Messi, el adiós entre lágrimas de un jugador incomparable
El capitán argentino cerró un ciclo de 20 años en Mundiales.
Ya no quedaban fuerzas. Apenas el árbitro marcó el final, Lionel Messi intentó sostenerse de pie, pero la tristeza terminó por desbordarlo. El capitán, el hombre que ya había conquistado todo con la camiseta argentina, rompió en llanto tras la derrota ante España. A los 39 años, en el último Mundial de una carrera irrepetible, volvió a dejar la piel por la Selección y se fue con el dolor inmenso de haber estado a un paso de otra estrella.
Las imágenes de Messi llorando recorrieron el mundo. No eran las lágrimas de una cuenta pendiente, como tantas veces en el pasado. Eran las de un campeón del mundo que ya no tenía nada que demostrar y que, aun así, volvió a entregarse por completo para intentar llevar a la Argentina a la gloria una vez más.
Con menos brillo colectivo del esperado, pero siendo nuevamente el faro futbolístico del equipo, el capitán puso punto final a dos décadas de Mundiales. Desde Alemania 2006 hasta Estados Unidos, México y Canadá 2026, construyó una historia imposible de igualar.
El Mundial de Qatar había terminado con el peso más grande de su carrera. Después de años de cargar con críticas injustas y de convivir con la frustración de las finales perdidas, levantó la Copa que tanto había perseguido y selló definitivamente su lugar en la historia del deporte.
Liberado de esa mochila, afrontó este Mundial con la serenidad de quien ya había cumplido el gran sueño. Sin embargo, nunca bajó la intensidad. Fue determinante otra vez, lideró al equipo dentro y fuera de la cancha y protagonizó actuaciones que volvieron a emocionar a los argentinos.
Messi atravesó cinco Mundiales de búsquedas, frustraciones y cambios de generación. Compartió planteles con Juan Román Riquelme, Juan Sebastián Verón y Hernán Crespo; luego con Sergio Agüero, Javier Mascherano, Ángel Di María y Gonzalo Higuaín. Pasaron entrenadores de todos los estilos hasta que Lionel Scaloni encontró la fórmula para construir un equipo que potenciara a su capitán y lo acompañara en la conquista de Qatar.
Ese mismo espíritu volvió a aparecer en 2026. Argentina sobrevivió a partidos límite, protagonizó remontadas inolvidables y llegó a otra final impulsada por un grupo que jamás dejó de creer en su líder.
La despedida, sin embargo, fue amarga. España fue superior durante gran parte del encuentro y terminó quedándose con el título en el tiempo suplementario. Messi luchó hasta el último minuto, pero esta vez no alcanzó.
Se fue entre lágrimas. No por una deuda con el fútbol ni con la Selección, sino porque su competitividad nunca desapareció. Porque incluso después de haber ganado la Copa del Mundo, la Finalissima, dos Copas América y todos los títulos posibles, volvió a sentir el dolor de una derrota con la misma intensidad que cuando era un chico.
Así terminó la historia mundialista del crack argentino. Con el corazón roto por no poder regalar una alegría más, pero con un legado imposible de discutir. Más partidos, más minutos, más asistencias, segundo con más goles y una colección interminable de recuerdos. Sobre todo, la imagen de un ídolo que, hasta el último segundo de su última Copa del Mundo, dejó todo por Argentina.
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