Volver a las raíces: crece el interés por hacer huerta, hasta en el balcón
A pesar de la falta de tiempo y espacio, muchas personas encuentran en la huerta un momento de relajación, de contacto con la naturaleza y, la satisfacción de haber producido al menos algo de lo que come la familia.
Cultivar está en nuestro ADN. Aún antes de ser sedentario, el hombre comenzó a experimentar en pequeños huertos alrededor de su vivienda para garantizarse alimentos. Muchos recordarán las huertas de sus abuelos o bisabuelos -y los más grandes, de sus padres- en las que se encontraba "de todo". Si bien muchas familias nunca dejaron de lado esa labor de hacer la huerta en casa, en tantas otras, la falta de espacio, la vorágine de la vida moderna, los horarios, las actividades extracurriculares, las distracciones, hicieron que la costumbre quedara en el recuerdo. No obstante hoy, hay un interés creciente por volver a esa costumbre, a pesar de...
Ese interés se evidencia en los viveros, donde muchos se acercan a preguntar, asesorarse; en quienes muestran orgullosos el tomate cherry que cosecharon de la maceta de su balcón, en la cantidad de personas que se acercan al programa Pro Huerta del INTA, para acceder a semillas y participar de los cursos que se dictan para re-aprender todo lo que se necesita saber.
"Arrancar un tomatito en su punto justo de maduración, un poco de perejil para el pesto, un poco de menta para la limonada y que eso esté a un paso de la cocina es la primera motivación" cuenta Marcos Gallo, que actualmente lleva su huerta en un espacio del pequeño patio en el duplex en el que vive con su compañera y su hija.
Marcos recuerda que armó su primera huerta "en un cajón de verdura reciclado en la terracita de donde vivía. En esa misma época empecé a experimentar compostar lo orgánico en un tacho de pintura de 20 litros".
En estos días "por falta de tiempo", tiene algunas cebollas que quedan de la siembra de invierno, algo de acelga y "mucha hierbabuena (variedad de menta)". Pero asegura que espera tener un poco de tiempo en estos días para "hacer almácigos de tomate y albahaca y plantar lechuga y porotos.
También para pensar y buscar materiales para "hacer la huerta/jardín vertical". "El espacio es más bien pequeño, pero los paredones invitan" aseguró.
Aprender haciendo
"Siempre me gustó la huerta y, cuando me jubilé, empecé a hacer más cosas" cuenta Mario Galano, que dedica un espacio de unos 18x10 metros al costado de su casa, para experimentar con diferentes cultivos. Tiene de todo: habas, orégano, menta, cebollas, apio, tomate, pimientos, chauchas, lechuga, acelga, que conviven en un espacio en el que también hay varios frutales y con los que su señora, Marta, hace unas mermeladas exquisitas.
"No tengo mucho tiempo para dedicarle, pero durante todo el año tenemos algo. Incluso para repartir a la familia, porque no alcanzamos a consumir todo" cuenta.
Mario asegura que "vamos aprendiendo por ensayo y error, por ejemplo, la primera vez que puse habas, se quebraban por el peso y aprendí que hay que ponerles tutores. También aprendí con la experiencia que a los tomates nos les hace muy bien el sol directo fuerte".
"El sabor de lo que uno cosecha es otro, no tiene comparación. Y, además, es un hobbie, es el momento en el que dejo el teléfono, vengo y me concentro en esto. Aunque me canso un poco, me encanta" asegura.
Si bien la huerta es "el" espacio de Mario, Marta reconoce que "cuando tengo que hacer una sopa, vengo a la huerta y encuentro todo lo que necesito" y apunta la importancia de "ir rotando los cultivos".
"Lo tomo como una terapia"
"Primero, me lo tomo como una terapia. Ver crecer de a poco lo que uno sembró es algo que me gusto mucho también y está bueno que, en caso de necesitar una hoja de albahaca, una ramita de romero, orégano o perejil, lechuga etc, lo tenés disponible y fresco de algo que vos cuidas. Por otro lado, comer algo sano, sin químicos". Esas fueron las motivaciones de Sergio Propatto cuando hace un año, comenzó a experimentar con sus primeras dos plantas de tomate en su pequeña terraza de un departamento en primer piso en la zona del macrocentro de Mar del Plata.
