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La Ciudad 9 de mayo de 2021

Montenegro y un fuerte mensaje de autoridad para dirimir la interna

Reaccionó con dureza ante el voto en contra del jefe de bloque. Y evitó dar una señal de debilidad tras la peor derrota del oficialismo en el Concejo. La contracara: adelantó negociaciones por los cargos que podían entrar en el combo electoral.

El intendente Guillermo Montenegro con obreros de la construcción. El Concejo aprobó el plan para reactivar al sector.

Por Ramiro Melucci

–Sacá a tu gente del gabinete.

–Sacalos vos, son tus funcionarios.

La conversación telefónica de Guillermo Montenegro con Lucas Fiorini concluyó como se preveía: mal. La respuesta del senador terminó de convencer al intendente de que no había que esperar más para eyectar del municipio al presidente del Emtur, Federico Scremin, y a los otros tres funcionarios de la agrupación de Fiorini. Colmado de ira, ni siquiera los llamó: delegó esa tarea en el subsecretario Legal y Técnico, Mauro Martinelli.

Desde hacía semanas, sino meses, era un secreto conocido por toda la dirigencia política que la relación de Montenegro con Fiorini tenía fecha de vencimiento. La fuerte decisión de la semana pasada constituyó el capítulo final de una novela de intrigas y sospechas permanentes, donde nunca todo era tan virtuoso como podía parecer.

El acto que precipitó la ruptura fue el voto de Alejandro Carrancio, hasta entonces jefe del bloque oficialista, contra el pliego del transporte en la comisión de Legislación. No está demás aclararlo para que se entienda del todo: si el edil al menos se abstenía, el proyecto del Ejecutivo hubiera llegado al recinto, donde de todas formas se hubiese estrellado contra la oposición, pero al menos le quedaba al oficialismo el consuelo de que el revés no se consumaba por desajustes propios sino por voluntad ajena.

Carrancio, entonces, no solo se convirtió en el actor protagónico de la peor derrota de Montenegro en el Concejo, sino que de paso privó al oficialismo de desplegar con mayor ímpetu una de sus líneas discursivas predilectas: la de la irresponsabilidad opositora. La ensayó la Coalición Cívica cuando habló de actitudes obstructivas y mezquinas de la oposición y de Carrancio, pero todas las miradas estaban puestas en la sublevación interna.

 

Carrancio se convirtió en el actor protagónico de la peor derrota de Montenegro en el Concejo, pero de todos modos el pliego del transporte se hubiera estrellado contra la oposición. 

 

El destino estaba escrito desde el 12 de abril. Ese día, Carrancio pidió más de 30 modificaciones al pliego en la comisión de Legislación. Por lo bajo dijo que lo hacía porque desde febrero venía planteando las inquietudes puertas adentro y nadie lo escuchaba. El gobierno interpretó que la postura vacilante del edil era la forma en que su jefe político, Fiorini, exigía un lugar en la lista para renovar su banca en el Senado bonaerense.

Lo cierto es que, cuando Carrancio hizo pública su posición, la administración de Montenegro ya había hecho todas las modificaciones al pliego que creía pertinentes y desechado otras tantas. La gran mayoría, fruto de la audiencia pública que se desarrolló el 4 de febrero.

Ante la presentación del jefe de bloque, la comisión de Legislación pidió un informe a la Secretaría de Gobierno para que respondiera a un solo interrogante: ¿era viable alguno de los cambios propuestos por el edil? La respuesta, firmada por Santiago Bonifatti, resultó la señal inequívoca de que no había ningún interés en acercar posiciones: decía que todos los planteos sobre el proyecto ya habían sido respondidos y aclarados en las múltiples reuniones informativas realizadas en el Concejo. En otras palabras: que Carrancio intervino a destiempo.

Con esa respuesta y el diálogo con el Ejecutivo cortado, el concejal no vio más alternativas que el voto en contra. En un principio, el intendente evaluó la opción de no tomar ninguna decisión hasta el cierre de listas, de la que era partidario el coordinador de Gabinete, Alejandro Rabinovich. Tenía su costado positivo. No generaba un estruendo interno, esquivaba el riesgo de que el vecino de a pie no entendiera del todo la decisión de echar a cuatro funcionarios por el voto de un concejal y posponía las negociaciones por los cargos para incluirlas en el combo de las listas.

Pero el lado negativo era el que más inquietaba al intendente: que mantener todo como estaba se viera como una muestra de debilidad. Optó entonces por dar un mensaje de autoridad hacia adentro y hacia afuera: no todo vale, menos en este contexto dominado por la pandemia. “No soportó una discusión por las listas en un momento en que hay que preocuparse por reducir los contagios de coronavirus”, explicaron en su entorno. Y, con el objetivo de bajarle las pulsaciones a la carrera por los cargos vacantes, avisaron que por el momento no habrá reemplazos.

 

Montenegro optó por dar un mensaje de autoridad hacia adentro y hacia afuera: no todo vale, menos en este contexto dominado por la pandemia.

 

El Frente de Todos vio tambalear al oficialismo y buscó enseguida dar otro golpe de efecto: archivó en la comisión de Género el proyecto para trasladar la Zona Roja, impulsado por Nicolás Lauría y la Secretaría de Seguridad. Es decir, por el hombre que se encaminaba a reemplazar a Carrancio en la presidencia del bloque oficialista. Tuvo en esa maniobra la colaboración de Acción Marplatense, lo que descolocó todavía más a los concejales del gobierno.

Lauría no tardó en reaccionar: juntó a vecinos de los barrios afectados y les dijo que la oposición no quería debatir el proyecto para sacarles el problema de las puertas de sus casas. Prometió además un intento por el desarchivo del expediente, que ya no mencionaba como en un primer momento a la diagonal Canosa como destino de la mudanza, sino que dejaba abierta la elección de la zona. Los opositores se vieron en la obligación de explicar la postura en reuniones vecinales y de aclarar que discutirían el tema a través de una mesa de diálogo.

Con el archivo, el Frente de Todos prefirió congeniar con otros sectores (como la Mesa contra la Trata). Se privó, sin embargo, de observar qué hubiera pasado si el proyecto quedaba vivo. Tal vez las explicaciones las hubieran tenido que dar más tarde los funcionarios, ya sin margen para culpar a la oposición.

En la semana del archivo, el oficialismo procedió de la misma forma con un proyecto de Marcos Gutiérrez para solicitar que se aplique la ordenanza que habilita la peatonalización de una parte del sector costero durante los fines de semana. Fue durante el momento más tenso de la sesión del jueves, convertida en un festival de chicanas. Por suerte ya había pasado la votación de los expedientes para reactivar la industria de la construcción, la mejor noticia para el gobierno municipal a lo largo de una semana en la que no tuvo tregua.



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