Arte y Espectáculos

Montserrath Oteguí presenta su libro: “La danza no me alcanzaba”

"Lo infinito de un verbo" es el libro que contiene los poemas de Monteserrath Oteguí y que presentará este domingo. La publicación sella la alianza entre su arte y lo espiritual.

Por Paola Galano

 

La danza y esa insistencia por el vuelo siempre la colocaron cerca de lo elevado, de lo que insiste en dejar la tierra y perderse, sin peso, entre el aire y el viento. Quienes conocen a la bailarina Montserrath Oteguí saben de esa apoyatura espiritual que la acompaña y de la que dio muestras en sus muchos espectáculos de danza que realizó en Mar del Plata. Sin embargo, aún le faltaba dejar por escrito esa vinculación entre arte y espiritualidad.

“Lo infinito de un verbo” (MareMium Pequeña Editorial) es el libro de poesías de su autoría que presentará este domingo a las 19 en Chauvín (San Luis 2849), con entrada libre y gratuita.

Asi, con este poemario, la artista marplatense que bailó por el mundo y regresó a esta ciudad sella esa alianza: arte y espíritu.

“Las palabras tienen intención antes de poder manifestar el acto. Desde esa conciencia nace este libro: una búsqueda en la certeza de que en lo más humilde del lenguaje habita lo que es eterno. Lo infinito de un verbo no es solo un título. Es una plegaria. Un deseo de que el poema sea también un camino. Una forma de redención”, escribió la bailarina en la introducción a su vasto poemario.

“Lo infinito de un verbo” tiene 131 páginas y contiene textos que están diferenciados por temáticas en diversos apartados: la infancia, la escritura del poema, el desgarro, el perdón y otros aparecen como ejes ordenadores.

En una entrevista con LA CAPITAL, Oteguí contó por qué decidió publicar y reveló qué fue lo primero que apareció en su vida, si el movimiento y la danza o la poesía y las palabras.

– ¿Qué empezó primero, la danza o la escritura? ¿Una disciplina te llevó a la otra?

-Empezó primero la palabra. Tengo recuerdos de pequeña, en la casa de mi abuela materna, donde me crié. Recuerdo tomar una hoja y lápiz y esbozar pequeños poemas. Escribía a la luna, a los pájaros, a la naturaleza. Fue natural. Quizás fue una manera de empezar a transitar lo que mi ser tenía o traía dentro: sin yo saberlo aún. Algo había en ese pálpito, porque lo siento así, aunque no tenía aún los datos o la información suficiente para decir. Al principio, como todo, comienza siendo una forma de describir lo que se siente.

 


Poética de peregrinación

Por Montserrath Oteguí
El artista atraviesa los infiernos

antes de poder contar un cielo.
No te contaré mis demonios,

te contaré qué hice con ellos.

No te hablaré del miedo,

te diré cómo vencerlo.
El arte nada tiene que ver

con lo que esperas,

tiene que ver con lo que has podido hacer,

pese.
El arte no tiene que ver

con tus proyecciones,

estamos hablando

de trascender.
Eres el vehículo que transporta

una verdad que puede ser comprobable.

A nadie le importa a cuánto has renunciado por ser quien eres:

esta es la cruda verdad del artista.
No es acerca del dolor,

no es acerca de nuestra valentía.

Es trabajo:

duro trabajo de transformación.
El arte no espera confesiones:

(siempre son tristes y además cansan).
El arte aspira a lo que es,

no a lo que debe ser.
No eres un héroe por haber salido de las tinieblas.
Cuenta lo que has visto y punto.

Sin conclusiones.
La belleza no te necesita.
Si puedes soportar eso,

entonces sal ahí afuera y de todos modos

inténtalo.

 

-Decís que escribís como quien ora y destacás la experiencia espiritual de escribir, ¿en qué momento advertiste esta característica de la escritura?

