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La Ciudad 29 de septiembre de 2026

Maximiliano Abad: “Ningún acuerdo comercial rinde si detrás no hay chicos que sepan leer y hacer cuentas”

El senador nacional advirtió que la crisis en la educación debe ocupar un lugar central en la discusión sobre el futuro productivo de la Argentina. Los resultados de las evaluaciones educativas y un reciente estudio sobre capacidades cognitivas profundizaron las señales de alarma.

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Mar del Plata vuelve a convertirse en punto de encuentro de empresarios, dirigentes políticos, economistas y referentes sindicales con una nueva edición del Coloquio Anual de IDEA. Tipo de cambio, presión tributaria, costos logísticos, competitividad, inversiones y reformas estructurales aparecen entre los grandes temas de una agenda que vuelve a mirar el futuro de la economía argentina.

Para el senador nacional Maximiliano Abad, sin embargo, existe una cuestión que no puede quedar relegada en esa discusión: la educación. Su planteo parte de una premisa que viene sosteniendo desde hace tiempo: un país no puede aspirar a ser competitivo si al mismo tiempo se deteriora la formación de su capital humano.

“Es una ilusión, en pleno siglo XXI, hablar de desarrollo productivo si omitimos que un país no compite con lo que dicen sus discursos, sino con lo que producen sus aulas”, sostuvo Abad en diálogo con LA CAPITAL. Para el legislador, las discusiones sobre competitividad, impuestos o logística son necesarias, pero insuficientes si no están acompañadas por una transformación educativa.

“Ninguna reforma fiscal, ningún acuerdo comercial, ninguna inversión rinde sus frutos si detrás no hay capital humano para sostenerla”, afirmó. Y sintetizó su mirada con una definición: “El commodity principal de la Argentina en el siglo XXI no está bajo tierra: está en la educación de su gente”.

La preocupación de Abad se apoya en los resultados de las distintas evaluaciones educativas y en estudios que vienen advirtiendo sobre las dificultades de aprendizaje. El senador puso especialmente el foco en Matemática y consideró que los indicadores deberían convertirse en una preocupación transversal a todos los espacios políticos.

“Los números hablan y hay que decirlo sin eufemismos: es un duro revés”, señaló. A su entender, el problema no consiste solamente en el nivel alcanzado por los estudiantes, sino también en la dificultad de la Argentina para revertir una tendencia que se prolonga desde hace años.

A ese panorama se sumó un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad y la Escuela de Educación de la Universidad Austral, que comparó evaluaciones realizadas a estudiantes en 2013, 2019 y 2023 y detectó un retroceso en distintas capacidades cognitivas, particularmente en las habilidades verbales.

Abad destacó que los propios investigadores advierten que la muestra no permite extrapolar automáticamente sus conclusiones al conjunto del país. Sin embargo, consideró que sus resultados deben ser observados junto con otras evaluaciones.

“Suscribo a esa cautela porque es la forma seria de leer un estudio. Pero no es un dato aislado: va en la misma dirección que las pruebas PISA y las evaluaciones Aprender. Cuando tres fuentes distintas, con metodologías distintas, te marcan el mismo rumbo, la responsabilidad de la política no es esperar el cuarto informe. Es actuar”, afirmó.

Uno de los aspectos que más llamó su atención es que las dificultades detectadas no aparecen exclusivamente entre los sectores socialmente más vulnerables. Según señaló, el trabajo también incluyó alumnos de establecimientos privados y de sectores de buen nivel socioeconómico en los que se observaron retrocesos.

Para Abad, ese elemento obliga a ampliar la discusión. “Desarma la zona de confort de que esto es un problema de otros”, sostuvo, aunque remarcó que continúan existiendo importantes desigualdades vinculadas con el contexto económico, familiar y social de los estudiantes.

“Tenemos un sistema que, tal como está diseñado, reproduce la desigualdad de origen en lugar de combatirla. Y encima, el piso general está bajando”, advirtió.

El senador también incorporó a la discusión el impacto de las nuevas tecnologías y las transformaciones que produjeron en los hábitos de niños y adolescentes. Evitó atribuir los problemas educativos exclusivamente a las pantallas, pero consideró indispensable discutir sus efectos sobre la capacidad de atención.

