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Opinión 29 de mayo de 2017

Mucho ruido y pocas PASO

por Jorge Raventos

En menos de un mes, los partidos y frentes que participen en las elecciones de octubre deberán mostrar sus cartas y exponer ante la opinión pública la índole de sus alianzas y los nombres de sus candidatos. O, más bien, precandidatos ya que antes de ganar el derecho de figurar en las respectivas boletas electorales, los aspirantes deben, según la ley, atravesar con éxito el filtro de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias.

Las listas únicas

Este paso, sin embargo, podría resultar en muchos casos una formalidad, un puro trámite. La coalición oficialista, por ejemplo, no hará gala de competencia interna y optará por una lista única de candidatos diseñada en las alturas y sólo mediada por los cabildeos y cinchadas entre partidos socios. En el distrito federal, la ciudad autónoma que el Pro conduce desde hace tres períodos, se frustró la posibilidad de una primaria intensa porque Horacio Rodríguez Larreta no quiso abrir esa puja a Martín Lousteau, a quien apoya el radicalismo porteño. El alcalde, una de las voces fuertes del Pro, sufrió mucho ante Lousteau en 2015, cuando le ganó por muy poco en el ballotage que lo conduciría a la jefatura de gobierno y no quiso repetir la experiencia como espectador. Sabe que Lousteau se prepara para volver a desafiarlo en 2019.

El factor Lousteau fue el principal motivo para que Rodríguez Larreta reimportara a Lilita Carrió y la nominara como cabeza de la lista capitalina de Cambiemos. El ex embajador en Estados Unidos deberá competir desde fuera de la coalición (lo que seguramente representa un hándicap) y la coalición gambetea la PASO.

La dupla Sergio Massa- Margarita Stolbizer, que confirmó esta última semana su alianza bajo el sello Un País, tampoco ofrecerá primarias. No, en principio, en el distrito bonaerense, donde el Frente Renovador y el GEN compartirán por acuerdo las candidaturas más relevantes y cederán algunas a aliados progresistas (Libres del Sur, fragmentos socialistas).

Cristina y la margarita

Así, podría ocurrir que la única fuerza importante que resuelva competitivamente sus candidatos por la vía de las PASO sea el peronismo. Y aún esto está por verse. Lo que sí es notorio es que el peronismo tiene varios interesados en postularse y al menos uno de ellos, Florencio Randazzo, rechaza la vía de la lista única. El ex ministro de Transporte asegura que quiere llegar a la candidatura peronista a través de una interna abierta y dice no tener problemas en enfrentar a Cristina Kirchner si la situación lo exige.

La candidatura de la señora de Kirchner no ha dejado de estar en discusión, alimentada por los devaneos de la expresidente, que deshoja la margarita, de a ratos dice que no se postulará y de a ratos sugiere que sí lo hará “si es necesario”, mientras sus seguidores (y hasta muchos de quienes la preferirían jubilada) empujan para que diga que sí, algo que reforzaría el techo que el peronismo kirchnerizado encuentra en las clases medias pero contribuiría a galvanizar el voto partidario y ayudaría así a que los poderes que subsisten en intendencias y consejos deliberantes no terminen de dispersarse.

El jueves último la dama se prestó a una nota televisada en su canal preferido (el que controla Cristóbal López) y conversada con periodistas que no le provocan malos ratos con sus preguntas. De lo que pudo escucharse se deduce que ella puede aceptar ser candidata, pero decididamente no está dispuesta a atravesar una interna por ese premio. El riesgo de perder con Randazzo en el seno del peronismo no quiere correrlo por más que las encuestas le aseguren que lo doblaría en votos.

Dado que Randazzo insiste en ir por interna como se lo garantiza la ley y jura que, de no ser así, se va a su casa pero antes dará todas las batallas necesarias ante la Justicia Electoral, cabe imaginar que tenemos por delante nuevamente un conflicto político judicializado y, quizás, otra PASO que no se concreta.

Tensiones y descompensaciones

Que no haya primarias no significa que los partidos y coaliciones carezcan de conflictos, sino más bien que están renunciando a los instrumentos para zanjarlos.

Hablando de conflictos, sólo un analista intencionado podría adjudicar las descompensaciones que sufrieron Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta (uno en Ecuador, en vísperas del 25 de mayo, el otro, en la Catedral porteña, durante el Te Deum) a las últimas (quizás penúltimas) declaraciones públicas de Elisa Carrió. Se trató, obviamente, de una coincidencia. Pero lo cierto es que Carrió agitó con frenesí el árbol del oficialismo cuando afirmó que “todos, sin excepciones, quieren proteger a De Vido”.

El Presidente -implícitamente aludido- nunca ignoró que una alianza con la señora Carrió tiene ventajas y costos. La diputada reclama que se transparente la información clasificada de la firma brasilera Odebrecht sobre coimas pagadas en Argentina; quiere también que el gobierno se deshaga de la número 2 de la AFI (ex SIDE), Silvia Majdalani, ubicada en su puesto por el propio Macri. Carrió acusa a Majdalani de espiarla. En fin, la diputada espera que el Presidente le brinde algún respaldo en su cruzada contra el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti.

Horacio Rodríguez Larreta, había coronado a la chaqueña como candidata porque así esperaba disuadir a Martín Lousteau de presentarse en el distrito después de empujarlo fuera de Cambiemos. No consiguió este objetivo y ahora el escenario se nubla cuando la candidata recalienta la relación con el gobierno nacional.

Descompensaciones aparte, la cúpula del Pro ha optado por los paños fríos. La consigna es: evitar una crisis con Carrió. ¿Alcanzarán las promesas de acelerar los trámites para facilitar la investigación sobre los vínculos locales de Odebrecht? ¿Llegará el gobierno a cumplir el reclamo de Carrió de apartar a Majdalani de la ex SIDE?

La válvulas de descompresión

En cualquier caso, lo que el estilo Carrió está mostrando es que Cambiemos no cuenta con una conducción orgánica como coalición: el Pro parece no desearla y Carrió se siente bien con una mecánica que, a través de sus sonadas filípicas públicas, le asegura abruptas cumbres con el Presidente, la simulación de una momentánea sesión de jefatura bicéfala en la que ella presenta sus auténticos cahiers de doléances. Por el momento la consigna del Pro es: evitar cualquier crisis con Carrió. Antes de las elecciones sería inoportuna.

Un sistema político que tramita sus conflictos entre secretismo, invocaciones a las redes sociales y escándalos y que elude la gran vidriera de las primarias que –al menos- ofrecería a la sociedad una pequeña cuota de participación, es un sistema en dificultades. Se cierran los caminos del debate abierto mientras paralelamente se estimula la polarización. Vale la pena atender al rezo del arzobispo porteño, Mario Poli, en el Tedeum del 25 de mayo: convocó a superar “la confrontación que nos roba la esperanza y a buscar por el fecundo y arduo camino del diálogo un consenso creativo tan necesario para que se haga realidad el progreso de nuestra nación”.



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