los pibes, entre ellos Martín”, completa.

No tenía tantas condiciones futbolísticas, pero entregaba todo. Era capaz de ir una hora antes a entrenar y se quedaba después de hora pegándole a la pelota. Se exigía mucho a él mismo”, lo define Di Fonso.

Como muchos de sus compañeros, tuvo la chance de emigrar a Buenos Aires. “Lo citaron a una prueba, pero todavía iba a séptimo grado. Era muy chico. Nosotros nunca le cortamos las alas con el fútbol y siempre lo acompañamos. Pero aquella vez le recé a la Virgen Milagrosa para que no fuera. Pobre, se lesionó y la prueba se canceló”, recuerda mamá Beatriz.

Martín entonces se quedó en Mar del Plata y en Alvarado dio pasos muy rápidos. En el primer partido del campeonato 2003 de la Liga, cuando el club jugó fusionado con Colegiales -artilugio que usó repetidamente por aquellos años y con varios clubes para evitar el “Alto Riesgo” del viejo COPROSEDE-, con 17 años recién cumplidos, debutó en primera división, siempre con Di Fonso como DT. “Por la altura, no sabés cómo le pedíamos que probara como lateral. Pero no le gustaba. Y, a pesar de que más tarde jugó en ese puesto, fue central, como siempre quiso. Ese año jugamos la final de sexta frente a River en la cancha de Nación. Él, desgarrado, pateó y metió el último para ser campeones. Ese es Quiles”, contó el “Tano”.

Luis Murúa lo hizo debutar en el Torneo Argentino B el 14 de noviembre de 2004 en aquel equipo que mantuvo angustiosamente la categoría en un 3-3 increíble en Tandil ante Grupo Universitario. Ese día fue titular, aunque como lateral derecho.

La confiabilidad de Quiles fue un ascenso. Con 21 años lideró la defensa de un Alvarado que ganó el Apertura 2007 de la Liga Marplatense por penales ante Chapadmalal. Un año más tarde fue el puntal defensivo del equipo que, orientado por Marcelo Philipp, ascendió al Argentino A en una recordada definición ante La Plata FC. Fue el primero de sus grandes logros colectivos.

Quiles (a la derecha), en los festejos en La Plata.

Tanta seguridad con tanta juventud despertó el interés de Ricardo Caruso Lombardi y de Quilmes Athletic Club, que lo incorporó a mediados de 2008 a su equipo de Primera B Nacional.

Su primera salida de Mar del Plata revela otros costados de su personalidad. En primer lugar, la de un tipo familiero. “Nos extrañaba mucho. Estuvo a punto de volverse. Viajamos muchas veces para acompañarlo en su primer año”, recuerda su madre.

Quiles, sin embargo, le encontró la vuelta. Esforzándose mucho, como siempre. “Siempre trabajó mucho para mejorar. Fui compañero suyo, luego su entrenador. Y puedo decir que es un profesional con todas las letras. Un obsesivo de la alimentación, del descanso, de la elongación y, además, un jugador táctico, útil, que se adaptó a cualquier tipo de sistema defensivo para jugar como último, como stopper o como lateral”, define Gustavo Noto, quien jugó con él en Alvarado y luego lo dirigió en el “Torito” y en Unión.

La adaptación de Quiles a Quilmes tuvo un aliado excepcional: su propia curiosidad. “De golpe, se encontró con mucho tiempo libre y se dispuso a aprovecharlo. Completó un curso de fotografía. Como el tiempo aún le sobraba, decidió emprender una carrera. En Mar del Plata había empezado la Licenciatura en Letras y no la terminó. Allá empezó la Licenciatura en Historia y terminó recibiéndose”, cuenta con orgullo mamá Beatriz.

Así se adaptó a Quilmes. Hasta terminar consiguiendo el ascenso -jugó treinta partidos- a Primera A en la temporada 2009/2010. Y hasta se dio el gusto de jugar siete cotejos en la máxima categoría en el Apertura 2010.

Después emigró a Sportivo Belgrano de San Francisco y tuvo un paso corto por Atlanta. Por poco tiempo. Gustavo Noto, que lo conocía bien, lo trajo para Alvarado cuando el equipo regresó al Federal A a mediados de 2012.

Y volvió a confiar en él, que había vuelto a Buenos Aires para jugar en Barracas Central, cuando armó el Unión que llegó a la B Nacional en 2014. “Tenía entonces muchas ganas de volver a Mar del Plata, recién había sido papá de su primera hija. Tuvo un año excelente. Fue un puntal del equipo que ascendió ganando aquella final contra Talleres de Córdoba en Junín. Y se quedó a también a jugar la B Nacional”, recuerda su DT de entonces.

Cuando Unión se desmanteló, regresó a Barracas Central. Y pegó la vuelta a Alvarado para jugar el Federal A 2017/2018. En esta última temporada, comenzó como suplente. Fiel a su costumbre, la peleó y terminó titular, convirtiendo goles importantísimos -como ante Sol de Mayo y Deportivo Madryn en el tramo final- y pieza clave de este ascenso, el cuarto de su carrera, el tercero para el fútbol marplatense y su segundo en Alvarado.

“Tiene treinta y tres años. Para mí, por cómo se cuidó siempre, si él quiere, tiene varios años más como futbolista”, sostiene Noto.

Mamá Beatriz, sin embargo, revela otros planes para el futuro. ”Estuvo cursando las materias pedagógicas para dar clases de Historia. Es lo que quiere para cuando termine de jugar. Es cierto que todo en su carrera lo hizo con mucho sacrificio. Salió luchador como yo, que conseguí todo lo que quise”, afirma.

En un futuro, entonces, el central férreo compartirá con jóvenes todo lo que aprendió de Historia. Mientras, en el camino, entró en la historia de Alvarado y de todo el fútbol marplatense.

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