-Desde pequeña sentí que traía conmigo una forma de saber a Dios. Como si algo me hubiera protegido siempre: una energía que no sabía describir ni comprender. No pertenecía a ninguna religión; era, más bien, una manera de sentir. Había una voz en mí, transparente, que podía oír. No era algo adquirido de afuera, eso lo entiendo ahora, sino algo que nacía desde adentro. O de arriba. O de donde fuera. Pero estaba ahí. Y yo sabía escucharla, naturalmente.

-También decís que escribís para rebelarte a un destino, ¿por qué?

-No me gusta hablar de datos referenciales, pero si he tomado grandes hechos de mi vida para redimir mucho de lo que me tocó transitar. Ha sido difícil el camino, ¿qué camino no lo es?, pero siento que pude resignificar el dolor.

-Tus poesías ponen el foco en la importancia de las palabras, en el lenguaje y en el decir como manera de transformación. ¿Te parece que el lenguaje crea realidad?

-Las palabras tienen intención. Y esa intención tiene poder. Gracias a las palabras podemos pensar. Creo que sí podemos a través de la palabra crear realidad. Creo que el cómo se piensa y el cómo se dirige esa energía es esencial para crear armonía de pensamiento, o no. Puede ser generador de caos también. Cuando esos datos están mal conectados. Pero, en mi búsqueda siempre aspiré a un pensamiento que pudiese conectar con esa armonía y esa paz tan buscada.

-“Poética de peregrinación” es una declaración de principios, casi un manifiesto que puede leer cualquier artista o estudiante de arte. ¿Me gustaría saber cómo nació?

-Nació de limar el ego. De una búsqueda personal por comprender qué es, verdaderamente, hacer algo artístico y desde qué lugar nace. Surgió cuando dejé de pensarlo como algo propio y empecé a entenderlo como un acto en sí mismo. El artista es un vehículo; no es el arte. En mi danza, también, la búsqueda fue estar al servicio de la historia. Lo vivo como un camino de obediencia hacia eso que llama desde adentro y quiere compartirse. No es personal. No es acerca de mí.

-Hablas de la “orfandad de huesos” y se me ocurre que la danza busca en última instancia eso, el poder volar, el pesar menos. ¿Hay algo de esa búsqueda?

-Muchas veces me sucedió que la danza no me alcanzaba. Había cosas que la danza no podía nombrar. Quizás lo que me sucedió es que pesaba adentro. Y esa búsqueda del no peso, era otra cosa.

-Según decís en el apartado de la infancia, eras “una niña triste que amaba la poesía”. ¿La poesía era tu refugio?

-Recuerdo que me faltaba todo, pero no lo sabía. Los niños nunca saben que les falta hasta que un adulto se los dice. Luego supe que era una niña triste, cuando le pude poner nombre a esa tristeza. Sé que amaba las palabras. Aún no sabía que era la poesía.

-Muchos de tus espectáculos de danza están llenos de tu poesía, porque vos misma los escribís y los guionás, podría pensarse en algún punto que tu arte es un todo indivisible: poesía, palabra, movimiento. ¿Estás de acuerdo?

-El arte es un todo indivisible. En sí mismo. No puedo decir qué es lo que busca decirse ni de dónde surge, pero sí sé que cuando acontece, busca todas las formas de nacer.

-¿Por qué la necesidad de llevar a un libro tus escritos?

-No era quizás una necesidad. El proceso fue hermoso en sí mismo. Podría haber tomado la forma de una obra de danza, de una canción o, finalmente, de un libro. Fue un acto de entrega hacia aquello que sentía como parte de mi camino. Esa palabra que comenzó en una hoja y un lápiz encontró su forma de permanecer.

-En la última poesía se entiende todo: necesitaste escribir para poder seguir viviendo. ¿Dirías que tu poesía es confesional?

-Necesité el arte como forma de redención. Necesité la belleza para saber que había una razón. Necesité que fuera cierto. Me salvó el amor por la verdad y la coherencia con ese canto interno que siempre me habló de que había algo más. Por “ese” algo más valió la pena aceptar el desafió de vivir.

 

Te puede interesar

Cargando...
Cargando...
Cargando...