La Ciudad

Montenegro: dos años marcados por la pandemia con una recompensa electoral

El primer tramo de la gestión estuvo atravesado por la lucha contra el coronavirus y los roces con la Provincia y la Nación por las restricciones. El reclamo por mantener "el laburo" fue premiado en las elecciones de medio término. Pero quedan asuntos pendientes en diversas materias.

Por Ramiro Melucci

Los primeros dos años de gestión de Guillermo Montenegro estuvieron marcados por la lucha contra la pandemia de coronavirus, la insistencia por la reapertura de actividades ante el gobernador y el Presidente y las medidas para aliviar a los sectores afectados, discutidas y consensuadas con la oposición en el Concejo Deliberante.

Con un discurso medido que de entrada contrapuso a los divagues de su antecesor, al intendente le tocó lidiar, junto a los gobiernos nacional y provincial –de signos políticos opuestos al municipio–, con el Covid-19 y sus consecuencias sociales y económicas.

En ese combate Montenegro tuvo dos momentos bien definidos. En el origen se anticipó a las medidas restrictivas. Fue el primero en suspender las clases, en cerrar actividades (shoppings, restaurantes, rotiserías, bares, balnearios, cines, confiterías, cafés, cervecerías, gimnasios y piletas, entre otros) y en pedir que nadie viniese a Mar del Plata.

Acompañó la cuarentena dispuesta por Alberto Fernández en marzo de 2020, pero como el virus tardaba en llegar a Mar del Plata enseguida empezó a insistir en la reapertura de algunas actividades. A fines de agosto, si bien le costó reconocer que la circulación se había vuelto comunitaria, decidió el retroceso a fase 3. Había prometido que si las cosas se complicaban iba a dar marcha atrás. Y lo hizo.

Unos días después, el bloque del Frente de Todos en el Concejo pegó un portazo en la Comisión de Reactivación Económica, que recomendaba por consenso el reinicio de actividades. La decisión graficaba las tensiones que generaba el sistema de fases entre el gobierno local y la Provincia.

El segundo momento de Montenegro en la administración de la pandemia sobrevino en septiembre de 2020 y definió el perfil de la gestión. El punto de quiebre, el que llevó al intendente a repetir infinidad de veces la palabra “laburo” y a discrepar con el manejo de la pandemia que hacían el gobernador y el Presidente, fue el índice de desocupación que informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) en el segundo trimestre de ese año: 26%.

 

Montenegro tuvo dos momentos bien definidos. Primero se anticipó a las medidas restrictivas. Luego reclamó la apertura de actividades, alertado por el índice de desocupación que reflejaba el Indec. 

 

El instante más tenso en la relación con Axel Kicillof se vivió cuando a principios de octubre el gobierno bonaerense trasladó en un avión sanitario un paciente del Hospital Interzonal a un sanatorio de Capital Federal. Montenegro sospechó de una operación política para evidenciar el colapso del sistema sanitario de Mar del Plata, que él siempre negó.

El alivio llegó en noviembre, con la disminución de los contagios y la salida de Mar del Plata del aislamiento, lo que la ubicó en fase 4, con más actividades permitidas a la espera de la temporada que ya se entreveía como la más atípica de la historia.

Nuevas controversias

El último día de 2020 Alberto Fernández tiró una bomba. “Mar del Plata no la está pasando bien”, dijo. Lo decía por un rebrote de casos. Y si bien Montenegro consideraba que Mar del Plata no estaba para un nuevo retroceso en el sistema de fases, la primera foto política de 2021 lo mostró junto al Presidente –que pasó el Año Nuevo en Chapadmalal– con el mar de fondo. Toda una alegoría del momento político que se vivía.

La imagen no opacó las diferencias con el oficialismo nacional y provincial. Montenegro pedía una “válvula de escape” en la nocturnidad para evitar las fiestas clandestinas. “Los más chicos no se van a quedar viendo Netflix porque les digamos que no salgan”, razonaba en público. “En Mar del Plata los casos crecen de modo más que preocupante”, le respondía Fernández en un acto con Kicillof y la líder del Frente de Todos local, Fernanda Raverta.

 

Montenegro y Alberto Fernández, a fines de 2020.

 

Eran días en que los inspectores municipales no paraban de desactivar fiestas clandestinas y en que la administración provincial evaluaba un cierre nocturno. En efecto, el primer “toque de queda sanitario” rigió de 1 a 6.

Los números de la temporada reflejaban su naturaleza inusual. En enero recibió 40% menos turistas que en 2020. “Es la mejor temporada que podíamos tener en esta situación”, evaluaba el intendente, que si bien discrepaba con las restricciones nocturnas consensuaba parte del discurso oficial.

En esa línea, resaltó el trabajo conjunto con Nación y Provincia en la videoconferencia con la que Alberto Fernández inauguró la Unidad de Refuerzo Sanitario del Interzonal. El verano, finalmente, no constituyó un torbellino de casos como algunos pronosticaban: hubo un 40% menos que en lo que hasta ese entonces era el pico de la pandemia.

Casi todo aprobado

En la apertura de las sesiones del Concejo, Montenegro convocó a un “acuerdo de madurez institucional” con el objetivo de que “el año electoral no opaque la necesidad suprema de trabajar todos juntos”.

Pese a no tener mayoría, el cuerpo legislativo le aprobó casi todo. Desde las normas para manejar la pandemia, como la emergencia sanitaria, hasta las iniciativas para agilizar las habilitaciones comerciales, reactivar la industria de la construcción, crear el Distrito Tecnológico y unificar bajo la órbita del municipio el servicio de guardavidas.

