La Ciudad

Nacer en cuarentena: de un refugio a otro sin escalas

La llegada al mundo de los nuevos marplatenses estuvo marcada por el aislamiento social. Sin visitas autorizadas, cómo transitan las familias un momento tan especial en plena pandemia de COVID-19.

Sin visitas ni posibilidad de conocer algo más del mundo, los bebés nacidos en pleno aislamiento social, preventivo y obligatorio pasaron del refugio donde estuvieron 9 meses a la seguridad de su nuevo hogar, como parte de las medidas para controlar la propagación del COVID-19.

Nada de paseos por la ciudad, visitas de abuelos o conocer a los primos. Las recomendaciones sanitarias son claras, estrictas y corren para todos los integrantes de la familia, aunque eso no alivia el deseo (y la necesidad) de compartir la alegría de un momento tan especial con el resto de los seres queridos.

Lorenzo, Bruna, Indiana y Julia son solo algunos de los nuevos marplatenses que llegaron a un mundo justo cuando éste está librando una batalla contra un enemigo invisible. Nacidos en plena pandemia por el coronavirus, los recién llegados fueron presentados a sus respectivas familias a través de videollamadas, fotos y vídeos, pero siempre bajo la promesa que los besos y abrazos llegarán más pronto que tarde.

Entre las familias consultas por LA CAPITAL, la primera en llegar fue Bruna, hija de Agustina e Ismael. Pese a haber nacido un día antes de iniciada la cuarentena, el 19 de marzo, algunas de las restricciones por el COVID-19 ya comenzaban a implementarse.

“Nosotros ya habíamos decidido que la familia venga dos o tres horas después de que naciera la gorda, así teníamos un espacio íntimo nosotros tres. Pero el día anterior al nacimiento, el obstetra nos dijo que estaban prohibidas las visitas, y que no eran aconsejables para nada, así que se cancelaron”, contó a LA CAPITAL Agustina, quien aseguró haber intentado que al menos solo los abuelos puedan venir, “pero ni eso” fue permitido.

Así y todo, la pareja marplatense transita la llegada de su primera hija con tranquilidad e intentando aprovechar la intimidad que el contexto les ofrece.”En cierta forma vivirlo solos fue súper lindo porque fue algo muy íntimo. Hasta hoy no la conoce nadie, solo nosotros, y eso nos hizo crear un vínculo muy fuerte“, señaló.

La primera foto familiar. Agustina, Ismael y Bruna, juntos al fin.

Como en una serie sobre un mundo distópico controlado por la tecnología, Bruna solo pudo ser presentada al resto de la familia a través de la cámara de un celular.

“Isma armó grupos de whatsapp y si bien Bruna nació a las 7.30 del jueves, la primera foto llegó a las 22. Las familias estaban como locas, pero la verdad es que no pudimos agarrar el celular antes”, señaló y agregó: “De todas maneras nos las arreglamos para hacer a todos parte de su crecimiento con videitos, videollamadas y mucha foto”.

Algo similar ocurrió con Indiana, hija de Guillermina y Alejandro. Para cuando llegó la nueva integrante, la cuarentana cumplía su primera semana: 27 de marzo.

“Los momentos previos se vivieron con algunas sensaciones encontradas, miedo, incertidumbre, dudas. Todo lo que implica una pandemia. Mirar los noticieros era todo muy catastrófico. Fue bastante particular todo. Desde que se decretó la cuarentena no recibimos visitas, así que fue como que nos aislamos completamente del todo”, señaló en diálogo con LA CAPITAL.

La próxima vez que salieron fue para recibir a Indiana. “Fuimos a la clínica cargando cosas en el bolso que inicialmente nunca pensamos en llevar,como por ejemplo el alcohol en gel”, cuenta ahora, ya en su casa los cuatro: la única persona que conoció a la nueva integrante familiar fue su hermanita de 4 años, hija de su papá.

Indiana, preparada para irse a su casa junto a sus papás y hermana mayor.

“La sensación que tuve al volver a mi casa fue muy raro porque se te cruzan muchas emociones. Volvimos después de dos días en la clínica y lo necesitaba mucho, sabía que me iba a sentir muy segura, no quería estar más en la clínica. No hay nada como tu lugar”, señaló, aunque reconoció que le hacen mucha falta los abrazos en momentos como éstos, sobre todo al ser mamá primeriza. “Son estos los momentos en que más querés estar acompañada y rodeada por tu familia”, indicó. Al igual que Bruna, su presentación al mundo fue a través de las redes sociales digitales.

La espera en tiempos de COVID-19

La importancia de cumplir con las recomendaciones para el bien de todos, es algo que los nuevos padres reconocen y comparten, aunque resulta inevitable reconocer que lo vivido dista de lo soñado y que, para ellos, hubiese sido mejor atravesarlo en otras circunstancias, menos extraordinarias que las actuales.

