Opinión

Notre-Dame de París

por Juan Eduardo Tesone

¡Notre-Dame arde! Dicho grito desgarrador, como al unísono, fue un grito que se escuchó no sólo en París sino en el mundo entero. Lo aparentemente perenne se convertía en efímero, las llamas devoraban toda certeza.

La catedral devastada por el incendio es ante todo el sentimiento de una profunda tristeza para Francia, considerada la hija mayor de la iglesia. Pero es al mismo tiempo un durísimo golpe para los católicos del mundo entero, emblema de las catedrales góticas, además de un lugar privilegiado de culto religioso, es también de un gran valor cultural y musical. La catedral posee tres órganos, el más grande fue construido a partir del siglo XV, con ocho mil tubos. Se teme que el famoso órgano que deleitaba con sus acordes todos los domingos a las 17 hs será difícilmente restaurado.

Ha sido el monumento más visitado de Francia, 13 millones de visitas cada año, 30.000 por día. Cinco misas por día, con las fiestas y celebraciones, son más de 2000 celebraciones por año.

El edificio ha sido construido a partir del 1163, en presencia del Papa Alejandro III, y la misma terminó cien años más tarde, en 1272. Fue testigo de numerosos acontecimientos de Francia, como el célebre casamiento entre el futuro Enrique IV y Margarita de Valois.

En dicha iglesia fue consagrado emperador Napoleón I. Hospedó los funerales de Charles de Gaulle, Georges Pompidou y François Mitterrand, presidentes de Francia. Varias reliquias son conservadas en su interior, entre las cuales se destaca la corona que llevaba Jesús antes de su crucifixión. Conserva un pedazo de madera de la cruz y un clavo. Aparentemente dichas reliquias han sido salvadas de las llamas, como también la túnica de San Luis. En cambio tres reliquias que se situaba encima de la flecha (una parte de la santa corona de espinas) han desaparecido bajo las llamas. Posee también varias campanas, la más grande se sitúa en la torre sur. Uno de los dramas del incendio es la estructura de madera, una de las más antiguas de la capital. Dicha estructura, llamada “el bosque”, venía cada una de un árbol diferente, en general robles.

Considerada el punto cero de las distancias desde París, utilizada por los cartógrafos. Sirve de referencia de partida de todas las rutas que ligan la capital con el resto de Francia, elocuente referencia que la sitúa en el corazón mismo del país. Durante la revolución francesa sufrió daños, pero en cambio no tuvo durante los dos conflictos mundiales.

Víctor Hugo, con su publicación en el año 1831, Notre-Dame de París, inmortalizó con su obra literaria y puso de relieve el monumento.

Por ahora los daños son inestimables: la estructura de madera, el techo y la flecha han sido destruidos. El incendio se desencadenó durante los trabajos de restauración de la flecha y actualmente se están haciendo investigaciones para determinar su origen. Las grandes pinturas serán restauradas en el museo del Louvre y de acuerdo al discurso del presidente de Francia Emmanuel Macron, sería el proyecto la reconstrucción de aquí al 2024, y para lograrlo se ha solicitado donaciones por parte de empresas y de un llamado a donantes del mundo entero. La técnica actual de las imágenes 3D será de una preciosa ayuda para lograrlo en un plazo que parece escaso.

Más allá del daño sufrido por un monumento emblemático que supone, para los fieles, estar más cerca de Dios y a través de sus vitrales permitir el paso de una luz vivificadora; no es sólo la feligresía católica que está en duelo, sino todo aquel que valora la estética y el valor cultural de una catedral gótica de excepción. En medio de una crisis étnico- religiosa, este incendio puede adquirir un valor metafórico de la crisis de identidad que padece Europa.

París ha sido sede los últimos años del ataque de los fundamentalismos y la mentada ilusión de Jules Ferry de integración de diferentes comunidades y religiones a través de la escuela pública, ha implosionado.

Si bien no parece que el incendio de la catedral haya sido producto de un atentado sino del azar, surge metafóricamente, la fragilidad que vive Europa actualmente, convulsionada por el Brexit, la desocupación, el resurgimiento de los extremismos de derecha, las tensiones étnico-religiosas, la deslocalización de las industrias, la situación de migraciones de poblaciones carenciadas hacia un supuesto paraíso debilitado que logra a duras penas mantener una Unión Europea sin que se incendie.

Es interesante recordar un poema de Nazim Hikmet:

Mientras aún sea tiempo

Mientras aún sea tiempo, mi rosa,

Antes que París no arda y sea destruido

Mientras que aún sea tiempo mi rosa

Mientras mi corazón está aún en la rama

Heme aquí por una noche de mayo

…..apoyándote contra un muro del quai de Voltaire

…..tengo que besarte en la boca

Y luego, mirando Notre –Dame

Debemos contemplar la rosácea,

De pronto deberás abrazarte a mí, mi rosa,

…..de miedo, de sorpresa, de alegría,

Y deberás llorar silenciosamente.

Mientras sea todavía tiempo, mi rosa,

antes que París no sea quemada y destruida…

Mientras aún sea tiempo, mi rosa,

Pueblo de París, Pueblo de París

No dejes destruir París.

Notre-Dame sobrevivió incólume a dos conflictos mundiales, París no fue destruida por los nazis. Parecería que Notre-Dame podrá renacer de sus cenizas, al menos es el deseo de muchos en el mundo. Un mundo que se debate entre la pasión de la creación y las llamas de la destrucción.

(*): Psicoanalista – Ex cónsul de Francia en Mar del Plata – Profesional y docente en París.

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