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Messi puso a Barcelona muy cerca de la final

Marcó dos goles en el 3-0 de Barcelona sobre Liverpool por la Liga de Campeones.

Barcelona se adjudicó la primera semifinal de la Liga de Campeones ante Liverpool, como local, por un amplio 3 a 0 solo comprensible porque el equipo catalán tiene en sus filas a Lionel Messi, autor de dos tantos, el segundo un tiro libre monumental cuando los “blaugranas” eran dominados y que transformó un potencial empate en goleada exclusivamente por su magia.

Si Messi no estuviera, seguramente Barcelona no iría a la revancha en Anfield con semejante ventaja, injustificada por lo realizado hoy por ambos equipos, pero que en los números será complicada de revertir aún para un once tan intenso como el dirigido por el alemán Jurgen Klopp.

Es que esta tarde en el Camp Nou el “Barsa” fue un equipo de jugadas, a diferencia de lo que corresponde a sus características esenciales de posesión, control y distracción, y a lo que sumó un espíritu de lucha tan encomiable como inhabitual para su filosofía futbolística.

Y de ello fue indicativo un cambio que desde el arranque realizó el técnico Ernesto Valverde que hizo ingresar al batallador chileno Arturo Vidal por el habitualmente titular en la media cancha barcelonista, el brasileño Arthur.

Por ello, en el primer tiempo los anfitriones salieron literalmente a “pelear” el partido, y en ese pragmatismo ganaron y perdieron ante un Liverpool que parece difícil de perforar y mucho menos de someter, ya que ejerce una presión en todos los sectores del campo que requiere de una precisión de excelencia para vulnerarla.

La potencia del lateral izquierdo Andrew Robertson encarna esa filosofía de los ingleses con su ida y vuelta permanente, que le adosa a su natural potencia una pegada sensible y un sentido de tiempo y distancia envidiable.

Y arriba los de Liverpool cuentan con una dupla incontrolable que componen el egipcio Mohamed Salah y el senegalés Sadio Mané.

Pero de tanto correr y luchar el “Barsa” tuvo su premio a los 25 minutos con un centro preciso desde la izquierda de Jordi Alba para que el uruguayo Luis Suárez, de arrastrada y anticipo, marcara su primer gol en esta Liga de Campeones.

Los restantes 20 minutos (a los 13 hubo una clara mano penal de Joel Matip en un forcejeo con Messi que el árbitro holandés Bjorn Kuipers ignoró) fueron de ida y vuelta, con una recuperación de los ingleses que sería una antesala de lo que ocurriría en el cuarto de hora inicial del segundo período.

Es que en esos primeros 15 minutos de la etapa final los de Klopp se convirtieron en claros dominadores del encuentro hasta convertir en figura al arquero alemán Marc-André ter Stegen con dos salvadas espectaculares.

Pero de a poco y siempre por apretar los dientes más que por jugar, Barcelona fue saliendo del asedio y buscando, a puro corazón, ampliar un marcador que estaba más para la “parda” que para el “retruco”.

Hasta que en siete minutos Messi, de irregular tarea hasta entonces, decidió frotar la lámpara y entre varias piernas rivales generó una situación de gol que Suárez estuvo a punto de concretar con un “rodillazo” que rebotó en el travesaño y “Lío” mandó a la red con el arco vacío.

Iban 29 minutos y todavía faltaba lo mejor, el gol 600 de Messi (en 683 partidos) con la camiseta de Barcelona, que llegó a los 36 con un tiro libre sensacional. desde una posición parecida a aquella en que arribó al récord de 55 con la del seleccionado argentino para superar a Gabriel Batistuta (54) frente a los Estados Unidos, en la Copa América Centenario de 2016.

En aquella oportunidad entró en el ángulo izquierdo y esta vez ingresó por el derecho, para que “Lío” saliera disparado contra un costado, se sentara de cara a su gente y demostrara, como dijo Iván Rakitic y él refrendó en la arenga inicial, que es el gran líder que puede llevar al “Barsa” a la gran final del 1 de junio en el Wanda Metropolitano de Atlético de Madrid.

E inclusive pudo llegar el cuarto tanto de Barcelona en una contra en que le cedió el balón a Ousmane Dembelé, en la última acción del partido, pero el francés lanzó su disparo muy flojo a las manos del brasileño Alisson.

Así se cerró el partido, con un resultado solo explicable por Messi y nada más que por él. Al punto de retirarse de la cancha y antes de abandonar el terreno de juego pedirle al público que no cuestionen al también brasileño Philippe Coutinho, muy resistido por la parcialidad “blaugrana”, en otro ejemplo de liderazgo. De ese que muy pocas veces exhibió públicamente aunque, con la magia de sus pies, casi que no le hace falta.

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