"Comí unas cuantas ensaladas con solo dos plantas en macetas recicladas" contó, este ingeniero y docente, que a pesar de tener poco tiempo, en marzo, incorporó un primer cajón de madera para la siembra de invierno. "Fue mi primer experiencia con otro cultivo que no sea el tomate del verano anterior y no tenía ningún tipo de conocimiento, pero un amigo que lleva una vida un tanto más 'campestre' me ayudó a comenzar y me dio sus consejos" relató.
"No se necesita demasiada organización. Con el tomate lo principal era que tuviera sol la mayor cantidad de tiempo posible y riego. Busqué el lugar del patio que más horas de sol tuviera y ahí lo dejé. Luego lo regaba por las noches, casi a diario. Luego fue armar un cajón y sembrar. Ahora tengo unas cuantas plantas de lechuga (ya obtuve mi primer porción de lechuga natural para ensalada) y frutillas. Si bien el lugar físico siempre fue el mismo, fui agregando más y más macetas al ver que no es tan complicado y que se puede" señaló.
El tiempo que Sergio le dedica a la huerta es variable. "En invierno, requería menos cuidados por el tipo de cultivo y porque en general requiere menos riego. También había sido mi primer experiencia y estuve muy atento a cada cambio mínimo. Ahora, que ya estoy haciendo mis propios plantines de tomate, lechuga, morrón rojo y calahorra requiere un poco más de cuidados, por ejemplo controlar bien la humedad de la tierra e intenta ir corriendo los plantines para que tengan luz solar. Yo los tengo en un pequeño lavadero del departamento y a la tarde, si estoy en casa y está lindo los corro a otra parte".
Además de experimentar con los cultivos, Sergio también hace compost. "Comencé con lombrices californianas que un amigo me pasó, las puse en una caja de telgopor con agujeritos y comida. Hacer compost tiene muchos aspectos positivos, uno de ellos es que casi todo residuo orgánico se le puede dar a las lombrices, minimizando en gran medida la cantidad que se termina llevando el recolector. A su vez, las lombrices comen el residuo que les doy, produciendo abono de alta calidad que después utilizo en la huerta".
Ricardo, en tanto, comenzó su huerta cuando se mudó a una casa y tuvo espacio y tiempo para cuidarla. En estos días ya está comiendo comiendo lechuga, acelga, achicoria, rúcula, rabanitos y frutillas de producción propia. Además "los tomates comunes, así como los cherry, ya están trasplantados y creciendo, igual que el maíz. En almácigo hay morrones, berenjenas, albahaca, entre otros. Y en cuanto a aromáticas, orégano, ciboulette, romero, melisa, cedrón y mentas varias".
"Lo mejor de hacer huerta es poder guardar tus semillas, hacer los almácigos y trasplantarlos. Son como pequeños hijitos que uno cuida durante un tiempo antes de ponerlos en tierra" reflexionó. Ricardo dedica un par de horas por la mañana y, cuando puede, algo de tiempo a la tarde a su huerta, inclusive los fines de semana.
Del patio grande al pequeño balcón
José y Ester tuvieron siempre un pedacito de tierra para cultivar vegetales. Aprendieron y mantuvieron la costumbre desde chicos, al ver a sus padres hacerlo con dedicación y amor. Cuando se casaron y tuvieron su casa, continuaron con la tradición. Incluso en algún momento, el sector huerta competía ferozmente con el de jardinería, a la que Ester es más que afecta. La competencia se solucionó cuando José trasladó la huerta a un terreno cercano, más grande, en el que supo tener gran variedad de vegetales y frutales. Las vueltas de la vida hicieron que, desde hace un par de años, José y Ester vivan en un departamento, con un pequeño patio embaldosado y un balcón. "No tuvimos problema en cambiar de casa, pero no nos podía faltar el contacto con la tierra" contaron. Por eso, con organización y dedicación, mantienen sus vegetales, aromáticas y también sus plantas ornamentales en el escaso espacio que el PH en planta alta les permite. "Organizamos unas especies de repisas, en la pared de sol, para ganar espacio hacia arriba, en macetas. Allí tenemos aromáticas, especialmente, lechuga, rúcula. Para los tomates, usamos otros macetones en el piso. Y reservamos un lugar para los almácigos. Pero con cuidado, muchas veces, a la noche, los entramos a la cocina, por el frío" contaron.
"No hay mayor satisfacción que encontrar todo lo necesario para la ensalada en el patio. El tomate que cuida uno tiene un sabor distinto, nada que ver con el que se compra, que quizás pasó meses en una cámara" asevera José, que nunca se olvida de guardar las semillas de cada tomate que cosecha, secarlas, y prepararlas para reiniciar el ciclo, a la temporada siguiente.