En cambio, el intendente fracasó en el intento de sancionar un nuevo pliego de transporte. El Servicio Integrado de Transporte Urbano (SITU) chocó contra la interna del oficialismo: el jefe del bloque, Alejandro Carrancio, votó en contra en la comisión de Legislación y privó a Montenegro de cristalizar una de sus promesas de campaña.

El intendente reaccionó con dureza: echó a todos los funcionarios que respondían, como Carrancio, al entonces senador provincial Lucas Fiorini, entre ellos al titular del Ente de Turismo, Federico Scremin, y el vicepresidente de Obras Sanitarias, Fernando Navarra.

La seguridad, área que siempre obliga al intendente a ratificar sus pergaminos, estuvo en el centro de las preocupaciones. Montenegro renovó su buen vínculo con el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, con quien trazó una estrategia común. El desplazamiento de la cúpula Departamental porque “los patrulleros no llegaban a los barrios” (Berni dixit) obró como relanzamiento de la gestión en seguridad.

La pelea por el DNU

Pero la pandemia no dio tregua. La segunda ola, todavía más dramática que la primera, comenzó en abril y volvió a mostrar diferencias entre Montenegro y Kicillof. El intendente se prevenía de nuevas restricciones: sostenía que mantener actividades abiertas significaba “más laburo” y deslizaba por intermedio de la secretaria de Salud, Viviana Bernabei, discrepancias con la forma en que se encaró la campaña de vacunación.

“Montenegro se mueve siempre en la frontera de la ambigüedad”, definió el gobernador en esos días en que volvió a disponer restricciones nocturnas. El intendente las acató, pero aclaró que no estaba de acuerdo con ellas.

 

Montenegro y Kicillof tuvieron diferencias en el manejo de la pandemia.

 

El 21 de abril, con los contagios y las internaciones en franco ascenso, Mar del Plata volvió a la fase 3, lo que obligó a los comercios a cerrar a las 20 y a los restaurantes a las 23.

Mayo fue un mes de frenéticas negociaciones con el gobierno nacional. Montenegro logró por algunas semanas que la ciudad no cayera a fase 2 y se suspendieran las clases presenciales. Una carta a la ministra de Salud, Carla Vizzoti, tras una charla con el Presidente lo hicieron posible.

Pero el confinamiento estricto por nueve días dispuesto por Fernández para las zonas en alarma epidemiológica incluyó a Mar del Plata. Era el prólogo de la fase dos, a partir de un cambio en el decreto presidencial sobre los aspectos a tener en cuenta para que un distrito fuera considerado en ese estadio.

El municipio lo fustigó duramente. Esta vez por medio del secretario de Producción, Fernando Muro, que empezaba a posicionarse como candidato a concejal. La controversia dio lugar a que el Presidente también hiciera públicas sus diferencias con el intendente: dijo que “no le hizo caso” cuando le recomendó cerrar por tres días la administración pública.

El 29 de mayo Mar del Plata bajó a fase 2 y se suspendieron las clases presenciales. “La ciudad está siendo discriminada”, lanzaron desde el municipio a mediados de junio, cuando volvieron en el conurbano pero no en la ciudad. El lema de la presencialidad escolar comenzaba a convertirse en bandera.

“Es un triunfo de toda la ciudad”, dijo Montenegro después de que el martes 22 de junio se anunciara el retorno de los alumnos a las aulas, lo que se concretó el lunes 28, exactamente cinco semanas después de su suspensión.

 

El 29 de mayo Mar del Plata bajó a fase 2 y se suspendieron las clases presenciales. “La ciudad está siendo discriminada”, lanzaron desde el municipio

 

La agenda electoral lo copó todo desde mediados de año. Montenegro ganó antes de las elecciones con un cierre de listas casi como lo había planteado: con una nómina de concejales unificada liderada por Muro. No lo logró en el plano seccional, donde su mano derecha, Alejandro Rabinovich, debió competir –y terminó perdiendo– con el radical Ariel Martínez Bordaisco.

El cierre de listas le granjeó otro enemigo íntimo: Nicolás Lauría, el ex basquetbolista que había encabezado la lista de concejales en 2019, que decidió dar un portazo en el oficialismo. Como Carrancio, otro jefe de bloque se iba en malos términos.

En una campaña que nunca levantó temperatura, el cruce más fuerte con Raverta aludió a la generación de empleo. “Este año y medio no vi a la oposición pensando en el laburo”, pasaba factura Montenegro por la salida del Frente de Todos de la Comisión de Reactivación. “Somos y seremos siempre los defensores de los trabajadores”, respondió la titular de Anses.

En septiembre, el revés electoral por 20 puntos sacudió al Frente de Todos en las primarias y dio indicios de lo que sucedería en noviembre: Juntos obtuvo el 46,7% de los votos y logró el ingreso de ocho concejales, mientras que el kirchnerismo sumó 27,9% y obtuvo las otras cuatro bancas en juego.

En el medio hubo un pedido a Horacio Rodríguez Larreta para que modificara la fecha de inicio del ciclo lectivo 2022 y colaborara con la ampliación de la temporada (que fue rechazado por el jefe de gobierno porteño) y nuevas controversias por la seguridad con la Nación. El municipio volvió a hablar de “discriminación” por el no envío de gendarmes y el bloque del Frente de Todos logró acordar la sanción de una emergencia que el oficialismo siempre miró con desconfianza.

Tras el contundente triunfo electoral, la nueva etapa ya empieza a perfilarse. Las medidas en materia de seguridad vial y la reestructuración del área de Tránsito, anunciadas por el intendente la semana pasada, pueden considerarse la primera escena del segundo capítulo de una gestión que, por los índices sociales y laborales que exhibe el distrito, no debería permitirse la conformismo.

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