“Un chico acostumbrado a decidir en tres segundos si un video de treinta le interesa entra a un aula donde tiene que sostener una hora de clase”, ejemplificó.

A su entender, la respuesta tampoco pasa simplemente por prohibir teléfonos celulares ni por incorporar dispositivos tecnológicos indiscriminadamente. El desafío, dijo, consiste en integrarlos dentro de una estrategia pedagógica.

En ese sentido, mencionó las advertencias que desde hace tiempo viene realizando Santiago Bilinkis sobre la distancia existente entre la velocidad de las transformaciones tecnológicas y la estructura tradicional del sistema educativo.

“Mientras el trabajo se transforma con la inteligencia artificial y la automatización, nuestra escuela sigue preparando a los chicos para una fábrica del siglo XIX. El desafío es que la tecnología sea una herramienta del aprendizaje y no su competencia”, planteó.

El desafío bonaerense

Abad puso especial atención sobre la provincia de Buenos Aires por el peso que tiene dentro del sistema educativo argentino. Según sostuvo, la dimensión de su matrícula hace que cualquier mejora o deterioro bonaerense tenga un fuerte impacto sobre los indicadores nacionales.

En ese contexto, retomó el concepto de “balcanización del sistema” utilizado por la especialista Guillermina Tiramonti para describir una estructura educativa dividida en 24 subsistemas provinciales con realidades, velocidades y resultados diferentes.

También citó a Florencia Salvarezza, con quien recientemente compartió unas jornadas en la Universidad Nacional de La Plata, para señalar que una parte central del problema comienza durante los primeros años de la escuela primaria.

abad

Para Abad, la alfabetización constituye el punto de partida de cualquier transformación. Sin comprensión lectora y sin las herramientas elementales incorporadas durante los primeros grados, las dificultades se acumulan durante toda la trayectoria escolar.

No obstante, el senador consideró que también existen señales que permiten pensar que las políticas sostenidas pueden producir resultados. Mencionó en ese sentido las mejoras observadas en algunas evaluaciones de primaria y las vinculó con los programas de alfabetización desarrollados en distintas provincias.

“Cuando hay objetivos claros, medición y continuidad, los resultados aparecen. El problema no es que no sepamos qué hacer. Es que no lo sostenemos”, afirmó.

Frente a este escenario, Abad propone lo que denomina una “Revolución Educativa”, concepto que, aclaró, no debería convertirse en un eslogan electoral sino en una política de Estado sostenida en el tiempo.

Entre sus principales componentes, enumeró una alfabetización integral con objetivos medibles desde primer grado, una jornada escolar extendida efectiva, actualización de la formación docente y una mayor vinculación entre el sistema educativo y el mundo productivo.

En ese último aspecto, destacó especialmente las posibilidades de Mar del Plata. La diversidad de la estructura económica de la ciudad —con el puerto, la pesca, la industria textil, el turismo, los servicios y sus universidades— ofrece, según consideró, un escenario especialmente apropiado para profundizar la relación entre educación, formación profesional y producción.

“No nos falta evidencia ni diagnósticos: nos falta el coraje político para ejecutar las soluciones con la misma firmeza con la que hoy se exige equilibrio fiscal”, aseguró.

En las horas previas al Coloquio de IDEA, el senador pretende instalar precisamente ese debate entre los empresarios y dirigentes que llegarán a Mar del Plata.

Su planteo es que el sector privado tampoco debería limitarse a observar la crisis educativa desde afuera, ya que la formación de los futuros trabajadores, técnicos y profesionales está directamente relacionada con las posibilidades de inversión, innovación y crecimiento de las empresas.

Abad recuperó una frase atribuida a Domingo Faustino Sarmiento que, aseguró, lo acompaña desde su adolescencia: “Todos los problemas son problemas de educación”.

“Si queremos hablar en serio de cómo insertar a la Argentina en el mundo, el primer paso es asumir la realidad: para salir a competir afuera, primero tenemos que emanciparnos adentro del aula”, afirmó.

Para el senador, equilibrio fiscal, capacidad exportadora, estabilidad institucional, competitividad e industrialización pueden formar parte de un proyecto sostenido de desarrollo, pero necesitan un cimiento común.

Ese cimiento, concluyó, es garantizar una educación de calidad capaz de preparar a las nuevas generaciones para una economía y un mercado laboral que están cambiando a una velocidad inédita.