La Ciudad

Montenegro prepara una campaña dura para combatir a La Cámpora

El candidato de Vidal insinuó en los últimos días un discurso fuerte contra el kirchnerismo. Lo mismo que otros dirigentes que lo apoyan. Todavía no hay acuerdos que aseguren una participación activa de la UCR.

Por Ramiro Melucci

Mar del Plata no encaja del todo en el mapa electoral de María Eugenia Vidal. No es un municipio que gobierne la oposición y es imposible ganar, como La Matanza o Moreno. Tampoco un distrito propio que el oficialismo busque preservar, como La Plata o Bahía Blanca. Es una ciudad que fue propia, lo dejó de ser y hay posibilidades de recuperar. Al menos así lo sienten en La Plata, donde la gobernadora mantuvo la semana pasada reuniones con los intendentes de Cambiemos –y por supuesto no estuvo invitado Carlos Arroyo– y los legisladores nacionales y provinciales, entre los que dijo presente Guillermo Montenegro, el candidato que en octubre intentará reconquistar Mar del Plata.

No lo hará en el contexto que se imaginaba, con Vidal y Mauricio Macri a un paso de conseguir la reelección. El cambio de escenario trajo nuevas evidencias. La ola celeste del 11 de agosto derribó como un castillo de arena la certeza de que el que ganaba la interna de Juntos por el Cambio iba a ser intendente. Montenegro derrotó a Vilma Baragiola, pero el triunfo en octubre no quedó tan cerca como esperaba.

Desde las primarias Mar del Plata se convirtió para Montenegro y el PRO en un municipio que puede quedar en manos de La Cámpora, la agrupación fundada por Máximo Kirchner para defender las políticas de Néstor y Cristina Kirchner y de la que proviene Fernanda Raverta, la candidata a intendente del Frente de Todos. “En octubre es La Cámpora o nosotros”, repiten sin dudar en el entorno del diputado.

La resistencia a esa agrupación, identificada como el ala dura del kirchnerismo, no ahorrará palabras fuertes. Algunas señales comenzaron a verse la semana pasada. Montenegro llamó a “evitar que el pasado tome la ciudad” y habló de una era de “odio y corrupción”. El diputado Juan Aicega aludió a una propuesta de Raverta para que el tren a Mar del Plata llegue más rápido y le recordó el pasado trágico del kirchnerismo en materia ferroviaria.

El temor a una vuelta al pasado es el imán con el que Montenegro buscará atraer a todos los sectores que integran la alianza oficialista y a los que participaron en algún momento y quedaron afuera. “Cuando decimos todos son todos”, insisten cerca de Montenegro.

El radicalismo es prioritario. Después de las PASO no hubo guiños que llevaran a pensar en una integración natural de ganadores y perdedores. Habrá una lista compartida porque así estaba pautado, pero la relación está astillada. Hay sectores del centenario partido que aspiran a recomponer el vínculo y otros decididos a no hacerlo. Creen que no se puede recomponer algo que nunca estuvo compuesto. Lastimaron las diferencias que hicieron funcionarios nacionales y provinciales durante gran parte del proceso preelectoral. También las palabras despectivas que antes de las PASO pronunció el candidato sobre la Mar del Plata de los últimos 30 años. Eso incluye a las administraciones radicales de Ángel Roig, Elio Aprile y Daniel Katz.

El silencio de Baragiola después de la derrota también habría que interpretarlo de otro modo. El gobierno provincial procuró durante buena parte del año que no fuera candidata. “La ningunearon todo el tiempo y ahora quieren que salga a apoyar alegremente. Deberían conformarse con su silencio”, lanzó la semana pasada un dirigente que no forma parte de su círculo íntimo pero que conoce al detalle el derrotero de sinsabores de la concejal desde que ganó las legislativas de 2017 hasta que fue vencida por Montenegro.

Lo que se pone en tela de juicio no es lo que hará públicamente la UCR local. El radicalismo forma parte de Juntos por el Cambio y no se moverá de allí. Se discute, en cambio, si la dirigencia de ese partido tendrá una participación activa en la campaña. Y eso no depende de las convocatorias públicas que Montenegro pueda hacer para combatir al pasado. Ni siquiera de las fotos que puedan aparentar unidad. Depende de si hay o no un acuerdo de poder para la Mar del Plata posterior al 10 de diciembre en caso de que el candidato de Vidal sea el intendente. Por ahora solo hay unos pocos rumores sobre dirigentes radicales que podrían ser secretarios.

Angélica González, la concejal de la Coalición Cívica, fue una de las que convocó al radicalismo a la unidad. Y la primera que, al incluir en esa convocatoria a la Agrupación Atlántica, hizo público el deseo de que el intendente Carlos Arroyo se baje de la reelección. Justo ella, cuya jefa política consideró a Arroyo “un gran error de Cambiemos”.

Nadie en el oficialismo tiene dudas de que una decisión de esa naturaleza robustecería el caudal electoral de Montenegro. Pero por el momento no hay conversaciones serias. Solo algunas sugerencias informales. El argumento que ya escuchó el hijo del intendente, Guillermo Arroyo, es que su padre no debería someterse a una elección en la que no tiene nada para ganar y puede romper un récord negativo para un jefe comunal en busca de la reelección.

Es difícil pensar que un hombre especialmente terco como el intendente, que no bajó su candidatura antes de las PASO a pesar de que tuvo algún ofrecimiento para hacerlo, vaya a cambiar de opinión antes de las generales, en las que si bien no tiene posibilidades de triunfo alberga alguna esperanza de sumar concejales.

Injustamente o no, Arroyo también se sintió destratado por el gobierno provincial. Y ahora sabe que su candidatura daña más de lo que entusiasma.

Otra situación se acentúa. El Concejo es un lugar cada vez más hostil para los funcionarios de Arroyo que adhieren a la candidatura del diputado del PRO. Los bloques opositores y los radicales críticos a Montenegro aprovechan la trinchera legislativa para bombardearlos. La semana pasada arreciaron las críticas para el secretario de Educación, Luis Distéfano, y el de Cultura, Christian Rabe, en la comisión de Educación, presidida por el radical Mario Rodríguez.

Cerca de Montenegro mantienen la defensa: ninguno de los principales funcionarios de Arroyo, entre los que incluyen a Gustavo Blanco y Hernán Mourelle, serán funcionarios de una posible administración suya. La inclusión del secretario de Hacienda en esa aclaración podría llamar la atención. ¿Por qué habría de hacerse si se trata de un funcionario que siempre se declaró partidario de Arroyo? No faltan quienes advierten que bajo la superficie hay asuntos que a simple vista no se ven.

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