La Ciudad

Montenegro cuida su vínculo con la Provincia en un momento clave

Pidió que Kicillof tenga su ley impositiva. Exhibió una diferencia con Jorge Macri. Y sacó a relucir las visitas de los ministros provinciales a Mar del Plata. Imágenes indeseadas en la temporada. Dilema con el transporte.

Por Ramiro Melucci

Dos veces mencionó Axel Kicillof a la ciudad en su encuentro con los intendentes de Juntos por el Cambio, el jueves en La Plata. Una fue para destacar que el congelamiento de los peajes colabora con el turismo. La otra para apuntar que los inconvenientes que padece Mar del Plata se asemejan más a los de las grandes urbes que a los de otras localidades del interior bonaerense.

Guillermo Montenegro escuchó esos conceptos con suma atención. De la misma manera que siguió todo el discurso del gobernador, incluso los párrafos dedicados a la ley impositiva. Asistió a ese cónclave con la esperanza de que sea el punto de partida de una relación fluida. Y porque está convencido: no puede descuidar su vínculo con la Provincia en el inicio de su mandato.

Más que un antojo es una necesidad. Sobre todo cuando la temporada ingresa en su punto de ebullición. En todos los sentidos. También en el político: la ciudad deviene en destino permanente de ministros y Montenegro desea ser un buen anfitrión. Sabe que, por aquella diferencia que marcó Kicillof con otros distritos, es imposible que la ciudad asome la cabeza después del gobierno de Arroyo sin la asistencia del gobierno provincial. 

Desde que comenzó la gestión, cuatro ministros bonaerenses se sacaron una foto con el intendente: el de Producción, Augusto Costa; el de Seguridad, Sergio Berni; la de Trabajo, Mara Ruiz Malec, y, claro, la de Desarrollo Comunitario, Fernanda Raverta, con la que conversa más seguido que con cualquier otro. Esos funcionarios inauguraron lo que en el entorno del jefe comunal definen como “la temporada política”. 

Tal simbiosis hacía imprevisible que el intendente ingresara en el debate de la ley impositiva bonaerense con una frase crítica. No la hubo y fue lógico. Primero habló de la necesidad de que Kicillof tenga gobernabilidad. Después, de que pueda recaudar lo que necesita. ¿Eran frases que podían leerse en clave local ante la inminente presentación del presupuesto municipal? Cerca de Montenegro juran que no existió esa intención. La correlación de fuerzas, apuntan, no es similar en el Senado provincial y en el Concejo, donde el Frente de Todos podrá discutir el proyecto pero no tiene los votos para detenerlo.

La postura sobre la norma impositiva desmarcó a Montenegro del intendente de Vicente López, Jorge Macri, voz cantante de la oposición provincial cuando la ley se cayó. Hay ciertos aspectos que explican la diferencia. Vicente López no tiene las necesidades de asistencia que tiene Mar del Plata. El primo del expresidente inició el noveno año de intendencia; Montenegro todavía no cumplió el primer mes. Macri ya no tiene la posibilidad de ser reelecto; a Montenegro, como a cualquier debutante, no lo estorba por ahora ese impedimento legal. El jefe comunal de Vicente López quiere ser gobernador y busca levantar el perfil; el de Mar del Plata solo puede pensar en que no se le desmadre la temporada y en que el 2 de marzo empiecen las clases sin alteraciones.

Existen razones para la preocupación. Los primeros días del año exhibieron un sesgo inquietante. Que incluso dejaron en posición adelantada al secretario de Seguridad. Mientras Oroquieta comenzaba a brindar un balance auspicioso de los controles de Año Nuevo trascendían videos del descontrol en que se convirtió la costa de noche. Las imágenes recorrieron el país a través de los canales de noticias. La peor propaganda en el momento menos oportuno.

Montenegro sufrió esos videos, que dañan la imagen de ciudad tranquila que su gobierno busca transmitir. Enseguida dispuso que en los lugares más concurridos haya cámaras de seguridad que permitan a las fuerzas de seguridad concurrir en forma rápida ante cualquier disturbio, preferentemente con motos. Pero el drama va más allá del control policial: en uno de los videos podía verse un gazebo montado en plena vía pública. También hay tarea de sobra para Inspección General.

Otros gestos confirman la intención de mantener una relación cordial con los gobiernos provincial y nacional. Una semana después de que la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, revocara el decreto que creaba la escuela de gendarmes en Chapadmalal impulsada Patricia Bullrich y elogiada por él mismo, Montenegro la recibió sin recelos. Tras la reunión anunció que los gendarmes que llegaron el año pasado para colaborar en la prevención del delito permanecerán en la ciudad. Que no haya vuelto a aludir a la escuela de gendarmes es una ratificación de que, contra su deseo, por el momento no hay planes de la Nación para instalarla en Mar del Plata.

El transporte volvió a ser noticia y el gobierno local quedó en una situación incómoda. La Nación anunció el congelamiento por 120 días del boleto de los colectivos del área metropolitana e invitó a provincias y municipios a imitar la medida. El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, dispuso congelar tarifas de subtes y peajes. Más cerca, en Mar Chiquita, Jorge Paredi logró que el valor del pasaje de la línea 221 volviera a su precio de noviembre. La misma empresa, Costa Azul, determinó un incremento que afecta a vecinos de El Boquerón, La Polola y Batán.

Todo se precipitó un día antes de que comenzara a regir en Mar del Plata el primer tramo del aumento que dejó firmado Arroyo. El bloque del Frente de Todos buscó frenarlo sobre la hora. No sucedió. La administración local hizo sondeos con Provincia. Concluyó que no solo no hay subsidios para compensar esas disposiciones, sino que una decisión apurada podía derivar en un conflicto en plena temporada. El argumento del gobierno es que el incremento que firmó Arroyo corresponde al año pasado, no a 2020. Todo parece indicar, por lo tanto, que en febrero el boleto volverá a subir.

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