Por ejemplo, que el encuentro entre un bebé y sus abuelos se haga esperar más de un mes es un panorama triste, pero que un padre solo haya podido ver a su hijo 5 minutos es otra cara de las restricciones tan necesarias como difíciles de procesar. Este es el caso de Mauro, papá de Lorenzo desde el viernes 3 de abril junto a Vanina. Su historia es la muestra de que los protocolos fueron modificándose conforme pasaban los días del aislamiento y los casos de contagios aumentaban.

“El nacimiento fue algo complicado en estos momentos que estamos viviendo”, señaló a LA CAPITAL Mauro, en audio que envió desde casa, tras la visitas diarias que realizada desde hace una semana la clínica.

El pequeño Lorenzo, nacido el 3 de abril en plena cuarentena.

Es que si bien en el curso de preparto a los futuros padres les habían dicho que él iba a poder estar presente en el parto y acompañar a su pareja en todo el momento, al momento de internarse en la clínica se encontraron con un escenario completamente diferente.

“No sólo nos dijeron que no iba a poder estar en el parto como habíamos planeado, sino que tampoco iba a poder acompañarla ni asistirla en todo su postparto”, señaló, una prohibición que pesó aún más cuando Vanina debió entrar en cesárea.

“No pude estar para ayudarla con todos los cuidados de la operación. Pero no solo por lo físico sino también lo emocional. Nuestro bebé nació con bajo peso y está internado en Neonatología esperando evolución. Todo fue bastante caótico y estresante”, señaló.

Caótico y estresante. Las palabras elegidas por Mauro esconden días de angustia e incertidumbre que se resumen en que, a una semana de nacer, solo pudo ver a su hijo 5 minutos. El resto del tiempo, a través de una misma foto como el resto de la familia.

“A Lorenzo lo pude conocer en una sala de recepción donde lo pesan y cambian ni bien nace. Después ya no lo pude ver más porque tengo prohibida la entrada a neo. Tampoco puedo ver a Vanina más de dos veces por día, por 15 minutos, como cualquier visita. No pude estar con ella”.

Mauro aguarda con paciencia el día en el que los tres estén juntos nuevamente. En el mientras tanto, no puede evitar pensar la necesidad de que algunos protocolos puedan adaptarse a situaciones como la que él vive.

“Se deberían implementar otras normas de seguridad para que el bebé tenga contacto con el padre. Aunque sea poder ir cada 48 horas o cada 72…. o una vez por día. Algo. Siempre cumpliendo con todas las normas de seguridad. En mi caso, hace una semana que no puedo tener contacto con mi bebe. Lo vi cinco minutos nada más. Agradezco a enfermeras y empelados de seguridad, que nos atendieron muy bien, pero hay otros profesionales que a veces tratan con mucha frialdad”, indicó.

Romina también está en la dulce espera de la llegada de Julia. Junto a Hernán, su pareja y padre de la bebé, esperan que el nacimiento se dé a fines de abril, pero los últimos controles los hacen estar preparados ante un posible adelanto. Al igual que el resto de los padres en tiempos de pandemia, las restricciones les cambiaron los planes.

“Los controles ya no son en la clínica, sino en el consultorio privado de mi obstetra. Además, él comenzó a comunicarse por las redes sociales para llevar tranquilidad a sus pacientes”, señaló Romina, quien aseguró que fue justamente a través de esas comunicaciones virtuales que se percató que las restricciones aumentaban con el correr de los días hasta llegar a algo que ella no quería escuchar: su pareja no iba a poder estar presente en el parto.

“Yo soy primeriza, así que la primera reacción fue desoladora. Pensé ‘voy a estar diez horas en un trabajo de parto sola'”, reconoció Romina, que aún hoy no se amiga con el nuevo protocolo impuesto en la clínica donde se atiende, sobre todo porque asegura que no en todos los establecimientos corre la misma disposición.

De todas maneras, desde hace ya varios días optó por centrarse en lo positivo de la situación. Si bien asegura que los abuelos están “bastante embroncados” porque no la van a poder conocer aún, Romina reconoce que la “intimidad” es algo que se debe aprovechar. “Dentro de todo, vamos a poder estar tranquilos y disfrutar la llegada de Julia desde otro lugar”, señaló.

Contando los días para que los nuevos integrantes tengan la presentación que merecen, madres y padres aguardan con entusiasmo el día en el que esta situación se transforme en una simple anécdota para recordar en cada cumpleaños y no una preocupación latente. Nacer en cuarentena será toda una historia; salir del segundo refugio en nueve meses, otra.

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