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Milito hay uno solo, aeropuerto sin wi fi y la casa “pre-revolucionaria”

Primeras horas del diario de viaje del Mundial. La odisea de llegar a un alojamiento fantasma. Precios iniciales bastante altos, aunque no exorbitantes.

por Vito Amalfitano

Desde Moscú, Rusia

Viaje placentero, sin problemas, a Moscú, con escala en Frankfurt, junto ya a varios simpatizantes argentinos. Y en primera clase del vuelo de Lufthansa vimos y saludamos a Diego Milito, el gerente deportivo e ídolo de Racing, también rumbo a Rusia para compromisos diversos y acompañar a la Selección Argentina de fútbol. Al final del viaje no pudimos abordarlo, al viajar en primera, son los pasajeros que “vuelan” enseguida. Y Milito hay uno solo… Al menos acá.

Arribamos al aeropuerto de Domodedovo, uno de los tres de Moscú, con todas las dudas pero sin inconvenientes, más allá de la barrera del idioma, superada con algo de inglés, que incluso nos permitió comprar un teléfono “ruso” para manejarnos de mejor manera aquí, con paquete de datos, aunque limitado. Es que el wi fi free del aeropuerto no funcionó jamás.

También, en la llegada de la propia plataforma de arribos de vuelos del extranjero se encuentra un “desk” con el logo del Mundial 2018, pero cuando consultamos enseguida nos informaron que es exclusivo para arribo de delegaciones oficiales, no para la prensa. Iguales dificultades, al menos en el arranque, encontramos en Brasil, sin atención al periodismo en la llegada. Diferente a Sudáfrica y Alemania, dónde sí había ya dispuesto transporte para los periodistas a los diversos hoteles o los distintos alojamientos reservados.

En el inicio del viaje los precios no son demasiado accesibles que digamos. Tampoco inalcanzables o exorbitantes, según lo que se consuma. Por una gaseosa en el aeropuerto pagamos 180 rublos, de 3 a 4 dólares según el cambio. Tampoco, igualmente, vayan a pensar que en Ezeiza, el aeropuerto en proporción más caro del mundo, se paga mucho menos por una gaseosa o un café. Pero comprar un teléfono, no precisamente “de alta gama”, pero para comunicarse bien aquí, con paquete de datos, está por debajo de lo que cuesta en Argentina.

Entre los argentinos que nos acompañaron en el vuelo a Moscú con escala en Frankfurt, varios ya ataviados con la camiseta de la Selección, se acercó un marplatense, Juan José Zaccardo, químico, quien nos sigue por el diario y la radio, y que nos contó que no solo vino para alentar a la Selección sino atraído por todo lo que significa Rusia, con su historia, su cultura, sus cambios políticos. Buscó unir los dos atractivos para el viaje y se compró el pasaje antes incluso de la clasificación de Argentina, y consiguió alojamiento accesible a 200 metros del Kremlin, algo que ahora es inalcanzable, aunque sea un hostel. Todo un adelantado.

No corrieron la misma suerte los colegas y simpatizantes de Dolores y Buenos Aires que nos alojaron el primer día en Moscú, antes del paso a “nuestra casa” con el equipo de CCCPMundial. Con los amigos de Dolores salimos desde el aeropuerto de Domodedovo en el auto del dueño de la casa que les alquilaron. Mucha amabilidad del señor pero lo cierto que es llegamos al lugar tres horas después, a las tres de la madrugada, cuando ya aquí es de día, y nos encontramos en medio de la nada, casi en una tierra que parece del campesinado pre-revolución. Se llega en medio del barro, y el asfalto es algo desconocido, propio de una película de Volver al Futuro.

La casa, enorme, para ocho huéspedes, cuenta con las mejores comodidades y con algunos rasgos típicos de la cultura rusa, con un cuarto de entrada que solo sirve para dejar el calzado, algo que aquí parece tradición. Pero el problema es que está alejada de todo, incluso de la propia “civilización”. No hay cerca ni tren, ni subte, ni cualquier otro transporte público, ni comercios. Es un lugar bucólico, en el medio del campo, con un silencio penetrante, ideal para un escritor que debe terminar su novela, pero no precisamente para un periodista que debe trasladarse entre estadio y estadio y contar todas las aristas del Mundial de Rusia.

Por estas horas los amigos definen que será de su destino, mientras uno va al encuentro del alojamiento en Skhodnya. Que se imagina diferente, de acuerdo a lo ya previsto. Esa será otra historia.

@vitomundial

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